El legado de Olivier Debroise

Con una muerte prematura acaecida el pasado martes 6 de mayo, el crítico y estudioso del arte moderno y contemporáneo mexicano Olivier Debroise (Israel, 1952-Ciudad de México, 2008) deja un legado de escritos y actividades, las cuales todavía deben analizarse para ubicar su significado en la construcción y desarrollo del escenario artístico mexicano de las últimas tres décadas
Nacido en Israel, de nacionalidad francesa y radicado en nuestro país desde 1969, Debroise pertenece a la misma generación de creadores y estudiosos mexicanos que fueron educados y formados con valores propios de las utopías artísticas
Notorio desde los últimos años de la década setentera tanto por su manera de abordar la trayectoria de Diego Rivera –Diego de Montparnasse, Fondo Económica, 1979– como por su interés en investigar a creadores modernos que entonces estaban poco atendidos, como María Izquierdo (1979) y Julio Castellanos (1982), Debroise sobresalió durante los ochenta tanto por sus interpretaciones como por la diversidad de sus intereses que oscilaban entre el arte moderno y el arte emergente de México
Apasionado por la pintura y la fotografía tanto de algunos artistas muertos como de otros muy jóvenes, el estudioso y crítico de formación autodidacta atrajo por igual la atención de académicos, galeristas, funcionarios y creadores pertenecientes a su misma generación Testigo activo tanto de la gestación y maduración del arte joven mexicano –el cual se desarrolló a partir de la creación del Encuentro Nacional de Arte Joven en 1982– como de su auge comercial –con galerías como la desa-parecida Arte Contemporáneo de Benjamín Díaz y la OMR de Patricia Ortiz Monasterio y Jaime Riestra–, Debroise se integró en la escena artística convirtiéndose en uno de sus principales constructores intelectuales

Cercano por igual a creadores jóvenes, como Carla Rippey y Javier de la Garza, entre muchos otros; galeristas emergentes –Ortiz Monasterio– y funcionarias audaces con vocaciones tan diferentes, como Graciela de la Torre –directora del Museo Nacional de Arte (Munal)– y Patricia Mendoza –fundadora y directora del Centro de la Imagen dedicado a las prácticas visuales tecnológicas–, Debroise se convirtió en los ochenta y noventa en un discreto y poderoso protagonista apoyado y respetado por el poder institucional
Investigador y crítico anterior a la moda de los curadores-promotores, el estudioso realizó importantes muestras, entre las que destacan la sutil colectiva en el Museo de Arte Moderno denominada De su álbum inciertas confesiones (de 1985) –con Rippey, Nicolás Amoroso, Esteban Azamar, Julio Galán, Oliverio Hinojosa, Arturo Rivera, Saúl Villa, Nahum Zenil y Enrique Guzmán–, Modernidad y modernización en el arte mexicano (1991) y David Alfaro Siqueiros: retrato de una década (1997) en el Munal, y Corazón sangrante (1991) en el Instituto de Arte Contemporáneo de Boston
Interesado también en artistas de poéticas conceptuales nacidos en los sesenta y con investigaciones sobre la fotografía de nuestro país –Fuga mexicana, un recorrido por la fotografía en México publicado en 1994 por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes–, Debroise logró una potente expansión en el medio artístico que le permitió, en 1991, crear el proyecto Curare
Concebido como un espacio para la crítica, investigación histórica y apoyo al arte contemporáneo, Curare concretó las aptitudes integradoras del crítico francés A través de las páginas de sus órganos informativos, es fácil descubrir la cohesión de un grupo de artistas y estudiosos que, desde los noventa, han dirigido, acotado y restringido la escena del arte contemporáneo y emergente de México Entre ellos, Osvaldo Sánchez, Cuauhtémoc Medina, Itala Schmelz y James Oles (wwwlanetaapcorg/curare-indexhtml)
Nombrado hace unos años por Graciela de la Torre, actualmente directora general de Artes Visuales de la Universidad Nacional Autónoma de México, como responsable de las colecciones de arte contemporáneo de esa dirección y de la coordinación del acervo del nuevo Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), próximo a inaugurarse, Olivier Debroise deja un nuevo legado que, a manera de colección, dará luz sobre el discreto pero influyente poder que ejerció en el escenario más reciente del arte contemporáneo mexicano l

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