Flagelo inasible

En memoria de mi madre
Inmemoriales los tiempos donde el relámpago nos aterrorizaba y buscábamos refugio en cavernas; el torrente de ruidos emanado hoy por nuestras grandes ciudades nos acribilla como el picoteo brutal de una bandada de cuervos que nos persigue hasta por debajo de la almohada Moradores ajenos a nuestra interioridad somos obligados a percibir, con oídos inermes, toneladas de rumores mecánicos y descargas inauditas de amplificaciones electrónicas Se nos despoja del sueño Se nos despedaza lentamente la vida Resignados, emitimos suspiros de espanto
Para la ciencia médica los efectos de la violencia acústica en el ser humano podrían equipararse a respirar gases venenosos o a ingerir brebajes tóxicos de forma aleatoria En el decir de sus oficiantes, dicha violencia, en proporción directa al lapso de exposición e intensidad, constriñe la circulación sanguínea, es causante de fatiga crónica, produce taquicardia, dilata pupilas, secreta adrenalina y, al cabo de un tiempo, desemboca en la merma sensorial que recibe el nombre de hipoacusia Insuficientes las voces de alarma, los estragos se multiplican ¿Torpeza legislativa? ¿Omisiones burocráticas? ¿Desinformación educativa? ¿Contubernio entre hospitales y fábricas de prótesis auditivas e implantes cocleares? ¿Tendencias suicidas congénitas? Todo eso y más; la problemática reside, fundamentalmente, en la sacralización del ruido que se asocia con las manifestaciones de poder
Será preferible aceptar nuestra indefensión y rendirnos ante lo evidente: ya nadie es capaz de dudar que la referida hipoacusia se ha vuelto una compañera inseparable en el devenir del hombre “civilizado” Digámoslo en clave profética: con la sordera incrustada como un halo de hojarasca, deambularemos por las mismas acequias de asfalto que nos incitaron a abjurar de nuestra condición humana
Valga lo anterior para encender un destello de sintonía con aquellos personajes que se nos adelantaron en este sino implacable que nos deparan la industrialización y el avance tecnológico a ultranza Su ejemplo podría iluminar conciencias En su calidad de músicos padecieron en carne viva lo que significa la desconexión con el mundo audible
Desconexión que conlleva mengua perversa en el equilibrio del cuerpo, pérdida de facultades para la expresión verbal, amén de ser fuente de desajustes para el talante y la autoestima Fidedigno ensayo de muerte
Reconocido por la historia como el iniciador de la crítica musical y como teórico consumado del arte sonoro de Occidente, el hamburgués Johann Mattheson (1681-1764) abandonó su promisoria carrera de compositor en cuanto le brotaron síntomas de sordera Las causas nos son desconocidas; sin embargo, es posible acertar que el hecho de sentirse impedido para oír externamente lo que surgía desde su interior lo amargó al extremo de interrumpir de tajo su trabajo creativo Optó por dedicarse a la lectura y al estudio de la ciencia musical Su producción de hombre sano enumera sonatas, óperas,1 cantatas, un magnificat y serenatas Solamente interrumpió su silencio en el lecho mortuorio Compuso para sí mismo un oratorio fúnebre titulado Das frohliche Sterbelied (La jubilosa canción de la muerte), en el que plasmó su ansia por el reposo eterno Dignas de mención fueron sus correrías juveniles con Gëorg Friedrich Händel, a quien le consiguió un puesto de violín segundo en la ópera de Hamburgo y a quien retó a duelo por un choque de egos2 De ese encontronazo, Händel salió ileso gracias a que la única estocada que hubiera podido atravesarlo se incrustó en un botón de su casaca Encomiable fue la exitosa lucha que Mattheson sostuvo para que las voces femeninas fueran admitidas en los servicios musicales de la Iglesia luterana De su pluma proviene el primer testimonio escrito sobre la trascendencia de la obra de Johann Sebastian Bach
Hijo de un artesano inglés que amaba la música, William Boyce (1711-1779) fue una víctima que no se arredró frente a los embates de la sordera Tiranizado por ella en plena madurez existencial y expulsado de sus puestos de organista en varias iglesias de Londres, Boyce siguió componiendo a despecho de su mutilación invisible Sus obras son espejo de templanza anímica y revelan una manufactura impecable3 No es gratuito que Inglaterra lo considere como el músico más destacado de su siglo XVIII No le resta méritos que la posteridad haya sepultado su nombre El eminente sordo renunció por voluntad propia a la enseñanza emigrando hacia la campiña británica, donde esperaba asilarse de los ruidos urbanos que no le daban tregua Ni la placidez rural ni la impericia médica de la época consiguieron aliviarlo Podemos especular que las horas de infancia transcurridas en el taller paterno, abigarrado de yunques, martillos y sierras, pudieron ser un factor desencadenante en la tragedia íntima que se cerniría años después
Espacio privilegiado en la literatura y la cinematografía, la epopeya personal del hijo predilecto de Bonn (1770-1827) no requiere crónicas adicionales Sus propias palabras ilustran el abatimiento del héroe romántico que vive en pie de lucha frente a los designios del destino: “Año con año las esperanzas de aliviarme se han desvanecido gradualmente… Si aparezco en compañía, me domina una ansiedad hirviente, un miedo de saber que estoy corriendo el riesgo de que se enteren de mi condición… ¡Que humillado me siento si alguien a mi derredor oye una flauta y yo no escucho nada…! Fui forzado a aislarme, fui malinterpretado y rudamente repelido al ser incapaz de decirle a la gente: ¡Hable más fuerte, grite, estoy sordo!” (Ludwig van Beethoven en la carta para sus hermanos, mejor conocida como testamento de Heiligenstadt, 1802)
Al padre del nacionalismo musical de la antigua Bohemia tampoco le fue concedido un lecho de rosas para sobrellevar sus penurias Con una fallida trayectoria de pianista virtuoso y con un escamoteado reconocimiento gremial, Bedrich Smetana (1824-1884) padeció la indescriptible tortura que lleva el apelativo científico de tinnitus Esta suerte de silbido que enloquece condujo a Smetana a intentar una conjura temporal a través de la composición Desobedeciendo las órdenes de su médico, quien le había proscrito cualquier intento compositivo, el atormentado bohemio nos dejó un conmovedor retrato sonoro de las turbulencias sicológicas que enfrentó en el ocaso de su existencia En el movimiento conclusivo (vivace) de su cuarteto de cuerdas intitulado De mi vida, podemos escuchar, en su descarnada incisividad, el flagelo auditivo que no se aparta un segundo, que ronda como mastín hambriento por las ciénagas de la razón, que pulula los sueños y corroe las entrañas… asemeja al canto de un grillo que se niega a sucumbir dentro de una prisión inasible; es un crujir que oscila inicuamente entre los muros de una conciencia hecha de escarcha; es una nota sobreaguda que perfora la oscuridad y orada la vigilia Con su crepitar desquiciado, nos convida a repoblar nuestro frágil reino auditivo Con su obstinación de taladro, nos invita a salir de nuestras cavernas de cristal para volver a asombrarnos de la majestuosa sonoridad de un trueno l
1 Se recomienda la audición de su obertura para Los secretos
de Enrique IV, rey de Castilla y León
2 La aventura tragicómica de ambos al solicitar empleo
en Lübeck amerita ser detallada de manera más amplia
3 Se sugiere la escucha de cualquiera de sus ocho sinfonías
escritas conforme al molde primitivo italiano (Proceso 1639)

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