El desmantelamiento del premio INBA-UAM

Parece mentira el triste papel jugado por la coordinación nacional de danza del INBA durante el tradicional premio INBA-UAM
Con varios años tras del escritorio en lugar de estar haciendo coreografías, Marco Antonio Silva, su titular, una vez más hizo patente que el área a su cargo navega en aguas perdidas y que al INBA no le interesa, en lo más mínimo, hacer del más importante premio de coreografía una plataforma para que los jóvenes creadores y artistas de peso completo logren proyectar su trabajo de manera sólida y ascendente
Y mientras que en sus primeros años el llamado “premio” por los coreógrafos era una prueba de fuego para medirse y someterse a la escrupulosa evaluación de sus propios compañeros, ahora parece una reunión sin ningún equilibrio donde todo se dirige hacia el caos
De entrada, ya sería hora de que las autoridades dieran cuenta de cuáles son los criterios de preselección de los participantes y quién o quiénes la llevaron a cabo A esto se une una supuesta –torpe y subterránea– forma numérica de evaluar los trabajos artísticos Como si la suma de las partes fuera el todo Así que se puede tener un 3 en iluminación y un 2 en interpretación y absurdos de ese tipo Los criterios de las decisiones finales siguen siendo una incógnita
Convencido de que hay que desprofesionalizar a la danza, Silva convocó a cinco jurados a evaluar los montajes, y por supuesto no les pagó Anteriormente se consideraba que el ser jurado era un trabajo profesional y requería de un enorme esfuerzo y trabajo Silva afirma que los jurados deben entender que es “un honor” serlo Y con semejante sofisma se evita pagar los 30 y hasta 40 mil pesos que se solían otorgar anteriormente
A esto se une que, sin tener derecho a hacerlo, él mismo participó activamente en varias de las reuniones de los jurados y les planteó sus ideas Esto es un acto inaceptable de un funcionario, es claro que no se puede ser juez y parte
Al desastre se le agregó la presencia de cuando menos dos docenas de fotógrafos que con permiso de Silva asistieron a las funciones a tomar fotos, algunos incluso con flash Hasta el más iletrado de los promotores sabe que durante una función no puede haber “clicks” ni flashazos, porque molestan al público y a los propios bailarines
Pero los fotógrafos se protegieron con una explicación muy sencilla: La Coordinación Nacional de Danza sólo otorga 50 minutos a los grupos para que monten su obra y la ensayen Durante ese tiempo los fotógrafos no logran obtener la imagen precisa Cincuenta minutos son nada para montar y ensayar una obra en un concurso profesional Los coreógrafos deberían ser más serios para plantear sus necesidades técnicas reales y no salir a bailar como si se tratara de “un palomazo”
Si esto no fuera suficiente, también se permitió el acceso a niños menores de seis años, incluso a bebés
Interpretada en total silencio, la pieza de Leticia Alvarado fue interrumpida por un niño que gritaba “¡agua!, ¡mamá!, ¡papá!” Sus gritos causaron hilaridad al público y tiraron por la borda el esfuerzo de Alvarado
Si la idea de Marco Antonio Silva es desmantelar el principal premio nacional de coreografía, lo ha estado haciendo muy bien No es talento coreográfico lo que falta en México, lo que se requiere es seriedad y rigor del gobierno para entender lo que bailarines y coreógrafos necesitan para hacer mejor su trabajo No hay falta de talento, hay falta de seriedad del INBA y la UAM, que organizan el premio como si fuera concurso de feria
Pese a todo, lograron sobresalir las piezas de Leticia Alvarado, Rafael Rosales y Alejandro Chávez, así como las interpretaciones de Miguel Ángel Díaz, Jorge Cerecero y Zahaira Cruz

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