Se Mutiló la historia de México

La destrucción del edificio de Regina 97, en pleno Centro Histórico, que ha indignado a los especialistas y del cual la llamada “Autoridad”, Alejandra Moreno Toscano, justificó, formaba parte del Convento de los Camilos, si bien antes fue la Casa de Calderas Una documentada investigación sobre el inmueble la ofrece aquí su autora Mónica Verdugo
Era mucho más que piedras Para la historiadora Mónica Verdugo, el edificio de Regina 97 –que en menos de una semana fue reducido a polvo, para albergar en su terreno una plaza de vendedores ambulantes– era un auténtico documento histórico mediante el cual se podía estudiar no sólo la vida de las clases medias novohispanas, sino el transcurrir de México a la modernidad
Proceso testimonió el hecho hace dos semanas
Todavía entre atónita e indignada por su destrucción, que le significa la mutilación de una parte de la historia del país que venía siguiendo, pide que ya no se le nombre más como el inmueble de Regina 97 que fue demolido en el Centro Histórico:

“Tiene un rostro y tiene un nombre: Se llama Casa de Calderas Y tiene historia, fue parte de un conjunto, aunque se le está manejando de manera aislada como a un simple edificio que ya estaba en malas condiciones”
Verdugo realizó la tesis Usos y ocupaciones a través del tiempo del conjunto conocido como Exconvento de los Padres Camilos (1754-2004), para obtener el grado de maestra en historia por la Universidad Iberoamericana, en mayo de 2006
Según su investigación, la Casa de Calderas perteneció a un conjunto más amplio que fue convento de la orden de los Camilos, creada en Italia durante el siglo XVI por Camilo de Lelis para ayudar a los enfermos a “bien morir”, mediante la lectura de los ars moriendi La agrupación religiosa fue la última en ingresar, hacia finales de 1755, al territorio novohispano y logró además permiso de la corona para establecer un convento, cuando “se estaba limitando el crecimiento e ingreso a la Nueva España de las órdenes regulares”
En entrevista con Proceso la historiadora cuenta que inicialmente pretendía hacer un estudio sobre la orden religiosa, pero se considera una temática “pasada de moda”, pues ahora el objetivo debe explicar desde el presente los cambios sociales, por lo cual decidió buscar otro enfoque con el cual pudiera dar cuenta del tránsito de México hacia la modernidad
Su aproximación al conjunto arquitectónico le dio el empuje final Ubicado en la manzana formada por las calles de Regina, Correo Mayor y San Jerónimo, no sólo era singular por tratarse de un monumento histórico construido en el siglo XVIII que, aunque con cierto grado de deterioro y ciertos cambios, conservaba la estructura arquitectónica original, sus diversas ocupaciones a lo largo de poco más de cuatro siglos permitía conocer las formas de vida de la sociedad de cada época, así como sus redes de relaciones económicas, políticas, religiosas y sociales
Desde 1754 hasta la fecha, el conjunto tuvo varias ocupaciones Las más importantes para la historiadora son: Casa de Calderas, Convento del Sagrado Corazón de Jesús y San Camilo de Lelis, juego de pelota de San Camilo, sede de la agrupación de colonos para las Californias, cuartel de soldados, baños para caballos de San Camilo, Seminario Conciliar Tridentino de México, Cerería de San Camilo, teatro Ángela Peralta y Escuela Secundaria Diurna No 1 César A Ruiz
“La propia construcción virreinal subsistente –dice en la introducción de su tesis– se había constituido en mi ‘texto social’, su configuración arquitectónica y distribución espacial eran representaciones visibles de estructuras sociales específicas Ahí se hallaban reproducidas en pequeña escala las relaciones del conjunto de la sociedad Por tanto, podía utilizar las formas espaciales como ámbitos de certeza donde poder cotejar o incluso complementar los datos concretos obtenidos en diversos textos”
La historiadora, egresada de la licenciatura en etnohistoria en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), decidió enfocar su estudio a cinco de las ocupaciones: la Casa de Calderas, por tratarse de un ejemplo típico de una casa de nivel medio del siglo XVIII; el Convento de los Camilos, como la última muestra de espacio conventual en el México Virreinal, que incluía ocupaciones simultáneas como el juego de pelota vasca, los baños y la cerería
Luego el Seminario Conciliar, cuya historia es peculiar porque compartió los espacios con los jesuitas que permanecían clandestinamente en territorio virreinal, aunque habían sido expulsados, y con los Camilos, que se rehusaban abandonar el edificio Fue también la primera sede del teatro Ángela Peralta, ejemplo de un teatro de barrio como una nueva “diversión ilustrada”
Y, por último, la escuela secundaria, la primera establecida a nivel federal en el país hacia las primeras décadas del siglo XX, cuando ya se estaba consolidando el Estado moderno y el paradigma educativo estatal por encima del religioso tradicional Para su creación se envió a capacitar a Estados Unidos a un grupo de profesores encabezados por César A Ruiz, y se trataba de instaurar la educación media, pues antes el tránsito de la primaria a la preparatoria era directo
El edificio donde se alberga la secundaria fundada en el gobierno del presidente Plutarco Elías Calles se conserva aún, aunque su fisonomía cambió desde la época colonial Indica la historiadora que algunas partes fueron derruidas para construir laboratorios y baños, en una época en la que si bien los seminaristas habían tenido baños con regaderas, había nuevos conceptos de higiene
También se le destruyó, precisa la historiadora, la fachada original que tuvo el convento de San Camilo, que era como se puede apreciar aún en las fachadas del inmueble que dan hacia la calle de San Jerónimo Para la nueva fachada, más monumental que la anterior, se mandó traer piedra de Carrara, Italia
Lo más antiguo
La Casa de Calderas, destruida a finales de octubre pasado (Proceso 1624), era, según ha podido investigar la historiadora, la parte más antigua del conjunto De hecho, los padres Camilos llegaron a albergarse ahí mientras les construían el convento Se conocía como tal debido a que su propietario era Manuel de Calderas, un rico español que poseía otros inmuebles, todos en el mismo barrio, llamado de San Pablo, que entonces se ubicaba en los límites de la ciudad novohispana
El predio tenía registro en los censos de Cabildo desde 1692 cuando De Calderas reedificó dos casas que había adquirido de Phelipe de Santiago La estructura que el nuevo propietario dio a la casa está descrita en documentos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), que mediante el oficio 401-22-D1342 negó tajantemente la autorización para demoler el inmueble, solicitada por el arquitecto Miguel García Cota, supervisor de Obras Especiales del Gobierno del Distrito Federal
Pero aún en el Archivo de Notarías de la Ciudad de México, en un documento de 1748 consultado por la historiadora, se daba también la descripción Para la investigadora su arquitectura estaba inspirada en el modelo de “par de casas”, aunque el muro que dividía las dos casas ya no existía Contaba con accesorias donde su dueño había instalado una pulquería Las partes bajas y el entrepiso se rentaban como viviendas de alquiler, por lo cual se le conocía en la época como casa de vecindad, y en el piso superior, habitaban don Manuel Calderas, su esposa María de Viveros y sus hijos Joseph, Joaquín, Antonia, Ana María y Gertrudis, además de sirvientes y esclavos
Era, agrega, una casa sencilla, pues las clases medias no estaban obligadas a representar su rango o jerarquía social, por lo cual sus casas, a diferencia de las señoriales, podían ser más cómodas, funcionales e incluso de interés comercial Sin embargo, el hecho de que esta casa no fuera una mansión señorial o ejemplo monumental de la arquitectura de las cortes que reinaban en la Nueva España, no le quita su importancia Por el contrario para la investigadora era un espacio que permitía conocer cómo vivieron las clases medias en la Colonia:
“Esta Casa de Calderas alude a esa sociedad que no obstante ser piramidal, sacralizada, monolítica, era una sociedad colorida, mestiza, donde nunca se respetó la división entre República de Indios y República de Españoles, y donde no había vida privada”
Así lo ha señalado también el antropólogo Bolfy Cottom (Proceso 1624) al señalar que en el patrimonio no hay bienes emblemáticos, “todo tiene valor” El también especialista en legislación ha dicho que el Gobierno del Distrito Federal está obligado a reconstruir el edificio porque así lo marca la ley Para la historia debiera hacerse además porque el conjunto de los Camilos, con su Casa de Calderas, es uno de los pocos que cuenta “nítidamente” los cambios sociales en México
Denuncias
Vía telefónica Benito Taibo, coordinador de Difusión Cultural del INAH, informa que se ha presentado ante la Procuraduría General de la República la denuncia de hechos, “contra quien resulte responsable por la destrucción del patrimonio histórico y cultural en el Centro Histórico”
Como lo señaló Proceso hace un par de semanas, la Casa de Calderas (Regina 97) no fue el único edificio histórico demolido para ser ocupado por vendedores ambulantes Taibo precisa que se hicieron tres denuncias ante el Ministerio Público, por los inmuebles que se ubicaban en República de Argentina 95-A y 75; Meave 9, 9A, 11, 11A, 13, y 13A; Manzanares 18; República de El Salvador 184; Plaza Santísima 5; Plaza del Estudiante 20; Mesones 27; y Regina 97, construidos entre los siglos XVII y XIX
Para las dos primeras, levantadas el 21 de noviembre pasado, se abrieron las averiguaciones previas 227/UEIDAPL/LE/1/2007 y 228/UEIDAPLE/LE/14/2007, radicadas en las mesas 1 y 14, respectivamente, en la Unidad Especializada en Investigación de Delitos contra el Ambiente y Previstos en Leyes Específicas En este caso la Ley Federal de Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos de 1972
Con fecha 3 de diciembre se presentó la otra denuncia que incluye el inmueble de Regina 97 y se encuentra pendiente de erradicación, por lo cual el INAH no tiene aún el número de averiguación previa
Taibo subraya que se hicieron “contra quien resulte responsable” y aclara que se mantiene una mesa permanente de trabajo con las autoridades del Gobierno de la Ciudad de México, que expropio los inmuebles, “para que no vuelva a suceder algo así Tenemos la mejor disposición, igual que ellos, entonces estamos trabajando para que no haya más daño a nuestro patrimonio”
–Pese a esa mesa de trabajo conjunto, ¿nunca vieron venir la destrucción?
–Nunca se dio la autorización para la demolición de los inmuebles
En efecto, el oficio 401-22-D1342 arriba citado niega la autorización a las autoridades del Distrito Federal
“Por eso –añade Taibo– estamos haciendo la denuncia contra quien resulte responsable”
–El hecho de que fue el Gobierno de la Ciudad de México el que pidió la autorización, negada por ustedes, ¿no implica que es el responsable?
–Muchas veces se utilizan terceros, compañías, por eso no hicimos las denuncias ni contra personas ni contra instituciones Puede ser que una compañía constructora, o destructora, haya sido la que lo hizo
Argumenta que el “contra quien resulte” es la formula legal, y agrega:
“Es importante puntualizar que no queremos abonar en la diferencia, sino encontrar los puntos de coincidencia, es muy importante Hay que decir que en algunos de los casos, los edificios estaban absolutamente destruidos por dentro e incluso, algunos de ellos –en este momento no puedo precisar cuáles– eran un peligro para los propios inmuebles aledaños En estos casos hay que tener cierta perspectiva, si un edificio por más histórico que sea se convierte en un peligro de seguridad pública para los edificios aledaños y las personas que ahí viven, bueno, en algunos casos procede el trabajo y consolidación del inmueble, en otros es inevitable su demolición”
El caso de Regina 97 (Casa de Calderas) es particularmente dramático, pues no sólo no estaba en riesgo de colapso, su propietario Emiliano Reyes Martínez estaba dispuesto a restaurarlo y mantenerlo con su arquitectura original, y ya se había acercado con ese fin a especialistas en restauración y al propio INAH Además, estaba amparado contra la expropiación del Gobierno del DF
“Lo lamentamos enormemente”, dice Taibo, pero añade también que aun cuando se restituyera, no será ya nunca lo que fue:
“Vamos a decirlo: en el patrimonio arqueológico e histórico no hay manera de restituir, son bienes no renovables, si se destruye algo es imposible recuperar Restituir significa hacer una copia del inmueble, más bien hay que abonar para intentar que no nos vuelva a suceder ni en el Distrito Federal ni en ninguna otra parte de la República”
–Pero la ley sí prevé la restitución, aunque sea una réplica
–Es un problema subjetivo: vamos a tener la copia de una fachada, no sé qué valor histórico le podamos ver No estoy diciendo que no sea buena idea, sino que no son bienes renovables, entonces lo que debemos es tener mucho más cuidado, nuestra misión es la protección de este patrimonio y hacemos todo lo que está en nuestras manos, como son estas denuncias
–¿Y que responde el INAH a las críticas en el sentido de que está sentado detrás del escritorio diciendo si aprueba o no los proyectos, cuando debería ser más activo?
–Por eso se realizan estas mesas de trabajo y se hacen in situ Puedo contarte que durante todo el tiempo que se hicieron las obras en República de El Salvador, estuvimos mano a mano con el Gobierno del DF y cada vez que se encontraba algún vestigio arqueológico o colonial se detenían, se consolidaba y se protegía Eso no es estar detrás de un escritorio, estábamos ahí, tenemos una participación activa Constantemente los supervisores de la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos están en los lugares observando y poniendo cierto orden, aplicando la ley federal de zonas

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