De lejano cielo…

Narra la leyenda que una noche a bordo del ferrocarril, Manuel María Ponce quedó absorto en la contemplación de una estrella Era tan hermosa que su inspiración melódica, atizada por sus dolencias amorosas, se puso en marcha de inmediato El ilustre zacatecano, cuyo 60 aniversario luctuoso se conmemora en este 2008, iba en camino de su adoptiva Aguascalientes hacia la Ciudad de México sin imaginar siquiera que los pensamientos musicales suscitados por aquella visión celestial habrían de darle la vuelta al mundo
Tampoco le pasó por la cabeza que hubiera sido prudente registrar la obra que conocemos con el nombre de Estrellita, para evitar piraterías y garantizarse la tutela de sus derechos autorales De haberlo previsto se habría convertido en un hombre acaudalado Nada de eso; Ponce fue un idealista que ofrendó su vida a la música sin preocuparse demasiado por las repercusiones materiales de sus quehaceres
Su ofrenda existencial se prodigó en múltiples ámbitos: en la composición, en el magisterio, en la ejecución pianística, en el estudio sistemático de la música autóctona y en la divulgación de la cultura concebida como el medio ideal para socavar los cimientos de aquella oligarquía que ha expoliado ad infinitum a la nación En ese sentido hay que recordar su militancia en el Ateneo de la Juventud al lado de José Vasconcelos, Diego Rivera y Alfonso Reyes, y que fundó en 1919 la Revista Musical de México, publicación pionera en nuestro país
Además, fue ejemplar su preocupación por la niñez En aras de su bienestar espiritual llegó a fungir como inspector de jardines de infancia, para los que ofreció conciertos a granel y realizó una enorme cantidad de composiciones originales y de arreglos de música apta para su desarrollo No eludió la brega institucional enfrentándose a los meandros de la dirección del Conservatorio y ejerciendo como conductor de la embrionaria Sinfónica de México
Pero más allá de sus ideales artísticos, hay que enfatizar una actitud sabia hacia las fracturas de identidad que se derivan de nuestra pugna contra los orígenes No es fortuito que haya escrito, dentro de sus Instantáneas mexicanas para orquesta, un Canto a la Malinche En otras palabras, Ponce supo convivir con su ser mestizo y lo expresó a plenitud en su obra En ella palpita la mexicanidad en sincronía afectiva con los moldes y las modas europeas
¿Quién ignora que la configuración de la personalidad es asunto de rupturas y desasosiegos que provocarán críticas y crisis? Ya sea en el ring hogareño o en las arenas de la vida pública, la emancipación personal engendra revuelos cuando trata de conciliar herencia y destino sin que el empuje de autoinventarse quede confinado Pocos como don Manuel para dar fe de ello No solamente hubo de pelear por su sitio como último hijo dentro de un universo familiar con 12 hermanos, sino que, una vez reveladas sus dotes musicales, despertó el resentimiento de apocados y la envidia de mediocres Uno de éstos llegó a decir que su música “apestaba a guarache y pulque” No sería del todo peregrino considerar que su precocidad, anunciada con sus primeras composiciones hechas a los seis años (1), tuviera que ver con un afán inconsciente para granjearse algo de atención paterna Convendría recordar que la genialidad mozartiana se manifestó en los pentagramas tan sólo un año antes que la de nuestro compatriota La diferencia primordial estriba en que Wolfgang Amadeus sí contó con la dedicación absoluta de su padre…
Antes de abandonar este temerario paralelismo, habría que detenerse un poco más en las similitudes para poder reflexionar en cuanto a sus desemejanzas Ni al papá de La flauta mágica ni al autor de la Suite Merlín se les puede considerar como verdaderos innovadores, ya que en rigor se concretaron a abrevar en las formas y los lenguajes armónicos en boga llevándolos a niveles de maestría nunca antes alcanzados Lo anterior es particularmente cierto con respecto al trabajo que hizo Ponce con la canción popular mexicana Ambos hubieron de emigrar hacia sus respectivas capitales –Viena y Distrito Federal– en busca de mejores aires para su desenvolvimiento artístico, pero, antes de eso, habían escogido a Bolonia como la ciudad perfecta para consolidar sus estudios musicales Mozart con el padre Martín y Ponce con los maestros Dall´Olio y Torchi
La producción musical de los dos es copiosa hasta el asombro, si bien las obras de nuestro prócer, quien no escribió sinfonías y dejó inconclusa una ópera (2), son de menor extensión: 626 de Mozart y 464 ca(3) del oriundo de Fresnillo Con referencia a la copiosidad y a manera de paréntesis, sería ilustrativo mencionar que la obra completa de Ravel, por ejemplo, consta de 62 composiciones, o que aquella de Debussy es de 121 Tanto Mozart como Ponce tuvieron que sortear el amor-odio junto al estreñimiento creativo de sus respectivos Salieris (4) Por razones de espacio, será necesario aplazar el esclarecimiento de lo expuesto en este texto; baste con referir que el músico en entredicho declaró de quien fuera su propio maestro: “Ponce no es más que el autor de piezas de género chico con gusto anacrónico…”
Hagamos de un lado anacronismos y ahondemos en las diferencias: ¿Por qué en México se otorga una medalla Mozart y no una Ponce? ¿Tendrán que acuñarla los austriacos? ¿Por qué todas las moradas en donde habitó Wolfgang Amadeus ostentan banderas y placas, amén de recaudar miles de euros a la semana por su ingreso, y en cambio la última casa donde habitó Manuel María (5) fue enajenada para convertirla en oficinas? ¿Por qué la editorial Breitkopf und Härtel sí se echó a cuestas la edición integral de las obras mozartianas mientras que las Ediciones Mexicanas de Música únicamente han logrado publicar una sola obra ponciana? ¿Por qué no ha aparecido en México un investigador de la talla del señor Köchel que catalogue, como se hizo con Mozart, la obra de Ponce? ¿Por qué las compañías Philipps y Brilliant se han empeñado en difundir la obra omnia del sumo europeo mientras que las disqueras mexicanas dan coletazos y subsisten escamoteando a los artistas nacionales? ¿Por qué no podemos pasear por el bosque de Chapoltépec degustando las caricias sonoras del poema sinfónico homónimo mientras paladeamos un chocólatl que presuma la efigie de este músico que tiene todos los méritos para dejar de ser un famoso desconocido? Las respuestas tienen la contundencia de nuestros complejos Vivimos con el rostro desmoronado por la incredulidad y el corazón amordazado por la desmemoria
Remontémonos a 1923 Es el año de la primera visita a México de Andrés Segovia A partir de ahí comienza la fructífera colaboración entre el guitarrista español y Ponce Segovia, una vez cautivado por el Concierto del sur que Ponce escribe para él, le sugiere que componga un gran concierto para violín y le ofrece conseguirle a Jascha Heifetz para que lo estrene, empero don Manuel ya había comenzado a cocinar la idea con la ayuda de un joven violinista polaco exiliado en México, y no sabe de deslealtades Segovia insiste: “No se lo des a ese chaval, tú necesitas el empujón de una superestrella como Heifetz…”
Coda El concierto en disputa fue obsequiado en agradecimiento a Henryk Szeryng, quien realizó su estreno mundial el 20 de agosto de 1943 en el teatro de las Bellas Artes El director de la orquesta fue el omnipresente Salieri mexicano, de quien Segovia ya había alertado: “… A ver con qué argucias sale esta vez para fastidiarte y favorecerse” No obstante la indiscutible calidad de la obra en cuestión Heifetz, enfermo de soberbia, nunca se dignó ejecutarla Aunque, curiosamente, sí cobró exorbitantes regalías por su transcripción de My little star gracias a las implacables gestiones de la editorial del norteamericano Carl Fischer En el concierto para violín, especie de testamento musical de Ponce, resuena la metamorfosis de aquel tema concebido al añorado vaivén del ferrocarril bajo el embrujo de un cielo pletórico de estrellas l
1 Se sugiere la audición de la sorprendente Polka, que quedó consignada como uno de sus primeros intentos compositivos
2 Se trata de El patio florido, concebida en dos actos y sobre un libreto de Carlos González Peña
3 En esta cifra se cuenta por separado cada una de las obras que componen un ciclo o una colección y no es de excluir que el número pueda todavía incrementarse
4 El Salieri mexicano al que se alude no es otro que el autócrata que compuso e, inclusive en esto abundan las dudas, la Sinfonía India Hay quien sostiene que fue un plagio perpetrado contra Candelario Huízar
5 Estaba situada en la calle de Acordada n° 47 de la colonia San José Insurgentes del Distrito Federal

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