Que nadie duerma…

Aunque emane de ella, una voz es más que una persona; es algo inaferrable que se sostiene en el aire contradiciendo la solidez del mundo Valga esta aseveración para traer a cuento a un personaje que, con la inmaterialidad de su canto, concitó admiraciones y destrabó prejuicios Se trata de Luciano Pavarotti, cuyo nombre era ya legendario aun antes del abandono definitivo de los escenarios de la vida material
Resultaría fútil mencionar sus portentos vocales si no se indaga –por escurridizo que esto sea– en los misterios que encierra el alma humana ¿Por qué se agitan sus pasiones y qué es lo que serena sus angustias? ¿Cuál es el ingrediente sonoro que activa sus filias y segrega sus fobias?
En sus Lecciones de estética, G W F Hegel sugiere que el alma, gracias a la música, se eleva por encima del sujeto y crea regiones donde, ya libre de congojas, puede refugiarse sin obstáculos en el sentimiento puro de sí misma Es la música pues, según el postulado hegeliano, aquello que mejor se presta para promover el deleite anímico; es el arte sonoro aquello que propicia el reencuentro del espíritu con sus aspiraciones más altas Por lo tanto y siguiendo este razonamiento, al transmisor de la sustancia musical debe colocársele en una categoría aparte Debe pertenecer a un linaje que lo relaciona con el chamán y el demiurgo Y es ahí, en un limbo mítico, donde hay que situar a los grandes intérpretes de la música cuya función, a la manera de oficiantes de ritos primigenios, adquiere una índole sobrehumana que deriva de universos inalcanzables para la razón pura
Solamente así nos es dado aproximarnos al fenómeno que ejerce la voz humana en el imaginario colectivo No hay manera de entenderlo, hay que observarlo a través del prisma de los sentimientos Bien lo sabían los antiguos mexicanos para quienes la flor y el canto eran el vehículo idóneo para trascender los grilletes de la existencia terrenal Y bien lo sabemos todos: el acto de cantar restaña heridas y templa voluntades
Es más, el canto comunitario fomenta la cohesión de la vida social que puede atenuar, en su atemporalidad, el sentimiento trágico de la vida No fue un simple capricho de la realeza haber contratado al celebre castrado Farinelli para el suministro de fármacos musicales que mitigaran las depresiones continuas del rey Felipe V de España Tampoco fue casual que el tenor José Mojica haya provocado la hemiplejía de María Grever cuando ésta lo escuchó cantar una de sus creaciones en el Carnegie Hall de Nueva York Y, ¿qué decir de las reacciones masivas que se suscitan en los conciertos de las estrellas pop donde se asiste a verdaderas ceremonias mediáticas que, con sus excesos, quisieran rescatar el “yo” que se ha perturbado en la dimensión comunitaria? ¿No hubo de presentarse en la plaza de toros y para regocijo de una mexicanidad perpleja el inolvidable Enrico Caruso?
Es inútil contradecirlo: el cantante, por dotado o limitado que sea, se sabe ungido por los dioses y aspira a vivir en un olimpo diseñado según sus propias especificaciones Dueño del mundo, demanda pleitesía y el acceso a los placeres que están vedados para los mortales sin atributos No obstante su desbordada humanidad, Luciano Pavarotti fue contratado para personificar a un adonis contemporáneo El coqueteo cinematográfico tuvo nombre y fue perpetrado en 1982 bajo el título de Yes, Giorgio Empero, su fama de hombre público no sufrió mella y el desliz fílmico pasó inobservado Sus proezas vocales conmovieron a media humanidad y sus poderosos sobreagudos quedarán asentados en un catálogo virtual de maravillas El libro de récords Guiness dice que ha sido el artista que más veces hubo de reaparecer en el escenario para recibir, en una sola función, el aplauso de un público enardecido Su legado discográfico es, así mismo, superlativo Pero, por encima de sus excesos –hay constancia de que podía, en una sentada, deglutir un kilo entero de caviar–, resalta un aspecto de su personalidad que merece reconocimiento pleno: supo solidarizarse con los desposeídos y en especial con la infancia
En ese sentido, organizó múltiples conciertos que recaudaron cifras millonarias para la organización internacional War Child, que no se ha cansado aún de levantar la voz para gritarle a una humanidad sorda que uno de cada 10 soldados es niño y que su número asciende a más de 300 mil unidades Esta serie de conciertos –The Luciano Pavarotti & Friends– desfondó las celdas de aislamiento donde han morado las celebridades de géneros musicales en antagonismo contiguo para ejemplo de un mundo necesitado, cada vez más, de trascender su presente y de asegurar su incierto devenir
Navegante experimentado en las aguas torrenciales del espectáculo, el tenor modenés nos llama desde la otra orilla para que sea su canto aquel que amaine los oleajes violentos de las almas que penan Su voz, fagocitando a su persona, requiere de silencio absoluto e impone que se enciendan los cirios ¡Que resuene el aria! (*) Puccini aguarda ¡Es justo ceder el sueño…! l
(*) Aria “Nessun dorma” de la ópéra Turandot, de Giácomo Puccini El correo del autor de este artículo es samaych@hotmailcom

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