“El búfalo de la noche”

¿Hay en la vida de cada persona un búfalo en la noche, una presencia nocturna que en realidad no es sino una parte de nuestro propio interior, quizá desde la conciencia, o mejor dicho, desde la inconsciencia, desde el subconsciente?
La intranquilidad e inestabilidad emocionales pueden, con intensidad, provocar (si bien existiesen, además, antecedentes propiciatorios) estados mentales diversos y adversos
Así, en los caminos oscuros en las noches de Gregorio, novio de Tania, éste se halla transgredido por el búfalo de sus sensaciones mentales Tal ocurre en El búfalo de la noche
Con un guión de Guillermo Arriaga (Amores perros, 21 gramos, Babel…), el cineasta Jorge Hernández dirige ahora El búfalo de la noche, película que se encuentra actualmente en varias salas de la Ciudad de México y otras del país

En esta ocasión, El búfalo de la noche parece ratificar ciertas líneas estratégicas de aplicación musical, líneas que no constituyen sino fórmulas solventes –seguras– que, a estas alturas, vienen situándose en una suerte de arquetipo en tanto, por ejemplo, es reiterada la utilización del silencio como relevante fuerza dramática
Así es En ese sentido, una referencia cerca es el tratamiento musical en la película Babel, del realizador Alejandro González Iñárritu En ella, la sustancia del discurso musical transcurre desde los lenguajes e instrumentos habituales del rock
Así mismo, se vuelve relevante, casi protagónico, el silencio y sus maneras de aparición
En El búfalo de la noche las similitudes del uso musical –incluido el silencio– respecto del ejemplo citado, se hacen sorprendentes, lo cual proviene, seguramente, del oficio y complicidad imaginativa de la trilogía guionista-director-compositor
Para el caso, el trabajo de creación musical fue comisionado a Omar Rodríguez-López (e interpretado por The Mars Volta), quien ha dejado patente una visión certera de las necesidades musicales de la cinta, por ejemplo, al dar espacio propio, llano, a muchas de las escenas, pues de haberlas fondeado, la emotividad dramática de los personajes habría sido contaminada
De tal modo, la música de Rodríguez-López para la película dirigida por Hernández Aldana es un trabajo cauteloso, hasta cierto punto recatado, y sin embargo y al mismo tiempo con soltura imaginativa
Desde los créditos correspondientes al inicio de la película, la batería, el bajo eléctrico y la guitarra también eléctrica (con un procesador para distorsionar su sonido original), sitúan al espectador en el contexto emocional general Este primer pasaje continúa para enlazar con la escena primera
Es posible decir que se percibe un hilo conductor al interior de la música a lo largo de la película Además de los recursos instrumentales seleccionados, tal parámetro de continuidad se encuentra con claridad en la confección de una música de tensiones que ubica entonces un discurso, digamos, paralelo al discurso dramático de los personajes principales (Gregorio, Manuel y Tania)
Si bien los sonidos de la guitarra están determinados en el marco de su papel protagónico, el aderezo de eventuales pantallas sonoras (por otros medios electrónicos) mantiene un equilibrio en la balanza de los sonidos musicales en general
Este uso de pantallas sonoras estimula sutilmente una intensidad mayor en la carga dramática de las escenas
Sólo al final de la película, durante los créditos, y como si fuera la moraleja, aunque en realidad se trata de una recapitulación o síntesis de la historia, el tema compuesto por Aleks Syntek, El lado oscuro del amor, interpretado en la voz por Alejandro Fernández, aparece l

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