“Anna Karenina”

El triángulo amoroso, el sexo, la culpa… son los elementos en los que el coreógrafo ruso Boris Eifman se apoyó para crear su ballet Anna Karenina, presentado en el Palacio de Bellas Artes con éxito incuestionable
La novela de Leon Tolstoi (1828-1910) es extensa y polifacética, y busca reflejar críticamente a la Rusia del siglo XIX La coreografía de Eifman es a su vez una versión libre de índole psicologista que remarca la fuerza de un amor pasional que se abre paso de forma trágica ante una sociedad moralista
La puesta en escena es deslumbrante Pocas veces se puede ver en un foro semejante perfección y manejo de la escena Eifman no falla en nada Su manejo de la técnica del ballet es tan transgresora que no se entiende cómo pudo haber inventado tantos pasos, caídas y giros Las cargadas son asombrosas y la complejidad escénica lo muestran como un artista capaz de construir un drama, que con todas las referencias históricas del siglo XIX es absolutamente actual y toca en lo más profundo de lo humano para convertirse en una referencia universal
Al igual que en la novela de Tolstoi, Anna Karenina es una mujer que deja a su marido (Karenin) y a su hijo (Sergio) por el amor del conde Wronsky Pero mientras Tolstoi busca mostrar cómo la sociedad define y enloquece a sus miembros, Eifman se centra más en la culpa y en los celos neuróticos que avasallan el amor entre Karenina y su amante Anna surge entonces como una mujer capaz de luchar por su amor, pero incapaz de enfrentar sus decisiones y los demonios que hay detrás de ellas En una situación extrema, tan terrible como la de Anna, la autodestrucción es una defensa Morir en las vías del tren es y será siempre la mejor salida para tanto dolor Y esto es tan cierto que paradójicamente el propio Tolstoi murió en una vieja y lejana estación de trenes
Eifman desarrolla sus ideas bajo una deslumbrante atmósfera de tonos grises con ámbar, de telas de seda satinada en blanco y negro La metáfora y no la ilustración de la historia es un logro extraordinario Los bailarines actúan sus personajes y no dejan que la técnica sobrepase su interpretación, logrando momentos tan conmovedores que una buena parte del público derramó algunas lágrimas
El nivel técnico es imponente: los cerca de 60 bailarines son uno y los solistas son perfectos Y lo mejor: fuera de lugares comunes El coreógrafo convierte al cuerpo de baile en una máquina humeante, en una locomotora de alto poder que ha de cegar la vida del personaje principal
Eifman, de 60 años de edad y nacido en Liberia, decidió que quería ser coreógrafo desde los 13 años La suya, sin embargo, era una familia totalmente alejada del arte y se opuso todo lo posible para que el pequeño Boris lograra su objetivo Pero nada pudo impedir que su vocación aflorara, ni siquiera el severo filtro de las autoridades soviéticas
Sobreviviente del realismo socialista de la Unión Soviética, el artista pudo desarrollar lo que verdaderamente quería hasta el surgimiento de la Perestroika Así fue que en 1977 fundó The Boris Eifman Ballet Theater from San Petesburgo, considerado en la actualidad como el mejor grupo de danza en Rusia
“La mía es una gran compañía y por ello tiene grandes bailarines”, citó en alguna ocasión Eifman y lo dijo no sólo en razón del enorme talento que poseen todos ellos, sino por su inusual estatura, que oscila entre el 175 y los dos metros Para encontrarlos, su asistente viajó por toda Rusia audicionando a intérpretes que no sólo puedan bailar, sino también actuar
“La danza es línea”, es su sentencia principal
Producida por Ars Tempo de Arcelia de la Peña, la gira del Boris Eifman Ballet Theater la coloca una vez más como la mejor promotora de ballet en el país Y para su fortuna no tuvo que recurrir al espeluznante Auditorio Nacional para presentarlo ?

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