Astrakan deslumbra en la Biennale de la Danse

lunes, 24 de septiembre de 2012
LYON, FRANCIA .- Una pista de luz, tres bailarines en sus cincuenta años y viejas canciones francesas. Se necesita muy poco para lograr con tanto acierto la justificación para convocar al público a un espectáculo. Daniel Larrieu, coreógrafo visionario que hace más de treinta años impactara al mundo del arte con una video danza acuática llamada Waterproof, Dominiquin Boivin, ganador de un gran premio en el Concurso de Bagnolet y Pascale Houbin, estudiosa de los signos y su relación con el movimiento, reúnen sus peculiares talentos en la compañía Astrakan para rehacer con el gesto y la danza una deconstrucción y una fina reelaboración de los textos de viejas canciones francesas que van del amor, al acto político y de la frivolidad a los sentimientos más hondos. Mente, cuerpo y sentimiento se citan en el foro para simplemente dar cauce a una peculiar y multifacética dramaturgia que incide en la forma en la que se pueden mostrar las palabras, su significado y convertirlas en un original concepto de movimiento que parece ser sencillo pero que perturba las cátedras tradicionales que afirman que los bailarines tienen un corto espacio para brillar en el escenario y que la juventud y su posible virtuosísmo devoran todo. En piste es la muestra de que hasta los paradigmas más exacerbados del ballet y de la técnica contemporánea sostenida en el virtuosísmo son una verdad a medias, porque la experiencia de saber exactamente como se ven y cómo desean ser vistos los integrantes de la compañía Astrakan convierten su función en un acto de sabiduría que lo menos que hace es sorprender por su frescura y nitidez. Los tres artistas saben lo que quieren y conocen los caminos para convencer y guiar a sus espectadores por las sendas que diseñaron con gran cuidado para ser recorridas en una especie de montaña rusa emocional, que, al llegar a cierto punto donde se avista la caída libre, se trasmuta en un plácido paracaídas intelectual en el que la reflexión es clave para no caer de golpe y porrazo. Se trata de una coreografía que a simple vista parecería sencilla, pero es tan compleja en su elaboración que no hay alarde y sí precisión en sus objetivos. No pretende romper reglas ni usar la rebeldía como argumento, por lo mismo es más directa y va más allá de la búsqueda de lo nuevo como argumento. En ese sentido sus objetivos son de mayor trascendencia y se obtiene así una respuesta con un mayor significado. Vestuario correcto, uso del cuerpo en acierto, el foro trasmutado a otra realidad y la entidades de cada individuo puestas en servicio de la obra, son condiciones que evidencian una pieza magistral de la inteligencia escénica del grupo Astrakan. De lo mejor de la Biennale de la Danse que se inició el 13 de septiembre y finalizará el 2 de octubre.

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