Timo, símbolo de la discrecionalidad peñista

lunes, 19 de noviembre de 2018
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- ¿Qué intereses tienen los políticos priistas para apoyar tan acríticamente e inclusive por encima de decisiones también gubernamentales, a Rodrigo de la Sierra? Un arquitecto que inútilmente pretende ser identificado como escultor. En un acto de abierta desobediencia ante la negativa que emitió el Comité de Monumentos y Obras Artísticas en Espacios Públicos de la Ciudad de México (Comaep) en el acuerdo correspondiente a la sesión del pasado 23 de octubre, los funcionarios de la Lotería Nacional para la Asistencia Pública colocaron afuera de su emblemático edificio y sobre el espacio público de la banqueta, una grotesca figura producida por el arquitecto De la Sierra con el título “Timo, premio mayor”. Realizada en el contexto de una invitación que le hicieran los funcionarios de la Lotería Nacional para ilustrar en abril de este año los billetes del sorteo superior 2546, la figura pretende representar a los famosos niños gritones que desde 1771 cantan los números de la suerte. Y si bien desde la perspectiva plástica la pieza carece de toda calidad creativa y artística –a las descaradas similitudes conceptuales que tiene su obra con la propuesta del norteamericano Tom Otterness, se suman las también descaradas similitudes formales que tiene su personaje Timo con el Timoteo diseñado en la pasada década de los años setenta por el caricaturista colombiano Jairo Rueda–, la referencia a los niños es totalmente fallida; y es que su personaje Timo refiere a un adulto, y lo tosco de sus manos y masa corpórea no permite identificar los rasgos esenciales de la vestimenta y bolitas de la suerte que distinguen a los famosos gritones. Símbolo evidente de la discrecionalidad que caracterizó la administración de las artes visuales bajo la gestión presidencial de Enrique Peña Nieto, la colocación de la pieza sorprende e indigna porque la Ciudad de México sí necesita protocolos que ordenen las intervenciones de arte público.   Definida acertadamente por el Comaep como una pieza banal, con escala fuera de proporción, ubicada dentro de una zona de valor simbólico relevante y que afecta la fachada del edificio, la figura realizada en bronce con una altura de aproximadamente tres metros y un peso de 2.5 toneladas, también podría afectar la estabilidad del subsuelo en el que fue colocada. En tanto patrimonio arquitectónico, el edificio de la Lotería Nacional ha sido poco valorado. Inaugurado en 1946 después de 12 años de construcción, el inmueble de estética art-déco, además de ser uno de los primeros rascacielos de la Ciudad de México, destacó internacionalmente por haber sido construido con base en una innovación técnica de flotación elástica que le permite hacer frente a los eventos sísmicos. Ubicada en un lugar coyuntural en el que convergen no sólo dos de las principales avenidas de la Ciudad –Paseo de la Reforma y Avenida Juárez–sino distintos momentos históricos de nuestra urbe, la pieza de Rodrigo de la Sierra debe retirarse al igual que el enorme pie de José Sacal que se encuentra al otro lado de la fachada. Intervenida en la pasada década de los años setenta con finos relieves de Federico Cantú, la fachada no merece rodearse de obras menores.  ¿Qué criterios y qué intereses tuvo el director de la Lotería Nacional, Eugenio Garza Riva Palacio, para imponer la colocación de ambas piezas a pesar de la negativa y desconocimiento de la Comaep respectivamente? Con base en la mercadotecnia artística, las obras que se instalan de manera permanente en lugares urbanos emblemáticos, legitiman la calidad artística del autor e incrementan la cotización de sus creaciones. ¿Habrán sido estos los criterios? Este texto se publicó el 18 de noviembre de 2018 en la edición 2194 de la revista Proceso.

Otras Noticias