Mexiac, más allá de la 'Libertad de expresión”

domingo, 27 de octubre de 2019
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Al grabador y artista plástico Adolfo Mexiac, quien falleció el sábado 12 de octubre a los 92 años en Cuernavaca, Morelos, se le recordará siempre por su obra Libertad de expresión, convertida en emblema de los movimientos sociales, con otras imágenes que enriquecieron la gráfica de 1968. Pero sus aportaciones artísticas y sociales fueron mucho más allá, como lo ha señalado en más de una ocasión el historiador y crítico de arte Alberto Híjar, conocedor de su vida y obra, así como de la trayectoria del Taller de Gráfica Popular (TGP), para quien Libertad de expresión es el emblema más difundido en el mundo. Mexiac lo hizo en Chiapas mientras trabajaba para el Instituto Nacional Indigenista (INI), luego del derrocamiento del presidente guatemalteco Jacobo Árbenz en 1954, por intervención de la CIA, y de la caída del director en el Instituto Nacional de Bellas Artes, Andrés Iduarte, por haber permitido que el artista plástico Arturo García Bustos colocara la bandera del Partido Comunista Mexicano en el féretro de la pintora Frida Kahlo, durante su homenaje luctuoso en el Palacio de Bellas Artes. “Pensé en hacer algo y mandarlo al Taller. Le pedí a un muchacho tzotzil de Chamula que posara… hice el dibujo sobre un linóleo, lo grabé y lo mandé al Taller. Y desde un principio tuvo mucho éxito, pero cuando realmente brincó fue en 68. Lo utilizaron tanto en México como en Francia”, relató a Proceso en 2010, al hacer una evaluación sobre los 200 años de la Independencia, con motivo de su exposición sobre el tema en el Museo Nacional de la Acuarela Alfredo Guati Rojo: “No hemos sabido aprovechar la independencia de España y no dejamos de tener conflictos con nosotros mismos. Tras la Independencia, todas las guerras hasta llegar a la Constitución del 57; luego las intervenciones; después hubo un momento de paz en la época de Porfirio Díaz y enseguida viene la Revolución, que son también 10 años de lucha. Y después de eso, ¿qué?, pues seguimos dándonos de puñaladas los unos a los otros”. En el INI en Chiapas, el artista plástico nacido en Cuto de la Esperanza, Michoacán, el 7 de agosto de 1927, trabajó al lado de Juan Rulfo y de Augusto Monterroso, con quienes compartía cubículo. Llegaba cada quincena “a platicar un rato y tomar café” –según Ricardo Garibay–, y convivió también con Fernando Benítez, Alfonso Caso y Rosario Castellanos, a quien recordó: “Fuimos compañeros y trabajamos juntos en San Cristóbal de Las Casas. Se educó a gran parte de los indígenas con el teatro guiñol. Petul se llamaba el personaje principal.” En aquella ocasión, Mexiac narró su descubrimiento del grabador José Guadalupe Posada, de quien se conocía la obra que estaba en Aguascalientes y en Bellas Artes, “como cien grabados y nada más”, pero el Fondo Editorial de la Plástica Mexicana Leopoldo Méndez lo invitó con Mariana Yampolsky a investigar más. Comenzó por revisar periódicos y los archivos de la Hemeroteca Nacional y la de la Biblioteca de México en la Ciudadela, hasta que fue a dar a la casa de un pariente de Ireneo Paz, abuelo del poeta Octavio Paz, ubicada frente al Parque Hundido en la Ciudad de México. Una mujer le permitió entrar a una covacha: “¡Y que voy encontrando revistas editadas por don Ireneo! La Revista de México y no recuerdo qué otras donde aparecía el padre Cobos y una mujer que era parte de todo un juego, doña Caralampia Mondongo, y otros. ¡Nooo! Salí de ahí que daba brincos, es lo que siente un investigador ¿no?, al descubrir algo donde no había nada.” En el libro, resultado de esa investigación, tanto Yampolsky como él aparecieron “colaboradores”, pues “no se estilaba dar créditos”. Híjar consignó en el libro Adolfo Mexiac: la impronta de los años, que en el Fondo Editorial de la Plástica Mexicana “se encuentran un poco más de cinco mil grabados de Posada localizados por el Mexiac”. Este texto se publicó el 20 de octubre de 2019 en la edición 2242 de la revista Proceso

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