Siqueiros y  Sánchez Rull en la nueva SAPS

jueves, 21 de noviembre de 2019 · 14:00
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Con el cambio de dirección, la Sala de Arte Público Siqueiros (SAPS), en la Ciudad de México, presenta un cambio positivo. A diferencia de Taiyana Pimentel, que en casi diez años de gestión –dirigió la SAPS desde mayo 2009 hasta abril 2019– centró su atención en prácticas neoconceptuales de resonancia comercial, marginando el legado y la obra de Siqueiros, el nuevo director Willy Kautz inauguró, el pasado 30 de octubre, la nueva etapa de la SAPS con un interesante proyecto museístico que se basa en la creación de modelos curatoriales a partir de estrategias pedagógicas. Una propuesta que no centra la curaduría en temáticas sobre obras o autorías, sino en procesos de mediación –término museístico para definir los puentes entre la misión del museo, sus exhibiciones, la comunicación, las actividades educativas y el público–. Curador, filósofo, y en una época de su vida también pintor, Willy Kautz presenta un proyecto de exposición que se expande por toda la casa-taller de David Alfaro Siqueiros (1896-1974) vinculando tiempos, pensamientos, autorías y espectadores a través de la experiencialidad visual. Distribuida en tres espacios que corresponden a una muestra con obra experimental de mediano formato de Siqueiros en la planta alta; una ambientación inmersiva y alucinante con excelentes dibujos pictóricos de José Luis Sánchez Rull en el Cubo de la planta baja, y un espacio de información y talleres que es tránsito entre ambas exhibiciones, la propuesta exige discreta y alevosamente al espectador recorrer y mirar los estudios murales que dejó Siqueiros en su casa-taller. Concebido como un laboratorio de mediación para el pensamiento y legado artístico del muralista, la sección dedicada a la Colección Proyecto Siqueiros presenta 20 piezas del acervo SAPS que resultan fascinantes, tanto por su desconocimiento como por su contenido. Realizadas entre 1966 y 1973 como ejercicios para la obra mural, las piezas evidencian la obsesión que tenía el artista por expandir la bidimensión, el espacio y el tiempo pictórico. Dividido en tres núcleos (que corresponden a Trazos de composición espacial, Escultopintura y Accidentes controlados), el conjunto exige un estudio de las propuestas que permita significarlas vinculando a Siqueiros con estéticas contemporáneas.  Fascinantes, sí, por la exploración de presentar sentimientos a través de trazos dinámicos y agresivas texturas de confusos cromatismos –Anáhuac. Visión terrorífica de la contaminación, 1968; Explosión solar, 1968–, las piezas invaden la tridimensión a través de relieves que enciman planos y volúmenes sobre superficies pictóricas –Tromba… sol, 1968– sugiriendo que el término de escultopintura es demasiado simple para la composición. Y en el contexto de los Accidentes controlados, la luz y el encimamiento de planos con distintos lenguajes –dibujo, silueta recortada– se imponen comprobando que Siqueiros no se ha estudiado en su totalidad. En lo que corresponde a Sánchez Rull (México, 1964), su ambientación es embriagante. Con obras de gran formato que se encumbran invadiendo la totalidad del espacio cúbico, la propuesta La difícil experiencia de salir de experiencias difíciles enfatiza el irreverente, erudito y atormentado caos visual que caracteriza la poética del artista. Integrada con piezas de las series Solaris (Lem), La caza del Snark (Carrol) y el Endemoniado Pacheco (Potocki), realizadas entre 2018 y 2019, el conjunto satura la experiencialidad visual exigiendo, paradójicamente, mirar y leer cada una. Trabajadas como enjambres de imágenes que refieren tanto a la historia del arte como a distintas subculturas, su obra desdobla y evidencia los distintos planos de significación que tiene tanto su obra, como nuestra memoria y presente visual. Este texto se publicó el 17 de noviembre de 2019 en la edición 2246 de la revista Proceso

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