Proyecto Chapultepec: incapacidad profesional

lunes, 24 de agosto de 2020
Como una lupa, la presentación de los avances del proyecto Bosque de Chapultepec: naturaleza y cultura, a 16 meses de su inicio, aumentó la visibilidad de la incapacidad profesional que caracteriza la gestión de la Secretaría de Cultura (SC) federal. Realizado el pasado domingo 9 de agosto en el Complejo Cultural Los Pinos, con la participación también de la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, el evento comprobó, una vez más, la errática situación en la que se encuentra esta administración cultural. Para empezar, el documento que firma el artista conceptual Gabriel Orozco, como coordinador del proyecto, no puede aceptarse como “un resumen ejecutivo del Plan Maestro para el Bosque Cultural Chapultepec”, porque carece de información esencial en un plan maestro: diagnóstico –una síntesis– del estado y potencial de la oferta cultural del bosque; datos sobre los requerimientos de la comunidad que habita su entorno urbano; prioridades, tiempos y costos aproximados de cada subproyecto; nombres de los responsables de las distintas acciones. En lo que respecta a las artes visuales, si hubiera un diagnóstico se podría evaluar la pertinencia –o impertinencia– de gastar recursos públicos para construir y operar dos recintos dedicados a prácticas que ya tienen una presencia no sólo en el bosque, sino en la misma sección: el Pabellón Contemporáneo Mexicano y el Cubo Acústico. Definido como un espacio “libre y democrático” para exhibir diversas expresiones contemporáneas, el Pabellón se sumará al Museo Tamayo Arte Contemporáneo y a la Casa del Lago de la Universidad Nacional Autónoma de México, un espacio que también es libre, democrático y, al igual que el Pabellón, sin colección propia. En lo que respecta al Cubo, es conveniente recordar que el Centro de Cultura Digital ubicado en la Estela de Luz está dedicado, al igual que lo estará el Cubo, a nuevas tecnologías. Un aspecto que resalta en el resumen del plan maestro es el silencio en referencia al Museo de Arte Moderno (MAM). Inaugurado en 1964 sin el auditorio y el volumen arquitectónico que debía unir a ambos edificios, el MAM –único museo de la Ciudad de México que cuenta con un jardín de esculturas modernas y contemporáneas nacionales– merecería que se completara antes de iniciar nuevas construcciones. Y por último, la Bodega Nacional de Arte. Una propuesta que comprueba la urgencia de ordenar las obligaciones que debe tener la Secretaría de Cultura en la administración de colecciones gubernamentales. Además del riesgo que conlleva centralizar acervos artísticos e históricos de todo el país en un solo recinto –ante cualquier siniestro los daños y pérdidas serían muy grandes–, es indispensable definir las responsabilidades institucionales de su conservación y gestión. Si ya existe una Secretaría de Cultura, ¿es adecuado que otras secretarías, como la de Relaciones Exteriores y la de Hacienda y Crédito Público, operen museos y gestionen colecciones? Si el desempeño de Alejandra Frausto tuviera calidad profesional, antes de apoyar la creación de nuevos espacios mejoraría el estado e impacto de los que ya existen. A pesar de la importancia que han tenido el grabado y la fotografía en el arte mexicano, el Museo Nacional de la Estampa carece de instalaciones dignas, y no contamos con un Museo Nacional de la Fotografía. Si Chapultepec debía ser el espacio artístico cultural más grande e importante del mundo –como señaló el presidente Andrés Manuel López Obrador el 2 de abril de 2019–, el proyecto debió haber sido asignado por concurso. ¿Será que la gestión de la SC se basa en el amiguismo? Este texto forma parte del número 2285 de la edición impresa de Proceso, publicado el 16 de agosto de 2020 y cuya versión digitalizada puedes adquirir aquí

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