Limpia en Twitter

sábado, 30 de noviembre de 2019
CIUDAD DE MÉXICO (proceso.com.mx).- Lejanos quedaron los días en los que los usuarios de Facebook y Twitter libraban una competencia por argumentar cuál de las dos redes sociales se impondría a la otra. Los primeros años del auge de ambas plataformas, hace ya una década, fueron de una confrontación no siempre amistosa entre sus respectivos cibernautas, animados por cierto sentimiento de superioridad moral. Entre otras razones, porque desde un principio Facebook tuvo una naturaleza moderada, casi familiar, impuesta por la obligatoriedad del seguimiento recíproco entre los llamados "amigos" (que siempre se llaman así, aun cuando podrían ser parientes, colegas o conocidos simplemente). En Twitter, en cambio, la dinámica de relaciones no requería forzosamente que los usuarios (que no siempre revelaban su identidad real) se siguieran entre sí, lo que dio lugar a la formación espontánea de comunidades más bien unidas por intereses temáticos, que iban desde gustos artísticos hasta posiciones políticas. Además esa red atrajo desde un principio a celebridades, que podían interactuar con personas comunes. Y pronto demostró su utilidad para la difusión y viralización de noticias, gracias a la inmediatez de su modelo de comunicación. En síntesis: Facebook parecía ñoño, mientras Twitter era revolucionario. La red de Mark Zuckerberg era pop almibarado y empalagoso. La de Jack Dorsey, rock ácido y adictivo. Buena parte de esa actitud superlativa de los tuiteros estaba alimentada por el hecho de que "trinar" requería un aprendizaje que no era sencillo. Para empezar, los nombres de todos comienzan con arroba. Los tópicos comunes se identifican con el signo de gato y se llaman "hashtags". Replicar la opinión de otro es darle "RT". Soltar un rollo es "abrir un hilo". Comunicarse en privado requiere un DM, mientras que deshacerse de un contacto incómodo brinda ese insano placer de dar block o "silenciar". Todo un nuevo idioma cuyo dominio abría las puertas de las discusiones bizantinas e interminables, y al vicio de estar al pendiente de replies, mentions, retuits, follows y favs. Un lenguaje que para muchos resultó incomprensible o poco amigable, y que hizo que muchos curiosos abrieran cuentas que rara vez o nunca más reutilizaron. A ese factor hay que sumar el hecho de que las dinámicas en Twitter se fueron enrareciendo al grado de convertirse en escenario de encono, bullying, troleo y violencia digital, así como en caldo de cultivo de bots prestos a servir para la manipulación de audiencias y la creación artificial de Trending Topics. Sea por la razón que fuere, lo cierto es que millones de cuentas deambulan como zombis en medio de la parvada, sin dar señal de vida. Hacer limpia de ellas parece el propósito de la recién anunciada medida que tomará Twitter de borrar las cuentas que han permanecido inactivas durante más de seis meses, a menos que sus propietarios inicien sesión antes del 11 de diciembre. https://twitter.com/thenextweb/status/1200578205834469376?s=20 Y aunque pareciera una medida hasta cierto punto saludable, generó conmoción al grado de que se llegó a especular si era más una medida para liberar nombres de cuentas o si el barrido acabaría también con las cuentas de personas fallecidas, sin considerar si alguno de sus familiares la siguiera operando a manera de tributo. Horas después del anuncio, Twitter aclaró que la eliminación de cuentas inactivas empezaría en la Unión Europea, entre otros motivos porque así lo requerían legislaciones locales de privacidad. También explicó que no aplicará la eliminación de cuentas de personas fallecidas hasta no hallar una forma en la que se les pueda seguir recordando, como ocurre en Facebook, que sí tiene la opción de conservar las publicaciones a manera de legado. https://twitter.com/TwitterSupport/status/1199777313300209664?s=20 El criterio anunciado, por cierto, hace peligrar la cuenta de tuits de la era del presidente Barack Obama, pionero en el uso de la plataforma como medio de comunicación oficial. Al no estar activa desde 2017, corre el riesgo de que se elimine lo que constituye un obvio archivo histórico que por su trascendencia no debe extinguirse (lo que muchos pedirían, en cambio, de la activísima cuenta de su sucesor). Y aunque no lo diga explícitamente, es probable que otra explicación de la medida –mencionada por los sitios especializados en tecnología– es evitar el hackeo de esas cuentas, de tal forma que sirvan a otros fines distintos al de la mera interacción amistosa. Para muchos, Twitter sigue siendo ese rockero que aunque sea veterano mantiene el espíritu rebelde. Habrá que ver cómo sobrevive a los dramas sobre reducción de seguidores de cuentas estrella y la probable caída en el número de usuarios activos (que desde ahora se descarta como problema, aunque los mercados de valores no suelen ser compasivos). No se prevé que pierda influencia. Pero más vale que millones de picos cerrados empiecen a decir pío.

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