Terciopelo en el cielo

lunes, 9 de abril de 2012
MÉXICO, D.F. (apro).- Sabemos como son las auroras boreales: fantasmagóricas, vaporosas, coloreadas, un peso muerto en el cielo. Sabemos la ubicación: Noruega, en el hemisferio norte de la Tierra. Sabemos la fecha: 21 al 23 de enero de 2012. Durante años la identidad de las auroras boreales fue un secreto bien guardado; sin embargo, a finales de enero, la NASA difundió un video del fenómeno, donde se ve a la Tierra atrapada en una gran nebulosa o algo similar a un malvavisco verde. Es la primera vez que la agencia espacial de Estados Unidos atestigua, con un video filmado desde el espacio exterior, una aurora boreal. Si la kriptonita tuviera color, sería lo más parecido al color de las auroras boreales, si existiera la quinta dimensión sería lo más parecido a tomar un barco y navegar en esas líneas verdosas. Estudiar las auroras boreales es meterse en un quásar, vivir rodeado de vapores y diminutas partículas celestes. Ver una aurora boreal es como entrar a una pecera. No resulta necesario cerrar los ojos para sentir las sombras verdes y rosadas desperdigándose por el cielo. Son olas tan altas como casas de tres pisos flotando, un peso muerto en el cielo. Pero una aurora boreal es un asunto metódico, resultado de una llamarada solar que se estrella con la capa magnética que rodea al planeta. Es de cierta manera un escudo protector contra las partículas de alta energía procedentes del Sol. En el video de la NASA se ve una delgada capa verde que rodea a la Tierra que al mismo tiempo emite un halo rosado. Como si se tratara de una máquina de palomitas, el Sol (situado a 150 millones de kilómetros de la Tierra) emite viento solar desde su superficie, que se encuentra a una temperatura de 6 mil grados centígrados. Cuando las partículas suben de temperatura escapan como proyectiles a más de 300 kilómetros por hora, alcanzando la órbita de la Tierra, e incluso, otros planetas como Júpiter o Saturno. De hecho, las átomos y las moléculas de oxígeno y nitrógeno son excitados por las partículas del sol atrapadas en la magnetósfera, devolviendo la energía en forma de luz. El oxígeno es el responsable de los dos colores primarios de las auroras: el verde y el amarillo. El nitrógeno produce la luz azulada. Se trata del mismo proceso que sucede en los tubos de neón de los anuncios publicitarios. En el tubo el gas se excita por corrientes eléctricas y al desexcitarse envía la típica luz rosada que anuncia la leyenda de “abierto”. Desde un avión que volara por esa zona (las aerolíneas desviaron los vuelos de esa zona por seguridad) la aurora se habría visto como una masa de colores morados, verdes, azules, explotando en cámara lenta con las estrellas. Pero las auroras boreales no son sólo un bonito espectáculo de luces; también sirven para que los físicos y los astrónomos estudien el magnetismo alrededor de la Tierra y su interacción con el Sol. Entonces, el universo vuelve a ser la misma telaraña indescifrable, y el límite sigue siendo la inmensa cascada donde caen los barcos, el fin del mundo que descansa en el caparazón de una tortuga.

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