'Museo”: Una cinta pretenciosa

jueves, 1 de noviembre de 2018
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- La nueva película estelarizada por Gael García Bernal y dirigida por Alonso Ruizpalacios, Museo (México, 2018) es una cinta pretenciosa con serias inconsistencias en la construcción de personajes y visualmente confusa debido a una decisión estética. La cinta, basada en hechos reales, se desarolla en 1985 y gira en torno a dos personajes que viven en la zona conurbada de la Ciudad de México (Ciudad Satélite, Estado de México); son estudiantes de veterinaria: Juan (Gael García) y Wilson (Leonardo Ortizgris), quienes a pesar de vivir en una colonia de clase media sienten que su vida no tiene sentido, así que deben hacer algo para cambiar su situación, por lo cual Juan propone que roben algo, sin que se entienda bien a lo largo de casi todo el filme por qué desean involucrarse en ese asunto. Y, sin embargo, esta razón no es suficiente para entender por qué Juan se comporta como un cretino con su familia. A su vez, la conducta de Wilson es un poco desconcertante, pues oscila entre un niñoide y un sujeto que, quizá, pueda tener algún tipo de trastorno o discapacidad mental, y que hacia el final más bien parece esto. En fin… Ambos planean robar 140 piezas de la Sala Maya del Museo de Antropología --entre ellas la máscara de jade maya del rey Pacal--, espacio que Juan estuvo estudiando durante un tiempo gracias a que asistió a un equipo de fotografía que levantaba imágenes de los objetos. El plan resulta exitoso, pero ahora deberán intentar venderlos en medio de un escándalo mediático que mantiene alerta a todo el país (como ocurrió en la realidad). Sólo vemos a dos sujetos estúpidos de clase media, alienados sin razón aparente, con los cuales es difícil empatizar. Y si a lo anterior le sumamos: diálogos dignos de una obra de mal teatro universitario, emplazamientos de cámara y encuadres que en vez de resultar originales terminan siendo pretenciosos y empañan la historia –además de una propuesta visual opaca, con algunos momentos de penunmbra que no aportan nada y un audio deficiente--, la situación se torna un poco desesperante. La dirección de Alonso Ruizpalacios es dispersa: no es una caper movie, ni estamos frente a una road movie, ni ante un thriller criminal ni a un cine de autor que trasciende todo género. A lo mucho, es un drama mal logrado. La propuesta del director de Güeros parece basarse en ocurrencias esporádicas, como por ejemplo que el personaje de Juan de pronto tenga una especie de alucinación y vea al rey Pacal, sin que esto tenga una función narrativa; o que de pronto la cámara se tambalee como si estuviera correteando a Juan, quien a su vez está corriendo por la playa; o que el audio de un personaje, en un par de diálogos, se desfase de manera temporal… ¿por qué? Pues porque sí, porque el director puede. Alonso Ruizpalacios no tiene una voz, no es un autor sino un director que mueve las piezas de manera caótica para ver ver si de eso sale algo interesante.

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