"Los mejores discos del rock", por José Agustín

miércoles, 26 de diciembre de 2001
México, DF - La llamada "literatura de la onda" tuvo en los compadres Parménides García Saldaña (1944-1982) y José Agustín a dos de sus exponentes más fieros Ambos guardan en común una afición propia de aquella generación: el rock & roll cincuentón Tanto Parménides como Agustín padecieron gozosamente el síndrome del músico frustrado que devino en crítico, pero también exorcizaron mucha de su creatividad en escritos literarios y una que otra rola para el rock nacional Y si bien Parménides ya no tuvo tiempo para desarrollar su pasatiempo rocanrolero al morir joven, José Agustín ha podido publicar varios libros donde da rienda suelta a su gusto por el tema, entre los más recientes el intitulado "El hotel de los corazones solitarios" (Editorial Patria, Nueva Imagen, 1999) Acapulqueño residente en Cuautla, Morelos, el creador de la novela "De perfil" no quita el dedo del renglón y acaba de sacar un libro lujosamente ilustrado, de portada gruesa: "José Agustín selecciona y comenta los grandes discos de rock 1951-1975" (Editorial Planeta Mexicana, 206 páginas, 2001) La edición bien cuidada y amena cuenta con un atractivo visual extra por los dibujos de Patricio Betteo, Edgar Clement, Luis Pombo y José Agustín Ramírez (hijo del escritor) Los apartados de artistas son ochenta y abarcan desde el tremebundo bluesista Muddy Waters hasta la poeta Patti Smith, por supuesto incluyendo los grandes grupos ingleses Beatles, Led Zeppelin, Rolling Stones, The Who y Procol Harum, o los estadunidenses Everly Brothers, Creedence, Grateful Dead, así como iconos solistas como Elvis, Bob Dylan, David Bowie y Marvin Gaye Al lado de la biografía singular de cada músico (que a veces contrasta con supuestos diálogos para amarrar navajas), con los discos sugeridos y otras menciones afines a roqueros de su predilección, Agustín de cuando en cuando desliza textos de imaginación personal que, como ejercicio literario, recuerdan los cuentos de "La tumba" del propio autor A mi juicio, los mejores son aquéllos que contienen letras de canciones, como la conocida en México como "Una pálida sombra" ("A Whiter Shade of Pale") de Keith Reid, del conjunto Procol Harum, y que Agustín fielmente traduce como "Una sombra más blanca de palidez": "Brincamos el ligero fandango y damos maromas por el suelo Me sentí un poco mareado Pero las multitudes pedían más El cuarto zumbaba fuerte Y el techo se fue volando Cuando pedimos otro trago El mesero trajo una charola Y así fue como después Mientras el molinero decía su cuento Su rostro en un principio fantasmagórico Adquirió una sombra más blanca de palidez" O "El muchacho llamó al lobo", de Patti Smith (quien en uno de sus libros poéticos bendijo a los traductores por ser "la crema y nata del planeta"): "Yo soy el cuerpo soy el arroyo Soy el despertar de todo Me traen flores Que soy yo misma Guirnaldas de sangre Que son yo misma Apuñalan al cordero Que soy yo misma La inocencia tuvo su día Inocencia inocencia" Muchos de los comentarios de Agustín son acertados, otros cuentan la historia de los rockers atinadamente y, en momentos, aventura juicios de riesgo que inevitablemente dan justo en el blanco Tal es el caso de The Who, el cuarteto británico integrado por Pete Townshend, Roger Daltrey, John Entwistle y el desaparecido baterista Keith Moon, para quienes escribe: "Era el grupo perfecto Sí, no me vean así Ningún otro tuvo a un supervirtuoso en cada instrumento, como Pete Townshend, compositor genial y uno de los grandes guitarristas de todos los tiempos; Roger Daltrey, cantantazo tan chingón como Jagger, Van Morrison, Robert Plant; agrégale a John Entwistle, el mejor de todos los bajistas que en el mundo han sido; el cabrón, siempre muy ?cool?, requinteaba con el bajo de cuatro o seis cuerdas, y Keith Moon fue el mejor baterista que ha tenido el rock Los cuatro eran un organismo vivo, herméticamente integrado Jimi Hendrix les copió el numerazo en el Festival de Monterey Es más: quemó su preciada lira" Como en toda antología, Agustín recorta y resulta su propio victimario, pues omite grandes grabaciones; no es descuido, ya que las promete para otro volumen (entre ellas, el magnífico segundo disco de The Band, intitulado igual, de 1968, y que el mismo Eric Clapton señalara en el concierto-homenaje a los 25 años de Bob Dylan como "el disco que cambió la historia de la música de rock" Ni más ni menos) Para el siguiente libro, Agustín desea completar este ciclo sin que falten obras maestras, por lo que agregará lo que no entró y también registros de conjuntos mexicanos Ya avizoramos visitas a Dug Dugs, Rockdrigo, Javier Bátiz y Three Souls In My Mind o El Tri de Alejandro Lora, entre otros

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