CINE/PERMANENCIA VOLUNTARIA: Un Eastwood viejo y cansado, pero con experiencia y mucho corazón: R

lunes, 28 de octubre de 2002
México, D F (apro)- “Harry el sucio” ha envejecido; en la nueva película de Clint Eastwood, “Deuda de Sangre” (“Blood Work”, EU, 2002), que él mismo protagoniza y dirige, interpreta a Terry McCaleb, un exagente del FBI, viejo y cansado, que sólo cuenta con una enorme experiencia y el corazón de una chica latina como guía Justo después de salir de su transplante de corazón, McCaleb es abordado por Grasiela Rivers (Wanda de Jesus), cuya hermana (donadora del nuevo corazón del exagente) fuera asesinada en un minisúper La terrible culpa inunda a McCaleb: una joven, con un futuro promisorio fue asesinada, y gracias a eso él está vivo ¿Se lo merece? Al principio, todo parece indicar que el móvil del asesinato es el robo, pero conforme nuestro héroe (que a veces es un antihéroe) investiga, se da cuenta de que el perpetrador bien podría ser un viejo “enemigo” El comienzo de la película es puramente reflexivo Se nos presentan teorías para explicar el móvil del asesinato, teorías que sólo sirven de distracción, y la lucha interna en la que se halla envuelto McCaleb; se introducen algunos elementos cómicos, pero no trascienden en el resto de la cinta Tanta pasividad hace que, de pronto, “Deuda de sangre” caiga en lo tedioso, pero poco a poco aparecen nuevas pistas que van elevando la tensión Entonces, de un filme psicológico y lleno de dilemas, pasamos a un emocionante trhiller, con todo y un pequeño romance, y un poco de acción El asesino va cobrando dimensiones enormes, e incluso llega a parecer más fuerte que McCaleb, quien da una sensación de fragilidad Parece que morirá en cualquier momento Para llevarnos a un final inesperado, Eastwood nos distrae con pistas y conjeturas falsas: ¿Quién es el asesino?, ¿qué va a pasar? Lo más rescatable de “Deuda de sangre” no es el suspenso en el que nos sumerge Eastwood --más o menos bueno--, sino los conflictos internos y dilemas morales que viven los personajes, por cierto muy bien trazados, excepto el policía latino al que no le simpatiza McCaleb Sobresale la actuación de Eastwood y la de Jeff Daniels, un extraño personaje que es vecino del exagente, ambos habitantes de un pequeño bote en el muelle No es de las mejores películas de Clint Eastwood, y visualmente está fea; la foto es de poca calidad, pero hace valer el costo del boleto

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