BUZON DE APÓCRIFOS: Manzana

lunes, 11 de noviembre de 2002
México, D F (apro)- ¡Ay, lectores, en verdad que las mujeres no tienen enmienda! Lo digo porque en estos pasados Días de Muertos, encontré al amor más fiel de mi vida, a la Caneca, como a nuestra primigenia madre en el Paraíso, esto es, refocilándose con una manzana de M Chapa Ante mi reproche de que si no era suficiente que nuestro común amigo, José Guadalupe Posada, la hubiera representado en tantas formas y acciones para que saliera con eso, me contestó descaradamente, a lo que tiene derecho por nuestra larga convivencia que no fuera burro, que la manzana tiene para ella y las de su sexo, y para los hombres, una importancia primordial Como viera mi asombro, se me acercó mimosa, puso la chapanesca manzana entre mis dientes y me dijo que la mordiera, pues con ello tendría la posibilidad, a través de sus amantes ojos, de otra manera de ver y ser menos ignorante Así lo hice, con lo que al instante me sumergí en el oscuro imaginario colectivo, en el que a través de los siglos, en mitos, leyendas y cuentos, la manzana, por su forma casi esférica y ser fruto de semillas, significa una totalidad, que encierra en sí los símbolos de la vida y la muerte, la polaridad del poder de la muerte, sí, con sus significados de tinieblas, fin y destrucción, pero también de luz, de principio, de ascensión e incluso de plena realización y disfrute feliz de la vida La semilla ha de morir para convertirse en nueva vida ¡Ah!, con razón los antiguos griegos consagraron la manzana a Afrodita, la diosa del amor, resaltando de ese modo la relación tan singular que existe entre la muerte y los momentos más llanos y hasta deleitables de la renovación de la vida Tengo que confesar que a esta altura de mi visión, mi educación occidental judeocristiana me hizo dar un respingo Pensé con horror en la manzana paradisíaca del Antiguo Testamento, en su significado de pecado y desolación; de la que se sirvió el demonio de la muerte, en forma de serpiente, para perder a nuestros primeros padres y a nosotros, sus descendientes La Caneca se percató de mi espanto, por lo que me obligó de nuevo a morder la manzana de M Chapa, con lo cual, a través de los ojos de la más fiel amante de mi vida, tuve un ver nuevo, más claro y sutil de la profunda y misteriosa relación de la vida y la muerte que encierra la manzana del Paraíso Comprendí que si es verdad que el comer de ella significó la muerte para Adán, Eva y sus descendientes, también es verdad que con ese comer de la manzana, el hombre y la mujer tuvieron conocimiento y fueron conscientes de ellos mismos, uno del otro y del mundo Comprendí que con eso de dar a luz la mujer, aunque con dolor, se cumple con creces, una vez más, el profundo simbolismo mítico que encierra la manzana, en la que la muerte no es el fin, ni un simple retorno, sino más bien la transformación constante de la vida; no un simple renacimiento, sino un nuevo nacimiento, la renovación del ser, que pasando a través de la ruina y la aniquilación, ingresa renovado a la vida Aquí, la agria voz de la Caneca, irónica, me dijo: “Ahora te explicarás por qué Afrodita, Perséfone, Atalanta, Eva, Blancanieves, arquetipos de la mujer, sucumbieron a la tentación que representan las manzanas Piensa La manzana le ofreció la oportunidad de pasar, de convertirse de “muchachas” en señoras, de ser reinas, de ser madres”, observación que dio en la torre a una muy alta especulación filosófica con la que estaba relacionando la ambivalencia de la vida y la muerte en la manzana de Guillermo Tell y en la manzana de Isaac Newton Al ver mi perplejidad rayana en el disgusto, añadió para aplacarme: “Sigue, sigue con tu importante reflexión, que la manzana también es símbolo de los deseos terrestres desencadenados Por eso, la suprema voz, partidaria de la espiritualidad y que se opone a la exaltación de los deseos materiales, prohibió comer de la misma”, dicho lo cual, con sus blancos dientes volvió a refocilarse con la manzana de M Chapa Lectores, no se le escapa a mi entender que este mi ver con los ojos prestados del amor más fiel de mi vida no tenga ningún valor, ¿o puede que sí? Por las cochinas dudas, como lo vi y experimenté se los cuento Si de algo les sirviera, no me lo agradezcan El mérito no es mío, sino de la musa de José Guadalupe Posada y de la manzana Con afecto para ustedes, lectores, que tienen que seguir por los senderos de sus vidas PITO PEREZ

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