MUSICA/CANTO RODADO: "Silencios de John Cage y Octavio Paz"

lunes, 11 de noviembre de 2002
México, D F (apro)- En 1974, Isabel Fraire tradujo "Del lunes en un año" (Editorial Era), libro del compositor John Cage escrito en 1969, con dedicatoria del músico estadunidense "a nosotros --los norteamericanos-- y a los que nos odian, para que Estados Unidos llegue a ser simplemente otra parte del mundo, nada más ni nada menos" El título surgió cuando Cage estaba con el que sería Premio Nobel de Literatura, el mexicano Octavio Paz, su esposa francesa Marie-Jose y otros tres comensales en un restaurante de lujo junto al río Hudson, al norte de Newburgh, donde acordaron encontrarse nuevamente en México: Paz hacía cinco años que no regresaba a su país y ella no lo conocía El contenido de aquellos escritos conforma un delicioso mosaico de historias, anécdotas, ideas, declaraciones y palabras que John Cage, bonachón y de humor sofisticado, recolectó hacia 1969 Incluye su conferencia en la Escuela de Música de Juilliard, de 1952, siguiendo el budismo Zen del profesor Suzuki: "Los sonidos son sonidos y los hombres son hombres; pero ahora nuestros pies están un poco despegados del suelo" Como el filósofo japonés antes citado, John Cage creía que también escuchamos con los pies Los suyos recorrían la húmeda tierra en cementerios del otoño para hallar setas y otros hongos, pues estaba seguro que estos organismos prosiguen "su negocio" de trabajar con los sonidos: "El arte ha borrado la diferencia entre la vida y el mismo arte Ahora hay que dejar que la vida borre la diferencia entre el arte y la vida" Lavaplatos del salón de té "El pájaro azul", pintor que optó por la música --si bien "no poseo talento alguno para la música, ni siquiera puedo seguir una tonada"-- y que estudió arquitectura un mes con "el moderno" Goldfinger, John Cage desnuda en sus secretos al innovador de formas, inclusive literarias con un pensamiento que el galo Roland de Candé consideró "modelo de sabiduría", al referirse a las ideas musicales de otro libro de Cage, "Pour les oisseaux" ("Para los pájaros", Belford, 1976) Cualquier sonido hace música y nosotros la recolectamos (como Cage sus hongos) en la perfección del silencio Cage hizo funcionar doce receptores de radio juntos en "Paisaje imaginario 4" de 1951, y en dicha serie, su número cinco, puso a girar 42 discos antiguos de jazz simultáneamente en una rockola (recordando el imaginismo de sorpresa y azar a la manera de Ezra Pound) Creador del piano preparado o "acondicionado", Cage es un pilar extravagante, pero bien reconocido por el mundo musical de Estados Unidos De Candé lo cuestiona en su "Historia universal de la música" (volumen II, Aguilar): "Cuando Cage propone al auditorio una pieza de silencio como '4:33', o se entrega con el excelente pianista David Tudor a un verdadero número de 'clowns' (payasos) músicos, hay que ser muy 'snob': su intención es hacernos reír Pero esto no siempre sucede; porque la teatralidad del gesto musical se ha convertido en parte integral del nuevo ritual" Cage, Paz y su mujer, así como otras seis personalidades (dos ausentes en el convivio del Hudson) debieron reunirse en México, por proposición del músico, a principios de junio de 1967 Cage escribió a la India, donde Paz era embajador, para ver si cuadraba bien el lunes 5 de junio; pero Paz le respondió que tenía planes para permanecer en Europa El único que había tomado en serio aquella sugerencia de cita había sido el mismo Cage, por lo que se consoló con un poco de filosofía Zen: "Paz tiene razón Que nos veamos en Cadaqués, Stony Point, Fairport, Toronto o Nueva Delhi no tiene la menor importancia No tenemos que hacer planes para volvernos a reunir" Organizador de los primeros "happenings" con Allan Kaprow en los años 50 del Black Mountain College de California y gran alquimista del "pop art", Cage (que significa en inglés "jaula" o "enjaular"), murió a comienzos de 1992, hace diez años Decía: "La aceptación de la muerte es la fuente de toda vida Ninguno de los sonidos teme al silencio que lo extingue Y ningún silencio existe que no esté preñado de sonido" Pasó al libro Guinness de los récords mundiales por haber escrito en partitura el silencio musical más largo, precisamente para "4:33", o sea, cuatro minutos y 33 segundos sin ningún sonido Igor Stravinsky (1882-1971) dijo sobre esta "opus" silente de Cage: "Ahora voy a esperar a que las composiciones subsecuentes de John Cage tengan mayor 'amplitud'"

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