BUZON DE APÓCRIFOS: Adivinanzas

jueves, 28 de noviembre de 2002
México, D F (apro)- ¿Tener o no tener memoria? He ahí el problema ¿Qué es mejor, no tenerla y, como ya se ha dicho, con ello condenarse una y otra vez a cometer los mismos errores? o ¿Conviene más tenerla para seguir acumulando frustraciones, desalientos, pero así tener el “pentonto” consuelo de explicárselos? Inicio la presente con este remedo del célebre monólogo del famoso príncipe de Dinamarca, estimados lectores, porque éste su servidor, como seguro muchos de ustedes, con alegría y los brazos abiertos recibió la caída del Muro de la Ignominia, la derrota del Imperio del Mal y, exultante, el establecimiento del Nuevo Orden, que tiene por base el libre mercado mundial, prometedor y defensor, dice, del pluralismo incluyente con igualdad, equidad y libertad para todos; promesas todas ellas esperanzadoras, de redención de miserias para los que las padecen, esto es, para la mayoría de los vivientes Eso fue ayer; hoy, lamentablemente, como a otros muchos, la perplejidad y la frustración me tienen en una negra Estigia de agónico y angustiante abatimiento, que no tiene más que una singladura, la del infierno de la desesperación Todo ello por fallo de memoria, por no recordar que distinguidas personalidades ya habían advertido, con ejemplares frases, las paradojas que pueden encerrar los conceptos que proclama y defiende el Nuevo Orden En días pasados recordé algunos de esos paradigmáticos pensamientos, que si bien no me libraron de mi angustia, me dieron elementos para explicármela Algo es algo Con la esperanza de que les sirvan como a mí me sirvieron, por cuestión de espacio les ofrezco los que considero más importantes, pero a manera de juego de adivinanzas, con un número por delante y entrecomillados, sin decir quién fue su autor Al final de la presente encontrarán las respuestas Espero que se diviertan y les aclare su visión A ahí les van Mucho me habría ahorrado de mi angustiante desengaño mi entusiasmo por la libertad ante el contradictorio ejercicio de ella por el Nuevo Orden, si no hubiera olvidado lo que siempre debí tener en cuenta, que hace más de doscientos años, una luchadora de la misma, ya había dicho: (1) “¡Libertad, libertad! ¡Cuantos crímenes se cometen en tu nombre!” Mi esperanza, como la de tantos, de progresar materialmente con el Nuevo Orden, no estaría tan adolorida y quebrantada si hubiera tenido en cuenta que, desde sus inicios, uno de los padres de la Economía ya había reparado y advertido contra una constante que la realidad no ha desmentido hasta el momento, que: (2) “El capital y el beneficio devoran los salarios y las clases superiores de la nación oprimen a las más desfavorecidas” La verdad anterior la confirma la nación más capitalista del mundo, como lo atestiguó hace casi cien años uno de sus ilustres hijos, que al respecto escribió: (3) “El gran monopolio en los Estados Unidos es el monopolio del dinero Mientras exista, nuestra vieja variedad y libertad y energía individual de desarrollo no pueden existir Una gran nación industrial es controlada por su sistema de crédito El nuestro está concentrado El crecimiento de la nación, por lo tanto, y todas nuestras actividades, están en las manos de unos cuantos hombres” Contra lo expuesto se puede alegar el alto nivel de vida del que disfruta la mayoría del pueblo estadunidense, pero este brillante alegato se desdora y es cuestionable si se recuerdan las prerrogativas que se concedían a los esclavos domésticos La horquitis que produce actualmente el Nuevo Orden, causada por la arrogante, prepotente y bélica hegemonía estadunidense, no debió sorprender a nadie si no se hubiera olvidado que no pocas veces sus hombres de negocios, políticos e ideólogos han amenazado al mundo con ella Hace más de cien años, por ejemplo, uno de sus senadores dijo: (4) “Las fábricas americanas están produciendo más que lo que el pueblo americano puede consumir; en este momento el suelo americano está rindiendo más de lo que el país necesita El destino ha escrito lo que debe ser para nosotros nuestra política: el comercio del mundo debe ser y será nuestro Estableceremos centros comerciales en todo el mundo, como puntos distribuidores de los productos americanos Cubriremos el océano con nuestra Marina mercante Construiremos una armada a la altura de nuestra grandeza” Y aquí le corto, pues no puedo seguir dándoles más ejemplos por cuestión de espacio, como lo indique más arriba Por lo que les he ofrecido, ¿creen que el tener o no tener memoria sirve para cambiar los hechos, la realidad? ¿O se necesita otra cosita? De ser así, ¿qué podrá ser la tal cosita? Me encantaría conocer sus respuestas, queridos lectores Sin más, con afecto y siempre a su servicio PANFILO CANDOR RESPUESTAS A LAS ADIVINANZAS (1) Madame Roland, en la guillotina en 1793 – (2) Adam smith, en su libro “La riqueza de las naciones”, editado en 1776 – (3) El presidente Woodrow Wilson, en 1911 – (4) El republicano Albert J Beveridge, en 1898, en una reunión con hombres de negocios

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