La ola cubana en el Auditorio Nacional

jueves, 28 de noviembre de 2002
México, D F-La Ola Cubana se presentó ayer en el Auditorio Nacional El espectáculo comenzó con Yolanda, de Pablo Milanés, interpretada por Vicente Feliú, el grupo Trovarroca, y en los coros Isaac Delgado y Manuel Argudín, cuyos primeros acordes el público premió con su aplauso Con un buen balance de temas, géneros y artistas, el espectáculo fue in crescendo desde las románticas y poéticas letras de temas trovadorescos como Te Perdono, de Noel Nicola, Hacerte Venir, de Amaury Pérez y Créeme, de Vicente Feliú, hasta llegar a los boleros interpretados por una elegante Marta Valdés cuyo estilo de “decir la canción” deleitó al público como lo hiciera en su tiempo el gran Bola de Nieves José María Vitier, sobrino de Cintio Vitier —quien será premiado en la Feria de Guadalajara con el Premio Juan Rulfo de Literatura— nos recordó que lo que sobra en la familia Vitier es el talento al interpretar al piano dos exquisitas piezas de cine: la que compuso para la banda sonora de la película Fresa y Chocolate (fragmentos de la cual se proyectaron mientras Vitier hacía su interpretación) y un danzón que, según su autor, escribió para la película mexicana Salón México Luego de esa primera “oleada” que arrobó al público con las canciones más representativas de la trova y la música cubana y que en ciertas ocasiones éste, agradecido, también cantó, llegaron los soneros Eliades Ochoa, con su gracia de guajiro de pura raza hizo sonreír al público cuando se disculpó por “su falta de desenvolvimiento a la hora de hablar” Luego de la cubanísima franqueza, sin embargo, el público lamentó que los asientos impidieran bailar con la tentadora cadencia y la sabrosura de El Cuarto de Tula y El Carretero El gran Compay, quien arrancó los aplausos más fuertes y los gritos de bienvenida más sentidos, fue el penúltimo de la presentación Con paso lento, custodiado por dos músicos que cuidaban de que su edad noventina no le hiciera una mala jugada, más frágil y delicado que nunca, Compay saludó “a México” con su voz potente y su sonrisa inmensa y comenzó su presentación con un danzonazo de su autoría que nos hizo sentir nostalgia de aquella época en la que el danzón se bailaba en un ladrillito y era el baile de moda en las fiestas de salón Luego, Compay llamó a Omara Portuondo, “la Diva de Buena Vista Social Club” al escenario y juntos hicieron una inolvidable interpretación de Veinte Años, de María Teresa Vera, la primera mujer trovadora de Cuba Compay, como era de esperar, terminó con su famoso Chan Chan Cerró el espectáculo Isaac Delgado, uno de los jóvenes soneros más famosos y queridos en la Isla, quien puso a bailar al público con un popurrit de sones: Mira Lo Bonito Que Es, Juancito Trucupei, El Más Cumbanchero y Un Montón de Estrellas, de Polo Montañez, fallecido la víspera a causa de un accidente y al que los cubanos le dedicaron el espectáculo Mención aparte merece el grupo Trovarroca, cuyos músicos, incluida su vocalista, mostraron tener un dominio magistral de sus instrumentos cuando asombraron a la audiencia combinando, en un instrumental, el son cubano con El vuelo del Moscardón, de Rimsky Korsakov, demostrando así que los músicos de la isla son capaces de interpretar lo mismo una rumba que un danzón o una obra clásica Otro trovador que impactó por su voz potente y bien timbrada fue Manuel Argudín, con composiciones propias que por momentos nos hizo recordar las líneas melódicas de las canciones de su compatriota Pancho Céspedes La Ola Cubana bien merecía un lleno total, pero no sucedió así: un área completa de los mejores asientos permaneció vacía, provocando incomodidad entre los que tuvieron que conformarse con un primero o segundo balcón Detalle aparte, el público mexicano premió con sus mejores aplausos a los artistas y fue recíproco en la simpatía y el amor, sentimientos de los cuales sí estuvo repleto, hasta el colmo, el Auditorio 28/11/02

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