BUZON DE APÓCRIFOS: Estimado colega

martes, 3 de diciembre de 2002
México, D F (apro)- Señor George W Bush, estimado colega de toda mi consideración: ¡Ah, que bueno que el tiempo, con sus vueltas y revueltas, acomode tantas cosas! ¡Ahí es nada! Sí, sus importantes discursos de estos días en Lituania y Rumania, naciones invitadas a formar parte de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), en los que comparó la cruzada que usted actualmente encabeza contra el terrorismo con las pasadas luchas contra los nazis y comunistas, considero que renuevan, limpian y dan esplendor a los títulos que merecí en vida: el de primer vencedor del marxismo ateo y Centinela de Occidente, títulos expresivos de la esencia de mis luchas y persona, lo que según mi parecer y salvo su mejor opinión, claro, me autorizan a considerarme su colega predecesor en el tiempo Sí, sí, no ignoro que cometí un error (¡Oh, pecados de cálculo debidos al tiempo!), ¿Pero qué hombre nos lo comete? Recuerde, Bin Laden y los talibanes recibieron ayuda y visto bueno para sus actividades por mucho tiempo por parte de su país, el campeón de la democracia Bien Al margen de mi error, digo, sus esclarecedoras palabras y hechos avalan la semejanza de nuestras personalidades, con una diferencia, lo admito: que lo que yo conseguí en el pasado en el estrecho espacio de mi país, usted, estimado colega, lo está haciendo a lo bestia, como dirían mis paisanos, es decir, a lo grande Permítame que lo felicite por ello y también porque, sin ser militar como yo lo fui, como yo comprendo, sabe muy bien y mejor maneja el terror y la intimidación, convencido, como yo, que son excelentes armas, mejor que las bayonetas incluso, para socavar la moral del enemigo, acción indispensable en toda guerra a muerte, como las aludidas en sus discursos mencionados, pues por sabido se da que en toda guerra sin cuartel los adversarios se decantan y el perdedor sabe que no sólo perderá la guerra, sino que se perderá a sí mismo y, posiblemente, para siempre, como yo lo tuve en cuenta en el alzamiento militar que encabecé en mi país y me esforcé por llevar a la práctica en los casi cuarenta años que lo goberné, después de mi triunfo ¡Qué bien que en esto de las luchas y cómo llevarlas a cabo coinciden nuestros pensamientos y obras, esto es, que tengan y se mantengan del espíritu darviniano! Por lo que llevo expuesto, mi estimado colega, no le sorprenderá que me encante que su consigna de LIBERTAD DURADERA sea, más que otra cosa, algo así como toda una filosofía de vida que tiene presente más que nada la lucha interminable (¡otro rasgo darviniano!) y que, muy en particular, como viejo soldado, me complazca en extremo que esa su LIBERTAD DURADERA tenga como fundamento y expresión suprema y más contundente y convincente la de las armas, la militar, como lo demuestran sus esfuerzos en pro de la expansión de la OTAN y su manifiesta satisfacción de que por fin se incorporarán a la OTAN siete países que en el pasado tuvieron gobierno comunista ¡Qué triunfo! Como viejo soldado anticomunista, permítame que le exprese mis más cálidas felicitaciones Por si todo lo expuesto hasta aquí no fuera suficiente para vernos como colegas, puedo añadir que se quiera o no se quiera, se reconozca o no, mis casi cuarenta años de gobierno propiciaron y no poco contribuyeron a una transición modélica en mi país, alabada por propios y extraños, y en la que el miedo, que tan bien supe sembrar en el corazón de mis gobernados, hizo posible un pacto entre vencedores y vencidos ¡con continuidad del pasado! (con razón dice el dicho popular mexicano: “El que no transa, no avanza”), por lo que mis nietos, por así llamarlos, han podio y pueden apoyar sin reticencias a las políticas de Washington y buscar, incluso, un mayor alineamiento con las mismas, como lo han probado, por ejemplo, con su beligerancia hacia Fidel Castro, que obligó a la Unión Europea a una posición común más dura contra el régimen cubano, con su apoyo incondicional a la intervención en Afganistán, ayer y hoy con su absoluto acuerdo a su intención de atacar a Irak, estimado colega ¿Por qué lo hacen? Pienso que no me engaño si creo que lo hacen porque han comprendido que tanto su cruzada como la de su abuelo, o sea yo, no es ni fue una guerra contra los pueblos, sino que es y fue, la de usted y la mía, una lucha por su liberación; que su cruzada para nada es y que mi cruzada para nada fue, guerra de conquista, sino de liberación, y si me apuran un poco incluso no dudaría de calificarlas de guerras de redención bueno, con esto cierro la presente, pues no le va bien a un viejo soldado expresar sus sentimientos con palabras Cuente usted, estimado colega, con toda mi incondicional adhesión Dada en el lugar de mi eterno descanso en el Valle de los Caídos FRANCISCO FRANCO

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