Las respuestas de «La Doña»

viernes, 12 de abril de 2002
México, D F (apro)- María Félix intentaba desconcertar a cualquier persona, pero particularmente a los periodistas, sabedora de que sus palabras iban a trascender En ese rejuego de la entrevista, tenía todo el escenario preparado Como aquella noche en que el presidente José López Portillo inauguró la exposición-homenaje a Diego Rivera en el Palacio de Bellas Artes Resulta que "La Doña", como por casualidad, llegó tarde, cuando ya el presidente estaba adentro y el público aguardaba a que terminara de recorrerla para entrar En eso, apareció María en el hall, en el cual los soldados del Mayor Presidencial hacían valla para cuando saliera López Portillo, de manera que la actriz cruzó en medio de ellos, completamente vestida de blanco, y erguida fue subiendo la escalinata hacia la puerta principal, mientras la gente no podía dejar de lanzar estruendosos aplausos Por supuesto, en cuanto entró a la Sala Nacional, "coincidió" con el presidente frente al retrato que Rivera hizo de la diva Cruzaron dos o tres palabras solamente, y los fotógrafos capturaron el momento en que el mandatario señalaba la serpiente dorada que adornaba en el cuadro la muñeca de "La Doña", que sonreía pícaramente Pero no todos los periodistas cayeron en el juego Por ejemplo, Vicente Leñero, como director de la revista "Claudia", le hizo en mayo de 1966 una entrevista en su casa de Polanco En ella no aparece una sola declaración entrecomillada de la actriz En el apretado relato, Leñero prefirió contar de corrido la actitud de la artista antes de dar la entrevista, de modo que el reportaje se convirtió en todo lo que la actriz es antes de sentarse a dialogar con el reportero, y así Leñero libró el escollo principal Ya a dos cuartillas de concluir, el escritor nos anuncia una conversación que nunca tendrá lugar, porque ya lo tuvo de alguna manera en la perorata que la Félix ha lanzado desde que lo recibió y lo condujo a la biblioteca Veamos el recurso del autor: "María sale de la biblioteca rumbo a la sala donde habrá de ocurrir la conversación Ya no necesita del fuete de doña Bárbara porque ahora es, simple y femeninamente: María Con ella va el perfume Joy, de Jean Patou, que la envuelve y hace perdurar su presencia en distintas habitaciones de su casa Por primera vez en la historia del periodismo, la Doña accederá a abrir sus habitaciones a la cámara de una revista No sólo eso: María en persona se ocupará de disponer los extraordinarios arreglos de la mesa del comedor: tenderá su cama, su célebre cama de plata diseñada por Diego Rivera, con los exquisitos e increíbles encajes valencianos confeccionados a mano; permitirá la entrada a su baño de mármoles negros, a su íntimo boudoir" En "María Félix: Yo soy mi casa" --frase tomada de Pita Amor--, Leñero, mediante un artilugio literario engaña al lector y al mismo tiempo consigue poner en el pensamiento de la artista un ritmo sólo posible en el pensamiento, pero que "La Doña" domina con velocidad en el habla cotidiana, lo que hace al reportaje verosímil aunque no haya ocurrido así Por su parte, el también escritor Ricardo Garibay consiguió enfrentar a la artista impidiéndole toda la iniciativa, su arma de fuego Así, en una conversación para Proceso en julio de 1978, el autor de "Beber un cáliz" arrancó inesperadamente, al grado de que la entrevista comienza con el azoro de la Félix, quien intenta responder: Garibay la describe luego del "descontón": "Los inmensos ojos me clavan en el tablero de los insectos probablemente dañinos Siento el temible alfiler traspasándome Me siento incómodamente quieto, transparente Quién sabe qué quiera decir este bicho raro que viene a importunar a la reina en su cálido lujo rosa y amarillo Ni un milímetro se mueven los ojos, ladeada la cabeza, los labios jugando a sonreír, el timbre de contralto flotando todavía en las flores del jarrón, al hilo de los libros "--¿No está clara la pregunta, María? "--Por supuesto que está clara La voy a contestar Como se lleva hoy día el desnudo, la desnudez de la mujer es un tic, una mueca, una simple impudicia "Se yergue Todo en ella es un reto Y el reto parecería gratuito, o innecesariamente frivolidad, mero escaparate si no estuviéramos delante de la mujer que acude a diario a un reto del que debe salir invariablemente vencedora Sobre la mesa de las flores está abierto un pasquín donde ayer apenas la injuriaron y la calumniaron con miseria "--Una simple impudicia --digo-- Sí Dígame más "--¿Por que? "--Porque usted ha aceptado que yo venga a preguntarle cosas Porque la gente quiere saber más de María Félix Porque nunca me han gustado los telegramas" El 11 de febrero de 1996 "La Doña" armó un escándalo porque cuando aceptó la orden al Mérito de Francia, estuvieron a punto de quitársela ya que no pidió al Congreso permiso para recibirla, como indica la Constitución Al joven reportero de "Proceso" que la fue a visitar, Miguel de la Vega, no lo pudo despedazar la Félix simplemente porque el periodista actuó siempre con naturalidad y buena fe Así arrancó todo: "--Dice usted que el pueblo de México sufre, ¿Por qué sufre, María? "La Doña se crece a la pregunta, alza la voz e imita burlonamente la pregunta del reportero: "--´¿Por qué sufre México, María?¨´ Cómo no va a sufrir: le han quitado la fe "Dice que ve a la gente en las calles 'sin apoyo, como sueltos, como perdidos' Afortunadamente, considera, 'tienen a la virgen de Guadalupe' "--¿Usted cree en la Virgen? "--Ay, pero qué cosas dice --responde ahogando la carcajada-- Yo no creo en la virgen, ni usted tampoco, ¿verdad? Cómo voy a creer en la virgen Nosotros no lo necesitamos Pero hay gente que sí necesita creer en algo" Aquí es cuando el reportero logra zafarse: "--Pero cuando las mujeres priístas le rindieron un homenaje el 14 de agosto, usted pidió aplausos para la Malinche, para Sor Juana y para la Guadalupana Hasta criticó al Abad Schulemburg por negar a Juan Diego y las apariciones" Finalmente, cuando en Venezuela se realizó, a finales de 1998, la segunda versión de "Doña Bárbara", la reportera de "Proceso", Susana Cato, solicitó su opinión y La Doña, cuya ironía mortal arrasaba con todo, tuvo que bajar el tono ante el conocimiento del tema esgrimido por la entrevistadora: "No la he visto, ni la veré" Y luego, el desplante La Félix, casi afónica, se sabe única: "--Siempre han querido copiarme, me copió la mujer de Chaplin A ella le gustó tanto mi actuación que hizo 'Enamorada', pero era tan mala que ni su mamá fue a ver la película Me copió todo, trajes, mi manera de caminar, de peinarme?" Y aquí la acotación para meter a la doña de nuevo al tema: "--¿De levantar la ceja también? La nueva Doña Bárbara lo hace "María estalla en una carcajada y pregunta: "--¿Levanta la ceja? "--Las dos "Y vuelve a reír" Claridad en sus objetivos y recursos ante la máquina podían, por lo menos en estos casos, lograr en las entrevistas con María Félix algo más que frivolidad y desplantes

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