BUZON DE APOCRIFOS: Futuro II

miércoles, 17 de abril de 2002
México, D F (apro)- Apreciados padres: en mi anterior les di cuenta de la reunión que tuve con mis alumnos, jóvenes que en su mayoría no demostraron mayor aprecio por el interés que nosotros, sus mayores, tenemos por su porvenir, como les informé Recordemos algunas de sus opiniones Dicen que el amor que les tenemos, por la manera que se lo demostramos las más de las veces, lo sienten como el "derecho de pernada" feudal, es decir, como atropello a sus derechos y violación de sus personas Piensan que la educación que les estamos dando, con eso de la persecución del éxito a ultranza a través de la competencia, les está dando una mentalidad de despiadados "cazadores de cabezas" Consideran que los valores de libertad e igualdad, son simples conceptos sin aterrizaje en la realidad, ya que la inmensa mayoría de ellos, desde niños, se ven forzados a pensar, hablar y obrar conforme a principios de obediencia debida a los adultos, que dirigen instituciones como la familia, iglesias, patrias y hasta empresas, con lo que el ejercicio de su libertad, que debía ser el reino de su ser, se reduce no pocas veces a concesiones, renuncias y hasta sumisiones ante los principios de autoridad, la fuerza o el poder del dinero, concentrados cada vez más en menos manos, por lo que, insolentes, interrogaron: ¿de qué, para qué o de quién es el futuro de niños y jóvenes? Para aplacar y poder encauzar tanta rebeldía, este servidor de ustedes empleó la mejor de las tácticas Me puse de su lado Les dije que comprendía y aprobaba su derecho a cuestionar las propuestas y acciones de sus mayores (muestra de simpatía de los asistentes hacia mi persona) Que con ello no hacían más que seguir la tradición de la juventud de todos los tiempos: la de rebelarse contra el mundo de los adultos (aplausos de mis oyentes) Pero a pesar de todo no debían perder de vista que sus padres y la sociedad en su conjunto, con la educación que les daba, todo lo ambigua que se quiera, con sus contradictorios consejos y actos, no estaban más que preparándolos lo mejor posible para la vida (desconcierto en el auditorio) Que con su discutible autoritarismo, generador de renuncias, sumisiones y frustraciones, los maduros, queriéndolo o sin querer, de manera sesgada, sosteníamos la misma sabia posición que de aquellos ilustres anarquistas que en la última década del siglo XIX, cuando se discutían las leyes para proteger a los niños de trabajos muy duros, como en las minas, exigieron que a los menores se les dejase trabajar como a los mayores, pues debían conocer la cruda realidad del mundo y no ser separados de la comunidad (el asombro gana al público) Teniéndolos en esa situación, consideré pertinente apoyar mis razones con un ejemplo literario para aclararlas Les dije que recordaran que Goethe mató de un disparo a Werther, que reflexionaran por qué lo hizo (la estupefacción pasma a los oyentes) Que el mismo Goethe declaró que ese disparo lo liberó del entusiasmo enfermizo del romanticismo y que podría decirse que todo joven tiene que matar al romántico que es para que nazca? (voces airadas del público de: "¡para que nazca un acomodaticio!", "¡un conformista!", "¡un sumiso!" "¡un cínico!") Con eso, ya no pude decirles a los jóvenes que su aprendizaje de la obediencia, de la renuncia, de la dependencia, les ayudaría grandemente a comprender, admitir y vivir en un mundo donde se dan, por ejemplo, los consensos como los de Washington o Monterrey, en los que se acordó que las naciones y sus habitantes que necesiten de ayuda económica, contarán con la buena voluntad de los países ricos y poderosos; pero ayuda condicionada por la buena conducta sujeta, claro, a juicio de los donantes y siempre que los menesterosos lleven a cabo reformas política, legales y económicas también dependientes del criterio de los donadores Digo, si las naciones tienen que ceder parte de su soberanía, ¿qué les queda a los individuos? Pero no puede seguir hablando, pues los jóvenes ahogaron mi voz con gritos, chiflidos, pataleos y golpes de libros y reglas sobre mesas y asientos Me salí del aula Fue una lamentable experiencia, pero a pesar de la misma pienso que los adultos no debemos atormentarnos y caer en el desaliento ante hechos como ese y otros parecidos Recordemos que no hace tanto tiempo, cuando aún existía el Imperio del Mal, se decía: "El que no es comunista en su juventud, es un rufián, y un imbécil si sigue siéndolo en la madurez", y muchos de nosotros tuvimos la sabiduría suficiente para no ser ni rufianes ni imbéciles ¿No fue así? Por lo tanto confiemos en que nuestros jóvenes también sabrán matar a tiempo al Werther que puedan llevar dentro Sí, ya sé que todo cambia, pero no olvidemos que gatopardescamente, es decir, para continuar igual ¡Animo! Apreciados padres, con esta fundada convicción, queda de ustedes, con afecto, su seguro servidor DOCTOR TRIPLEQUIS

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