COLUMNA/BUZON DE APOCRIFOS: Obstinación

jueves, 9 de mayo de 2002
México, D F (apro)- Atribulada grey católica: les acompaño de todo corazón en la conflictiva situación que últimamente les ha sumido su Iglesia con su acostumbrada obstinación a darle vueltas, en ocasiones hasta darle la espalda, a la verdad Estén seguros de mi afecto, pues es hijo de mi experiencia, muchísimo más vieja que la del más viejo de entre ustedes, por lo que les digo, ¡ánimo y no flaqueen en su fe! ¿Pues qué, es privativo de ese tiempo que les ha tocado vivir el que algunos religiosos al servicio de la Iglesia sean deshonestos y abusen de la credulidad de los fieles? ¡Pues no Recuerden al respecto que entre los mismos doce apóstoles, elegidos por Cristo, hubo un Judas, y quien se escandalice por la traición de Judas y por ello descalifique la enseñanza de Jesús, le hace el juego al discípulo traidor Ahora veamos mi caso Desde ante que este servidor escribiera El Decamerón, obra que debe parte de su fama por haber presentado en ella frailes licenciosos, ya existían hechos históricos que mostraban que había habido --¡y hay!? clérigos, abades, obispos, cardenales y hasta papas que predicaban la palabra de Dios y en la realidad llevaban a cabo acciones muy contrarias a lo predicado Yo me limité a presentar en mi libro tan deplorable conducta de dichos sujetos, no directamente, sino por medio de personajes religiosos imaginados Desafortunadamente, la Iglesia, como institución, en mi tiempo, como en ese de ustedes, tomó un camino equivocado Olvidando que su fundador había dicho "La verdad os hará libres", consideró que era mejor para su prestigio el silencio, aunque para conseguirlo fuera necesaria la mordaza Así, el papa Paulo IV prohibió la lectura de El Decamerón, confinándolo en el "Indice expurgatorio", lo que hizo que en algunos países católicos, por ejemplo en España, no apareciera ninguna traducción del mismo durante tres siglos Felizmente, el tiempo, que todo lo depura y esclarece, fue poniendo las cosas en su lugar Hoy El Decamerón, es una de las obras maestras de la literatura universal, poniendo en evidencia que ni el silencio ni la mordaza, a la larga, sirven de nada ante la verdad de los hechos Considero que esta experiencia personal me permite decir y sostener, por lo menos, que es sorprendente y lamentable que la Iglesia, que presume de sabia por esencia, y por vieja, insista y persista en tal equivocación, la del silencio, ante un hecho ya viejo en su existencia dos veces milenaria, la de que en su seno ha tenido y tiene algunos servidores lujuriosos, es decir, adeptos al torpe apetito de los placeres de la carne; lujuria sin freno ante la pedofilia; lujuria que no se detiene ante el estupro, la violación de una menor de edad mediante engaño o abuso de confianza; lujuria que no retrocede ante la pederastia, a las prácticas homosexuales entre un adulto y un niño Este no abrir la boca, no despegar sus labios ante tan atroces hechos, veo con terror me lleva más lejos Pienso azorado que, con ese su silencio ante la pedofilia de algunos de sus servidores, la Iglesia puede que esté cometiendo un pecado capital, mortal, pues puede que esté pecando contra ella misma, pues puede que esté con ello atentando gravemente contra la ley de Dios ¿Estoy delirando? Lo admito, pero? Recuerden y no olviden: su fundador, Jesús, amaba con ternura a los niños y exigía para ellos el mayor respeto y veneración Recuerden y no olviden: Jesús dijo que de los niños era el Reino de los Cielos Recuerden y no olviden: de Jesús son estas terribles palabras: "Y el que escandalizare a uno de estos pequeñuelos, mejor le fuera que le ataran una piedra de molino al cuello y lo arrojaran al mar" ¡Ay! Con terror recuerdo que la misma Iglesia dice que todo pecado mortal es cabeza de otros y por ello tiemblo nada más pensar que con ese su silencio cómplice, encubridor de la pedofilia de alguno de sus servidores, de su obstinación por lavar los trapos sucios en casa, la Iglesia pueda faltar el primero de los mandamientos de la ley de Dios, pues demuestra con ello que más bien se ama a sí misma más que a otra cosa Que dicha falta la pueda llevar al pecado de soberbia Pecado que la pueda privar de los llamados Dones del Espíritu Santo, como el de Entendimiento, Sabiduría y Temor a Dios, por mencionar algunos Sí, nada más pensar lo anterior, como cristiano viejo que soy, me hace sudar frío Ojalá que por el bien de todos, esté delirando, que desatine Que todo lo que he escrito en la presente no sea más que producto de mi imaginación Amén Giovanni Boccaccio

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