DICCIOMANIA: ¿Argentinización? Fuera bueno

lunes, 1 de julio de 2002
México, D F (apro)- Si al secretario de Hacienda, Francisco Gil Díaz, le interesara probar que conoce el origen de la palabra "argentina" --que en latín significa "plateada"--, en lugar de amenazar con lo que los medios llaman la "argentinización" de México, como una muestra de ingenio --que no le conocemos--, este funcionario podría decir que lo que hará es "desargentinizarnos" Es decir, que va a dejarnos sin plata Y sería mejor si la amenaza de Gil Díaz encerrara una ironía sólo semántica, pero resulta que también suena como una contradicción económica en la que, para evitar que una crisis como la argentina --que produjo una devaluación de hasta un 400 por ciento-- en México hay que empezar devaluando el peso, mismo nombre de la moneda argentina, a la que por cierto también le dicen "plata" Porque más allá de las contradicciones entre Gil Díaz --que el 21 pasado advirtió a los legisladores que en México había una situación fiscal como la Argentina-- y el presidente Vicente Fox --que el mismo día desmintió el riesgo--, el gobierno mexicano tiene claro que si se vislumbra una crisis como la argentina, el primer recurso será hacer lo que allá no era posible, es decir, devaluar la moneda Al respecto, un boletín del Banco Mexicano de Comercio Exterior --titulado "México, ¿en riesgo de argentinización?"-- dice que los factores que hacen la diferencia entre nuestras condiciones económicas y políticas y las que antecedieron a la crisis de Argentina son, en primer lugar, "un régimen de tipo de cambio flexible, que ha demostrado ser adecuado para absorber los choques externos imprevistos sin afectar los fundamentos macroeconómicos"? O sea, devaluación o crisis como la argentina ¿Sería por eso que el dólar rebasó los diez pesos mexicanos por unidad el mismo día de la advertencia de Gil Díaz? Pero volvamos a la ironía semántica del riesgo de una "argentinización", término que recorre no sólo México, sino Latinoamérica entera como sinónimo de una crisis económica de gran magnitud, como la que estalló en Argentina en diciembre del 2001 (dicho en palabras del sociólogo panameño Olmedo Beluche, "la argentinización designa la crisis terminal del neoliberalismo, el modelo económico impuesto al mundo por Estados Unidos") Y así, a pesar de que el término "argentinización" se usa para designar un estado nacional caracterizado principalmente por la falta de dinero, la ironía inicia con el origen etimológico de la palabra "argentina", que deriva de "argentum" --"plata", un mineral que desde 1530 empezó a enviarse en tal abundancia del cono sur a España, que dio nombre a varios puntos de aquel territorio, del río de la Plata --que desemboca frente a Buenos Aires-- al Virreinato formado en 1776 y llamado del Río de la Plata Como alusión a esta abundancia, la palabra "Argentina" apareció por primera vez publicada en 1602, cuando un soldado poeta, el español Martín del Barco Centenera, escribió un largo poema titulado "Argentina y la conquista del río de la Plata, con otros acontecimientos de los reinos del Perú, Tucumán y estado del Brasil" A partir de ese poema, dice el historiador argentino Luis Alberto Romero, el nombre "Argentina" circuló con suerte variada hasta principios del siglo XIX, sobre todo entre poetas de la época como Manuel de Lavardén, Esteban de Luca y Juan Cruz Varela, quienes "empeñados en construir para Buenos Aires una raigambre y un prestigio antiguos, popularizaron el adjetivo, de sabor latino" Para 1807, agrega Romero, Vicente López y Planes escribió El triunfo argentino, para cantar la gloria de la defensa de Buenos Aires en 1807, y desde entonces el nombre se popularizó en periódicos como La Prensa Argentina, La Abeja Argentina, El Triunfo Argentino, etc Pero quizá por evitar una ruptura con el viejo orden colonial, la alusión al valioso mineral se mantuvo aún en el surgimiento de la nueva nación que, en mayo de 1810, se independizó con el título de Provincias del Río de la Plata, para un año después llamarse Provincias Unidas del Río de la Plata Mientras tanto, agrega Romero, el más poético nombre de "Argentina" seguía abriéndose camino y penetraba en el vocabulario institucional hasta que, en 1823, la Asamblea aprobó el Himno Nacional, que proclamaba "Al gran pueblo argentino ¡salud!", y en 1826 el Congreso de las Provincias Unidas creó para Bernardino Rivadavia el cargo de presidente de la República Argentina, que después sancionó una constitución con el mismo nombre Años después se formó una Federación Argentina y después una Confederación Argentina hasta que, en 1860, se adoptó oficialmente el nombre de República Argentina, como se llama hasta hoy El historiador agrega que en aquel país se acostumbra agregarle un artículo "la" al nombre propio --que frecuentemente es llamado "La Argentina"-- tal vez, dice, porque tal como lo escribió Del Barco Centenera, se trata de un adjetivo que alude a un siempre prometido futuro de abundancia? Por eso decimos que el neologismo de corte socioeconómico "argentinización", y que ahora recorre el mundo como amenaza, no debería, entonces, espantarnos Al contrario Una improvisada traducción literal de esta palabra sería "platización", y entonces lo que Gil Díaz podría advertir sería la "desargentinización" del país, que, por lo demás, ya está dada ¿O no?

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