BUZON DE APOCRIFOS: Dinosaurios

lunes, 8 de julio de 2002
México, D F, (apro)- ¡Ay, queridos lectores!: ¡Cuidémonos, porque los dinosaurios, los lagartos terribles, están entre nosotros, en acecho para aniquilarnos! Como todo lector, este servidor era un hombre feliz, pues creía que el reinado de los grandes reptiles que aterrorizaron a la vida en las cálidas selvas y en las llanuras cenagosas, eran un horror del pasado sólo posible en el presente en las pesadillas, en los malos sueños Hoy, por culpa de mi vicio, la lectura, estoy tan estupefacto y aterrorizado como el protagonista del célebre cuento de Tito Monterroso, que comprobó que "cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí" Monterroso no es el único culpable de mi pánico El mismo se debe principalmente a la relectura que hice en estos días de un ensayo de Bertrand Russell, titulado "LA CONQUISTA DE LA FELICIDAD" ¡Carajo, a qué situaciones puede llevar la libre asociación de ideas suscitada por la lectura! Vean mi caso: el releer "LA CONQUISTA DE LA FELICIDAD" me ha sumido en la angustia y el temor Pero vayamos por pasos Resulta que el filósofo ingles, en uno de los capítulos de su libro, con ejemplos irrefutables, muestra y demuestra que lo que la gente entiende por "lucha por la vida", no es más que la lucha por el éxito, ya que en nuestra sociedad el que no lo consigue, es considerado un infeliz, es decir, un ciudadano de segunda, tercera o cuarta categoría, y afirma que si el hombre típico de hoy persigue, ante todo, el ganar dinero, se debe a que el dinero es la medida más visible y aceptada del talento en el mundo actual Dice que esta filosofía de vida lleva al exceso del culto y cultivo de la voluntad, sobre y en detrimento de los sentidos, la sensibilidad y el entendimiento, y señala que el espíritu protestante, en especial el puritano, es el culpable de tal filosofía de la vida, y considera a dicho espíritu protestante o puritano dinosáurico, esto es, propio de un gran reptil, ya que como sus prototipos prehistóricos, por ser más apropiado a su naturaleza, prefiere el volumen y la fuerza sobre la sensibilidad, sentimientos y la inteligencia ¡P?a su mecha, qué corolario para el libro "LA ETICA PROTESTANTE Y EL ESPIRITU DEL CAPITALISMO", del alemán Max Weber! ¿O no? Confieso que este punto de la relectura del ensayo de Russell es el causante de mi estupor, angustia y miedo, pues al instante toda una libre asociación de ideas, generada por lecturas anteriores, me hizo recordar que cualquier tratado de la vida en la Tierra informa que la mayoría de los reptiles, del pasado y del presente, como animales de sangre fría, no tienen mayor cuidado de sus huevos, los abandonan para que los empolle el sol; que el reptil recién nacido, por lo general, no tiene conocimiento de sus padres; que su vida mental, la que sea, comienza y termina con sus propias experiencias; que puede tolerar la existencia de sus congéneres, pero que no tiene ni busca la comunicación con ellos, ni es capaz de concertar acciones en beneficio de los mismos, ya que todas las que lleva a cabo persiguen su propio beneficio ¡Será por ello que la sabiduría popular llama lagarto al hombre astuto, taimado, y reptil al vil y rastrero? Es para pensarse Como decía, cualquier tratado de la vida en la Tierra destaca que con los animales de sangre caliente, en especial con los mamíferos, especie a la que pertenecemos, un nuevo tipo de vida más cálida, efusiva y sofisticada, surgió en el planeta, pues con ellos se dio, aunque fuera por necesidad de sobrevivencia, una mayor atención a las crías, lo que generó una asociación más fuerte entre las mismas y sus progenitores; asociación que hizo posible el aprendizaje por imitación, la interdependencia, el contenerse, el considerar a los otros individuos y hasta concertar acciones en beneficio del grupo Insisto Esa libre asociación de ideas, suscitadas por lecturas, es la culpable de mi estupefacción y terror, pues el leer libros como los de Russell y Weber, y otros parecidos, me muestran y demuestran que los dinosaurios, esto es, los amantes, perseguidores, dueños y manipuladores del capital, están todavía entre nosotros ¡Con razón algún ingenioso los ha bautizado con el nombre de "empresaurios"¡ ¿Dudan de lo escrito? Miren a su alrededor y díganme si, como pronosticó Russell hace más de 70 años, en nuestro tiempo no se están resolviendo problemas más por la fuerza que con la inteligencia, más con la brutalidad que con el entendimiento, como lo hacían en el suyo los dinosaurios ¿Afganistán y el Medio Oriente no son una buena muestra de ello? Díganme también si, como predijo Russell hace tantos años, la competencia y el afán de ganar más y más, no están envenenando en nuestro tiempo el trabajo, el descanso y hasta las distracciones; díganme si no tuvo razón al pensar que la sobreexcitación producida por todo lo citado, llevaría a gran parte de nuestro futuro, a gran parte de nuestros jóvenes, a un consumo generalizado y creciente de la droga ¡Ay, cofrades en el hábito de la lectura! El descubrimiento de que todavía están entre nosotros los dinosaurios, cuyo paradigma son las grandes compañías supranacionales financieras, industriales y de servicios, para nada me hace feliz, sino todo lo contrario Por haberlo sabido en la lectura, pienso si mejor sería no leer y, si se lee, leer ante todo pornografía que, según han dicho voces autorizadas, es lo que la mayoría parece que consume ¿Lo harán por ser lectura que distrae, excita, complace y no inquieta y angustia? Es para pensarse, ¿no creen? Con esta duda, reflexiones e interrogaciones, cierra la presente su servidor y amigo PANFILO CANDOR

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