REPORTAJE: Marlon Brando y las evocaciones de su amigo Elia Kazan

lunes, 6 de octubre de 2003 · 01:00
*Al cineasta le llamaban “Gadg”, que es “artilugio” *Manipulador de actores, enfrentó a Anthony Quinn y al actor de “Viva Zapata” México, D F, 6 de octubre (apro)- El galardonado actor Marlon Brando y el director cinematográfico Elia Kazan, quien falleció el domingo pasado a la edad de 94 años, fueron más que compañeros de trabajo y buenos amigos Brando recuerda el grado de intimidad que tenía con Kazan, a quien llama con el apocope “Gadg” (“inventor de cachivaches”, “artilugio” o “chisme”), y lo evoca como “el director de la clase más extraña” que jamás conoció: “En la mitad de mi vida pasé mucho tiempo en busca de algo a qué dedicarme, algo que diera más sentido a mi existencia Elia Kazan afirmó que alguna vez declaré: ‘Aquí estoy, un fracasado de mediana edad y calvo Cuando actúo me siento como impostor Lo he intentado todo: coger, beber, trabajar, y nada de eso significa nada para mí’ “No recuerdo haberlo dicho; pero es posible que lo hiciera Con tanto prejuicio, discriminación racial, injusticia, odio, pobreza, hambre y sufrimiento en el mundo, actuar en películas parecía cada vez más estúpido y divorciado de la realidad” Brando biográfico Brando supo de Kazan cuando éste pretendía montar “Un tranvía llamado deseo”, obra teatral de Tennessee Williams cuyo título original era “Noche de póker”, para la cual había elegido a Jessica Tandy como Blanche DuBois; pero le faltaba el protagonista masculino en el papel de Stanley Kowalski y cuando el dramaturgo conoció a Brando (quien entonces tenía 23 años de edad) éste obtuvo el rol gracias a su porte (Williams era homosexual) Era la segunda cinta de Brando “Un tranvía llamado deseo” se estrenó en el Ethel Barryore Theatre de Nueva York, el 3 de diciembre de 1947, y fue llevado a la pantalla grande con Brando y Vivien Leigh (como DuBois), dirigidos Kazan Recuerda Brando en sus memorias “Las canciones que mamá me enseñó” (con Robert Lindsey, Grijalbo 1994): “Elia Kazan era un director fuera de serie Durante el rodaje él dirigía una escena de amor entre Karl Malden y Vivien Leigh, desde detrás de una cámara colocada en una plataforma rodante Mientras ellos actuaban delante de la cámara, Gadg estaba sentado en la plataforma e inconscientemente actuaba con ellos: movía las manos igual que ellos, levantaba los pies, apretaba las rodillas, movía los labios al mismo tiempo que Karl, luego al mismo tiempo que Vivien, adoptaba la expresión y hacía los ademanes de los personajes, levantaba las cejas, fruncía los labios y sacudía la cabeza Al final se puso tan nervioso que empezó a morder el sombrero “Jamás he visto ningún director que viviera las escenas tan intensamente como Gadg Lo sorprendente en él era que, una vez concluida la secuencia, se daba cuenta de los defectos y había que repetirla Gadg nunca se afeitaba del todo, utilizaba una máquina eléctrica y por alguna razón siempre tenía restos de barba en la mandíbula En ‘Un tranvía llamado deseo’, primero en la obra y luego en la película, descubrí que era el director más raro de todos y que tenía la agudeza necesaria para saber cuándo dejar solos a los actores Comprendía intuitivamente lo que ellos podían aportar a la interpretación y les daba libertad Luego retocaba y daba forma a la secuencia hasta que resultaba satisfactoria” Brando ha trabajado con multitud de productores cinematográficos y asegura: “De todos los directores de actores que conocí, Gadg era, con mucho, el mejor Gadg, quien llevaba ese apodo por su afición a los artilugios, es el único que me ha estimado de verdad; se metía en el papel conmigo y prácticamente lo interpretaba conmigo Antes de ser director había trabajado como actor en el Group Theatre, y creo que esto le proporcionó una gran comprensión Crear emociones en un actor es una tarea muy delicada La mayor parte del tiempo uno debe llevar el papel en el bolsillo de atrás, ensayando a conciencia y presentarse en el escenario después de ensayar detrás de las cámaras Gadg sabía cuándo intervenir tras unas cuantas tomas y decir algo que provocara en uno una fuerte emoción, y la mayor parte de las veces conseguía el resultado que buscaba Era un verdadero manipulador de lo sentimientos de los actores, extraordinariamente inteligente y quizás nunca habrá otro como él” El terrible Gadg Brando acepta que la interpretación ha evolucionado a través de las épocas: “En el cine a veces hacen falta varios o muchos intentos para conseguir la más adecuada; puede ocurrir que uno no encuentre su ritmo hasta la tercera o cuarta toma Gadg lo sabía; tenía paciencia y lograba la mejor interpretación en cada toma Algunos directores no quieren que uno improvise; son demasiado inseguros o muy inflexibles para captar las posibilidades No soportan la improvisación, pues están atrapados en una personalidad inestable o bien, como Bernardo Bertolucci (quien posee un alto grado de sensibilidad y sintoniza delicadamente con el actor), estimulan la improvisación, pero no aportan nada a la interpretación, pues confían en que el actor les ofrezca todo su arte “Gadg era diferente: elegía buenos actores, los estimulaba a que improvisaran y luego mejoraba la improvisación Comprendía que cada intérprete tiene que proporcionar al papel su propia inspiración y caracterización; daba libertad a los actores y se sentía complacido y entusiasmado cuando conseguía algo bueno Siempre participaba emocionalmente en el proceso y sus instintos eran perfectos A veces se quedaban expresados con una breve frase pronunciada en el momento adecuado, y a veces me inspiraba con su sola presencia porque confiaba en su criterio” Cuando se planteaba una secuencia, Kazan solía decir al elenco: “Ustedes trabajen la escena, luego tráiganmela y muéstrenme lo que han hecho” Brando se retiraba con los demás actores, ensayaba la escena y al final le mostraban a Kazan lo que consideraban lo que era “real” para ellos Kazan aceptaba la escena o los corregía “Casi pedía que discutieras con él, pero nunca se trataba de ver cuál era la opinión que predominaba Solíamos tener discusiones muy creativas sobre cómo había que interpretar las secuencias Poseía convicciones muy firmes y se aferraba a ellas, a menos que uno el demostrara que estaba equivocado Podía llevarle la contraria y decirle que estaba equivocado, sin que nunca se lo tomara a mal Tenía la sensatez de apartar su ego de la conversación, y si uno lo convencía de que él estaba equivocado, permitía hacer lo que uno quería Si uno demostraba que tenía la razón, él estaba encantado “‘Por Dios --le decía yo-- no puedes hacer eso; no funcionará la gente no lo creerá No sirve Nadie se comporta de esa forma, pero está bien: lo intentaré a tu manera’ Y luego se decidía en la sala de montaje” ¡Viva Zapata! Tras “Un tranvía llamado deseo”, Kazan pidió a Brando protagonizar “¡Viva Zapata!” película que pensaba dirigir en base a un guión de John Steinbeck (“Las uvas de la ira” y “La fuerza bruta”) Recuerda el actor de “El padrino”: “Era una película bastante buena, pero creo que Gadg cometió el error de no exigir a todos los integrantes del reparto que hablaran con acento mexicano Yo imité un poco ese acento, aunque no del todo bien, y la mayoría de los demás actores hablaban el inglés corriente, lo cual resultaba artificioso “Tony Quinn (Anthony Quinn), a quien admiraba profesionalmente y me caía bien en el plano personal, interpretaba el papel de mi hermano Durante el rodaje se mostró sumamente frío conmigo En las escenas donde aparecíamos juntos notaba su hostilidad, y si le proponía ir a tomar una copa después de trabajar en la filmación, me rechazaba la invitación o se mostraba huraño y hablaba poco Sólo algunos años después supe por qué…” “¡Viva Zapata!” fue producida en 1952 por la 2Oth Century Fox y hasta que no fue un éxito, Darryl F Zanuck --el productor del estudio donde se rodó-- no mostró entusiasmo alguno por la película Así lo evoca Brando: “Zanuck, un individuo de aspecto absurdo, guardaba un sorprendente parecido con el ‘Conejo de la Suerte’, Bugs Bunny; cuando entraba en un lugar sus dientes aparecían tres segundos antes que él Además, tenía una opinión demasiado buena de sí mismo… “Cuando rodamos ‘¡Viva Zapata!’ se quejó todo el tiempo de Gadg por el color de la piel de la actriz Jean Peters, mi novia en la cinta Era un fanático de la vieja escuela de Hollywood, según la cual los estudios escogían blancos para que actuaran como negros o asiáticos No paraba de advertir a Gadg que Jean se veía demasiado oscura en las primeras pruebas y de que nadie compraría una entrada para ver una película cuya protagonista no fuera blanca La obligaba a cambiarse constantemente de maquillaje y le ordenaba a Gadg que volviera a rodar las secuencias con diferente iluminación para que ella no pareciera tan prieta” Experto en meterse con mujeres ajenas, Brando trató de conquistar a Jean Peters, quien por entonces salía con el archimillonario Howard Hughes Jamás logró eludir a sus guardias de seguridad para conquistar a la principal actriz de “¡Viva Zapata!” Ya desde los años 30, varios integrantes del Group Theatre, incluido Gadg se afiliaron al Partido Comunista, sobre todo, por la creencia idealista de que ofrecía un enfoque progresista para acabar con la Depresión y la creciente injusticia económica en Estados Unidos Después de “¡Viva Zapata!”, Gadg invitó a Brando a trabajar en la cinta “Nido de ratas” El Comité de Actividades Antinorteamericanas mandó citar a Kazan cuando recibió la invitación a “Nido de ratas”, rememora Brando: “Su testimonio lo perjudicó muchos años Gadg no sólo admitió haber sido comunista, sino también dio los nombres de todos los demás individuos del Group Theatre que eran comunistas Muchos de sus viejos amigos se pusieron furiosos, calificaron el testimonio como acto de traición y se negaron a dirigirle la palabra o trabajar más con él… “La actuación de Gadg fue muy estúpida, pues la mayoría de las personas que denunció ya no eran comunistas También habían quedado incluidas en las listas negras muchas personas inocentes, entre ellas yo, que jamás había tenido filiación política de ninguna clase… Gadg debía justificar lo que había hecho y fingió creer sinceramente que existía una conspiración global que se apoderaría del mundo, y que el comunismo era una seria amenaza para la libertad de Estados Unidos Al igual que sus amigos, me explicó que había militado en el comunismo porque en aquel momento parecía prometer un mundo mejor; ¡pero abandonó sus filas al informarse mejor! Hablar con sinceridad ante el Comité desafiando a sus anteriores amigos que no habían abandonado la causa fue una decisión tremendamente difícil, dijo, pero aunque sus amigos habían renegado de él, no se arrepentía de lo que había hecho” Al final, Brando decidió trabajar en “Nido de ratas” que resultaba ser una metáfora de Kazan y Budd Schulberg para justificarse por haber delatado a sus amigos “Gadg era el director a quien correspondía cambiar la forma en que se rodaban las películas… Contrató a estibadores como extras, rodó la mayor parte de la cinta en la zona más ruinosa del puerto de Nueva Jersey y la ironía fue que tuvo que conseguir permiso de la mafia para rodar en ese lugar Cuando lo invitaban a almorzar, iba con él, pues deseaba que fuera… Aunque Gadg entregó a sus amigos en tema del comunismo no vaciló ni una sola vez por tener que cooperar con la Cosa Nostra” Aquí salta el peine de por qué Anthony Quinn y Brando no se llevaron en ¡Viva Zapata!: “Una de las razones por las que Gadg era un eficaz director de actores es que podía manipular las emociones de la gente Intentaba averiguar todo acerca de los actores y participaba emocionalmente en todas las secuencias Se acercaba entre una toma y otra y decía algo para suscitar en uno las emociones adecuadas a la escena; sin embargo, al aplicar su método no vacilaba en cometer travesuras “En ‘¡Viva Zapata!’ yo interpretaba al hermano mayor de Tony Quinn y él le contó a Tony algunas mentiras acerca de lo que, supuestamente, yo había dicho a sus espaldas Eso agudizó el estado de ánimo de Tony y fue muy bueno para la película porque sacaba a la luz el conflicto entre ambos hermanos; desgraciadamente nunca se molestó en decir a Tony que había inventado tales comentarios “No me enteré sino hasta quince años más tarde, cuando Tony mencionó el tema en un programa de entrevistas Lo llamé por teléfono y le expliqué que nunca había dicho aquellas cosas y que Gadg lo había manipulado Fue un alivio poder aclarar un engaño de quince años A partir de entonces, Tony y yo comenzamos a hablarnos otra vez” Brando se dio cuenta que Elia Kazan era un maravilloso director de actores; pero “había que pagar un precio”

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