ADELANTO DE LIBROS: Arturo Reyes Fragoso, "Dos artistas en pantalón corto. Ibargüengoytia y Felguér

lunes, 17 de noviembre de 2003
México, D F, 17 de noviembre (apro)- En 1993, el joven scout Arturo Reyes Fragoso (DF, 1967) demandó a la Asociación de Scouts de México AC, de la que formaba parte, por haber retirado de la circulación su primer libro Cuentos de una noche de campamento, que antes la misma asociación le había aceptado publicar no sin cierta reserva Esta demanda fue ganada por Reyes Fragoso (la historia fue contada a este reportero y publicada en Proceso 864, en mayo de aquel año), quien por entonces ya planeaba otro libro que acaba de aparecer: Dos artistas en pantalón corto: Ibargüengoitia y Felguérez, scouts, acerca del paso que tuvieron por los "boy scouts" estos artistas mexicanos: el escritor guanajuatense Jorge Ibargüengoitia, y el pintor zacatecano Manuel Felguérez Ambos fueron amigos mutuos desde su primera juventud y, gracias al escultismo (deporte que practican los aficionados a la exploración, al alpinismo y otros ejercicios de educación física), vivieron aventuras extraordinarias, como la que narra el autor en el capítulo "Cocteles volcánicos, expediciones selváticas" Dicho capítulo describe el viaje que Felguérez realizara en 1949 como estudiante de arqueología a Bonampak, Chiapas, ruinas y frescos mayas que no llevaban muchos años de haber sido descubiertos Este conmovedor relato lo incluye en uno de los nueve apartados del libro de 68 páginas, publicación de Editorial Praxis, 2003 Cocteles volcánicos, expediciones selváticas Tiempo después, Ibargüengoitia secunda la idea de Felguérez de fundar un grupo propio: el XVII, convirtiéndose así en sus propios dirigentes Las reuniones con los muchachos se hacían en una casona porfiriana de la calle de Berlín, en la colonia Juárez, propiedad de la abuela del pintor zacatecano --Eran en un cuarto al fondo, como cochera --relata Rodrigo Moya, exdirector, fotógrafo y escritor radicado en la ciudad de Cuernavaca, Morelos-- Éramos un grupo de elite muy pequeño, unos ocho muchachos divididos en dos patrullas: lechuzas y zorros, entre los que se encontraban tres de los hermanitos García Ponce: Juan, el escritor; Fernando, el escultor, que era de los más pequeños junto conmigo, y Carlos, que fue muy irregular La pareja de amigos volcó su vasta experiencia y conocimientos escultistas para dirigir y adiestrar a sus nuevos subordinados, en lo que a la distancia puede interpretarse como una dulce venganza hacia los dirigentes que con anterioridad trataron de hacerles la vida imposible --Nos encantaba ir a los campamentos nacionales con la tropa a ganar --reconoce Felguérez-- Preparábamos todo muy bien, éramos grandes constructores, acampábamos en los árboles, todo tipo de hazañas muy llamativas Por su parte, Rodrigo Moya rememora la siguiente anécdota: "El campamento más extraordinario que recuerdo fue uno a la presa de Necaxa que duró toda una semana A cincuenta metros de nuestra tienda, con algunos árboles de por medio, estaban los "rovers" Manuel, Coque Ibargüengoitia y un muchacho alemán que se apellidaba Ach en una tienda de esas primitivas que se tendían con un mecate de árbol a árbol, poniendo encima la lona sujetada con estacas al piso, donde hacías tus drenes para la lluvia "Una noche empezamos a oír gritos y aullidos Lo que pasó es que, a pesar de los puristas que eran, permitían echarse sus tragos; ya con unas copitas de vino encima y en la plena alegría, Ach, que era muy bueno con el cuchillo, dijo: ?A que le doy a la cuerda que sostiene la tienda? ?A que no le das?, le contestaron Tiró el cuchillo, le dio a la cuerda, la partió, la tienda cayó encima de la Primus que tenían adentro para alumbrarse y se incendió La tienda se arruinó y Ach salió con algunas quemaduras Se regresó a México a la mañana siguiente con otros dos o tres que lo acompañaron" Para el año de 1949, Felguérez abandona las actividades académicas arriba mencionadas para estudiar arqueología; también se "asocia" con uno de sus compañeros de clase, Jorge Wilmut, para dedicarse a la búsqueda de piezas prehispánicas y su posterior venta a coleccionistas particulares --Íbamos a las ladrilleras de Copilco a preguntarle a la gente si no habían encontrado "figuritas" que nos vendieran ?relata el pintor-- Nos las daban a peso Una de ellas me la llevé a Nueva York, camino al Moot de Noruega que se celebró ese mismo año, para venderla en una galería Me dieron cincuenta dólares por ella, con los que financié mis gastos de viaje La idea era aprovechar los conocimientos campistas del zacatecano para la realización de expediciones de mayor envergadura Los pormenores de una de ellas aparecen publicados a mediados de ese año en sendos números de la revista "Escultismo", en una extensa crónica firmada por Felguérez, donde relata un viaje realizado a las ruinas de Bonampak, descubiertas apenas tres años atrás por el antropólogo estadunidense Carlos Frey y un fotógrafo de apellido Healy, en las profundidades de la Selva Lacandona --En realidad iba con Jorge (Wilmut) en calidad de acompañante de dos señoras europeas de mucho dinero que teníamos por clientes Ellas tenían ganas de conocer las ruinas y se pusieron de acuerdo con Frey para que las recibiera allá El texto narra su arribo a la ciudad chiapaneca San Cristóbal de las casas, procedentes de la Ciudad de México, donde inician el recorrido Una semana les lleva a cubrir el primer tramo del trayecto, atravesando los poblados de Tenejapa, Cancuc, Guanaquitepec, Chilón, Yajalón y Salto de Agua: "? Se pasa, por lo regular, un pueblo por día, y nosotros por cargar, pues llevábamos las mochilas muy pesadas, no llevábamos comida, así que tomábamos una comida al día y a veces ni eso; pero cada vez que encontrábamos una aldea india, nos acercábamos con el objeto de que nos vendieran comida, y además para observar mejor sus costumbres Esto resultó bastante difícil, pues si no llegábamos a la hora en que los hombres regresaban del trabajo, las mujeres huían al vernos Cuando lográbamos hablar con algún hombre (a veces teníamos suerte de encontrar a alguno que hablara un poco de español), éste sí nos vendía comida, casi siempre frijoles de 2 a 4 cm de longitud solamente hervidos y sin sal Además, unas 20 tortillas, naranjas, plátanos y aguacates ¿El precio? 25 centavos por los dos" Selva y mameyes Felguérez registra sus impresiones ante el sincretismo religioso de la religión, al contemplar el imponente Cristo venerado dentro del ruinoso templo de Cancuc, ennegrecido por el humo de numerosas velas mientras, a sus pies, varios fervorosos indígenas entonan monótonas letanías en su lengua, tendidos boca abajo en el piso Poco a poco, el clima frío y la vegetación montañosa, característicos de las tierras altas de Chiapas, va transformándose en una sofocante exuberancia selvática El tramo comprendido entre Salto de Agua y la población tabasqueña de Tenosique lo recorren por vía férrea a bordo de un armón Un aeroplano les acortará el trayecto hasta Agua Azul, campamento maderero levantado en las márgenes del Alto Usumacinta, en la frontera guatemalteca, donde visitan las cercanas ruinas de Yaxchilán De vuelta a Agua Azul, el "rover" y sus acompañantes aguardan la llegada de otro aeroplano que los trasladará a las inmediaciones de Bonampak, que aterriza luego de varios días de espera Es un aparato de la Secretaría de Comunicaciones, donde viaja el propio Frey Éste se encontraba inmerso en los preparativos para recibir a la expedición enviada por el Instituto de Bellas Artes para estudiar las ruinas y sus murales, los más importantes de la cultura maya; entre los integrantes se encontraban Fernando Gamboa, Julio Prieto, Raúl Anguiano, Manuel Álvarez Bravo y el arqueólogo Carlos R Margain Felguérez ayudaría a Frey a acondicionar la pista de aterrizaje en un descampado cercano a Bonampak, donde éstos arribaron semanas después Terminada su labor, el grupo inicia tres días de caminata soportando el calor y el asedio de los insectos, pescando, cazando y recolectando frutos para alimentarse En esta parte del trayecto la selva decide jugarle una mala pasada al artista zacatecano "?Desayunamos ligeramente y a las cinco de la mañana emprendemos el camino hasta ya entrada la tarde, sin comer nada, pues no encontramos agua y el arriero que lleva las provisiones se ha adelantado A eso de las cinco de la tarde veo a un lado del camino unos mameyes tirados y los voy a recoger Regreso sobre el camino y sigo en busca de mis compañeros durante 10 minutos y, al no alcanzarlos, me entra el temor de haberme perdido Al llegar a un arroyo seco veo que no hay huellas de mula y sí en cambio una que puede ser de chango o de perro, pero que a mí como estoy nervioso, me parece de tigre Decido regresar corriendo y pensando con calma descubro un lugar en el que recuerdo haber ido con ellos En este momento empieza a entrar la noche y con ella toda la sinfonía del crepúsculo de la selva, mientras yo estoy con el oído alerta para ver si oigo gritos de mis acompañantes Oigo que alguien me grita y contesto repetidas veces, pero me convenzo de que la voz es de algún ave de la selva Al rato empieza el zumbido de las chicharras, pero por miles, y el zumbido que oigo ya no sé si es en la selva o dentro de mis oídos Poco a poco empieza a cesar ese ruido a medida que entra la noche, ese ruido que tan hermoso me había parecido en otras ocasiones y tan infernal en ésta Cuando estoy por dormirme oigo un grito gutural Contesto y me contestan Entonces apago mi fogata, me pongo la mochila y corro en esa dirección y al doblar un recodo de la selva encuentro dos extraños seres humanos alumbrados por unas antorchas que, con voz cavernosa, me llaman "¡Manuel!"" Paso a la muerte Ante su sorpresa y regocijo, se topa con dos "ídolos vivientes", que parecen extraídos de los bajorrelieves mayas de la zona Se trata de una pareja de lacandones seguidos del propio Frey, quienes han salido en su búsqueda Por fin el scout arriba al "caribal", con sus chozas sin paredes, donde sus habitantes cuelgan sus hamacas para dormir, cocinan las piezas cobradas en la selva con fusiles y flechas Luego de convivir algunos días con ellos, recorre el trayecto final a su destino "?Con Frey y algunos lacandones que nos acompañaron emprendimos la marcha por entre la selva que agota por su inmensidad en todos aspectos De el ?caribal? a Bonampak se hacen unas cuatro horas, las que me parecieron a mí siglos por la prisa que tenía de llegar a mi meta Frey parecía gozar cada paso que daba hacia los templos que él mismo habían descubierto, como si sintiera la satisfacción de ser dueño del suelo que pisaba, y por fin, después de una mañana de camino agotador, fue abriéndose la selva poco a poco para dejarnos ver entre lianas enormes, vegetación absorbente y maleza gigante, la extraña apariencia de los templos de Bonampak, formando parte de la selva, en una mezcla del más puro estilo maya con la arquitectura asombrosa también de la naturaleza, obra del Creador, que los rodea y se les pega hasta casi cubrirlos?" Los visitantes admiran las numerosas figuras dibujadas un milenio atrás sobre las paredes de aquellos templos abandonados en la selva Al final de su crónica hace mención de una noticia que, pocos días después de su retorno de la selva chiapaneca, conmocionaría a la opinión pública mundial: la muerte de Frey ahogado en el cercano río Lacanjá, durante la expedición de Bellas Artes, cuyos preparativo ayudó a Felguérez a ultimar

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