BUZON DE APÓCRIFOS: Resoluciones

lunes, 22 de diciembre de 2003
México, D F, 22 de diciembre (apro)- Estimados lectores: en uno de esos atardeceres tempraneros, propios de estos días próximos a fin de año, participé en una tertulia de amigos que dio motivos a reflexiones que, según mi punto de vista, pueden ser de interés para más de un lector de este buzón Por eso escribo la presente La primera parte de dicha reunión tuvo lugar donde habitualmente lo hacemos: EL TUNEL DEL TIEMPO En su ambiente relajado y penumbroso, alrededor de una de las mesas más alejadas del piano, después de unos breves intervalos de espera, por fin se completó el número de los que previamente nos habíamos citado Entre copa y copa, trasegadas sobre el fondo, del que no hacíamos el menor caso, de conocidas melodías románticas desgranadas caprichosamente en sordina a tempo lento por el pianista, nos pusimos serios, lo contrario de lo que por común hacemos, ya que nuestra plática fue girando cada vez más alrededor de algunos de los problemas que atormentan a nuestro tiempo Dimos en hablar de la inseguridad, madre del miedo que priva en la sociedad y afecta a quien más y a quién menos, pero del que no está libre nadie, ni países, gobiernos ni ciudadanos Criticamos las atrocidades que comete el terrorismo, ese mal hijo de los fanatismos religiosos y nacionales; de la "guerra preventiva", que fiel seguidora a lo bestia del pragmático "el que pega primero, pega dos veces", legitima y justifica hasta el asesinato de posibles enemigos, incluso, antes de que los mismos piensen siquiera en serlo Comentamos lo paradójico de que al triunfo mundial de la democracia y la libertad, el particular y los negocios, grandes y chicos, tengan por necesidad que defenderse contra el crimen, individual y organizado, con más cerraduras y pestillos en puertas y ventanas de su casa, con rejas los pequeños, con los más sofisticados sistemas electrónicos y seguridad privada los más grandes negocios Que era para reír, si no fuera para llorar, que apoco más de 10 años de haber celebrado como la gran victoria de la libertad el derrumbe de "el muro de la ignominia", levantado según dicen en Berlín por el Jericó del comunismo y derribado por el trompeteo del Josué capitalista, ver como en las fronteras de algunos países se levantan bardas metálicas o sólidos muros de fábrica para impedir el libre tránsito de las personas Consideramos igualmente contradictorio que el progreso científico, que supuestamente liberaría al hombre del trabajo, con eso de la "tecnología de punta" deje a tantos sin posibilidades de vida, es decir, sin empleo Alguien señaló el absurdo que entraña nuestro tiempo, creador, como nunca jamás de tanta riqueza, y productor al mismo tiempo de pobres como nunca antes Otro mencionó al hambre, las enfermedades mortales que nos amenazan, como el sida No faltó el que sacó a relucir el "efecto de invernadero", el emporcamiento de aguas de ríos, lagos y mares, la tala salvaje, en fin la general contaminación, el creciente deterioro de que hacemos víctima a nuestro ambiente, que pende como espada de Damocles sobre la cabeza de todos Con lo de la contaminación cesó por unos instantes la plática Un pesado silencio se levantó entre nosotros; silencio que se rompió cuando Pánfilo Candor dijo: --No nos atormentemos, amigos Los problemas que nos abruman son tantos y tan ingentes, y están tan fuera de nuestro control que sólo nos queda como remedio y consuelo resolver los que más directa e íntimamente nos atañen, por lo tanto, tomemos la resolución de ver dónde podemos cenar más sabroso esta noche Alguno rió aliviado, otros sonrieron y todos joviales comenzaron a discutir animadamente dónde irían Un servidor, por tener un compromiso previo, se excusó de acompañarlos Me despedí Lo mismo hizo Pedro Niporesas Salimos juntos En la puerta misma de EL TUNEL DEL TIEMPO, me dijo entre sombrío y enojado: --¡Así nos va! ¡Y lo tenemos bien merecido! Ante la mirada de asombro que le lancé, repitió con más énfasis: --¡Así nos va! ¡Y lo tenemos bien merecido! ¡Nuestros miedos a asumir responsabilidades, nuestra flojera a ejercer la solidaridad, el egoísmo, en suma, que espolea la competencia como falsa puerta abierta a la realización del yo hace ver al otro como enemigo, fomenta nuestros silencios, la indiferencia, e incluso nuestro consentimiento ante las necesidades y hasta los sufrimientos del otro; y a considerar como atenuantes justificadores el no saber o no querer saber y entender, al cobarde callar sabiendo ¡Qué resoluciones! No, no me lleves No estoy con ánimo de aguantar a nadie Y con esas palabras ante el ofrecimiento de llevarle en mi carro, desapareció de mi vista dando la vuelta a la esquina Como sucedió se los cuento Ahora una pregunta: ¿quién de los dos, Pánfilo Candor o Pedro Niporesas, tendrá la razón?, suya es la respuesta, estimados lectores Con esa interrogante les deja su servidor de siempre JUAN PIRULERO

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