PERMANENCIA VOLUNTARIA: Una mancha en la carrera de Gael

lunes, 29 de diciembre de 2003
México, DF, 29 de diciembre (apro) Con el primer protagónico fuerte en lengua anglosajona de Gael García, al menos el primero que se ha proyectado en el circuito comercial de nuestro país, viene también su primer tropezón, en una cinta dirigida por Matthew Parkhill que se cree tan lista, pero tan lista, que termina siendo petulante y estúpida “Obsesión” (“Do the I”, EU, 2003) cuenta la historia de un triángulo amoroso entre Carmen (Natalia Verbeke), una fogosa latina --bastante conflictiva, por cierto--, Kit (Gael García), un “pobretón” mitad brasileño mitad inglés que aspira a ser actor, y Barnaby (James D´Arcy), un niño rico, quien además es comprensivo y cariñoso Todo comienza en la despedida de soltera de Carmen; mientras cena con unas amigas en un lujoso restaurante, Kit (con unos amigos) se sienta en su mesa debido a un error en su reservación Unos minutos después del hecho, el mesero hace una intervención que es escuchada por todo el restaurante: existe una costumbre francesa en la que la prometida, en su última noche de soltera, podrá besar al hombre que ella escoja, como una última travesura Por supuesto, Gael resulta ser el ganón Las consecuencias son terribles, pues ese beso resulta ser una cosa inolvidable, al grado que Carmen será capaz de dejar su futuro promisorio por vivir un apasionante romance con Kit Sin embargo, existe algo que nadie sabe, algo perverso que sólo será desentrañado casi al final de la historia En el papel, la cinta se oye interesante; sin embargo, el giro en la trama tarda demasiado tiempo en aparecer, y la relación entre Carmen, Kit y Barnaby se vuelve más absurda conforme transcurren los minutos, de tal forma que para cuando el giro en la trama se está llevando a cabo, uno está hasta el gorro de toda la película Pero eso no es lo peor, pues el giro mismo resulta no sólo inesperado, sino también absurdo, ya que cambia el curso de acción de la trama y el género mismo de la película: lo que era un thriller psicológico, se vuelve una parodia de la farándula artística, de los thrillers y una parodia también de sí misma Y entonces surge la pregunta: ¿para qué hacer tanto alboroto si al final iba a echarlo a perder a propósito? O peor aún, ¿para qué darnos la aburrida de nuestra vida, para luego confirmarnos de que estábamos viendo una reverenda porquería? Pero ni modo, la película es mala y Gael hizo una pésima elección

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