ADELANTO DE LIBROS: ¿Un continente a la deriva? (Antología de narradores de Québec)

lunes, 8 de diciembre de 2003
México, D F, 8 de diciembre (apro)- “¿Un continente a la deriva? (Antología de narradores de Québec)”, de Gilles Pellerin, es un nuevo volumen lanzado al mercado por el Fondo de Cultura Económica (FCE), que reúne 17 textos de escritores los cuales han conseguido dejar su huella en el género del cuento En la contraportada de la publicación se destaca: “Desde la mujer estudiante inquieta con la que se abre el volumen hasta la mujer solitaria del último texto, desamparada en el lindero de la estación invernal, los personajes de esta colección se enfrentan a las múltiples vicisitudes de la existencia” El libro ¿Un continente a la deriva?, de 257 páginas, ofrece estos relatos: “Temporada de fresas”, de Suzanne Jacob; “Bautista”, de Sylvie Massicotte; “Hay pollo por si tienes hambre”, de Jean-Paul Beaumier; “La feria”, de Robert Lalonde; “Cinco en un escondite”, de Michel Dufour; “La amante de mi padre”, de Jean Pierre Girard; “Sí o no”, de Monique Peoulx; “Nadette y otros nombres”, de Louis Jolicoeur; “Taller 96 sobre las generalidades”, de Gaëtan Brulotte; “La aparición”, de Roland Bourneuf; “Su último amante”, de Hans-Jürgen Greif; “Pasaje”, de Diane-Monique Daviau; “Retratos de Elsa”, de Marie José Thériault; “El coleccionista de aliento”, de Hugues Corriveau; “Los perros”, de Aude; “Los ojos del diablo”, de Pilles Pellerin, y “La mirada diferida”, de Bertrand Bergeron La XVII edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara está dedicada a la región de Québec, por ello, el FCE ha publicado este libro junto con otros dos titulados Latinos del norte (Antología de poesía de Québec) y El hilo de la memoria (Antología de ensayo de Québec) A continuación se reproducen fragmentos del prólogo “¿Un género sin historia?”, escrito por el mismo Gilles Pellerin, del libro “¿Un continente a la deriva?”: Alguien dijo que los quebequenses constituían un pueblo sin historia, cuando sin duda o más bien habría que hablar de un pueblo sin país, lo que se traduce por omisiones cronológicas de no poca importancia: los quebequenses no cuentan con fechas fundadoras como sus vecinos los Estados Unidos (1776) o como México (1821), por no haber conquistado y promulgado su independencia Desde este punto de vista, los pueblos antiguos tenían la posibilidad de contar el tiempo a partir del momento presumible de su “creación”, de la fundación de un lugar sagrado o político (fue así como existió un tiempo romano, establecido a a sobre el acto fundacional de Rómulo trazando el surco) Esos pueblos antiguos también podrían reivindicar un Gran Tiempo ab origine, colocarse “en el principio de las cosas”, in illo tempore, época a la vez indeterminada y determinada por su presencia, a la que los relatos mitológicos y las epopeyas permitían acceder No se cuenta con nada de eso en el caso de una joven nación: la existencia ante los ojos de la historia exige que en ella se inscriban claramente marcas políticas Los quebequenses pudieron consolarse de no haber podido establecer un Estado soberano cuyo denominador común sería la lengua francesa, diciéndose que “los pueblos dichosos no tiene historia”, pero dependería de su ausencia en “el concierto de las naciones” Una vez formuladas estas reservas políticas, resulta posible resumir la historia de Québec, reducirla a unos cuantos acontecimientos que se inscriben fácilmente en los anales de los últimos cuatro siglos y balizar el recorrido del pueblo quebequense y de sus instituciones políticas a través del tiempo Si resulta igualmente lícito trazar una historia de la novela corta en lengua francesa, en cambio será poco útil lanzarse a una empresa similar en lo que respecta al mismo género en las letras quebequenses Fiel a la imagen de una sociedad que optó por no hacer historia (o que no optó por nada), la novela corta quebequense durante mucho tiempo existió de manera soterrada más que afirmada, a menos que uno se empeñe en deshacer la historia, en tomar en contracorriente los géneros emparentados (novela, cuento) para establecer mejor su especificidad “¿Un género sin historia?”, así titulamos nuestro prólogo La literatura narrativa propone una de las mayores experiencias del tiempo que puedan existir Cuando uno abre una novel histórica, ante nuestros ojos se instala una época, con sus efluvios, con los sentimientos particulares que en ella se experimentaban, cosa que el documento propiamente histórico consigue con menor frecuencia en comparación con la subjetividad novelesca Más allá de la restitución de una época, el libro de ficción propone secuencias en las que el orden esperado de los acontecimientos cede a una sucesión fundada en la eficacia del relato A este respecto la novela corta quebequense escrita por las dos generaciones literarias aquí reunidas, de Jean Pierre Girard a Roland Bourneuf, introduce de buen grado a los lectores en un mundo esencialmente perturbado Durante mucho tiempo, los escritores no suscribieron sino tímidamente una práctica que la indiferencia de los editores hacía aleatoria; ahora pueden entregarse a ella sabiendo que serán publicados y leídos: que esto suceda en México, en una parte del mundo donde este género ha gozado de manera tan magnífica del derecho de ciudadanía, constituye una de las mayores alegrías que pueda gratificarlos Vienen del norte Hablan poco, pero lo hacen alto y fuerte

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