ADELANTO DE LIBROS: "Las mentiras de mis maestros", de Luis González de Alba

martes, 25 de febrero de 2003
México, D F (apro)- Ediciones Cal y Arena recoge un trabajo del exlíder del 68, Luis González de Alba, ilustrado por los moneros Jis y Falcón, “Las mentiras de mis maestros” Se trata de un libro desmitificador sobre la enseñanza de la historia mexicana, donde repasa “de la A a la Z”, es decir, desde los aztecas hasta Zapata En un segundo apartado se aplica al análisis del movimiento del 68, salta luego al culto guadalupano, se mete con los indígenas y con el subcomandante Marcos para concluir con un “Epílogo desencantado” Pero que lo explique el propio “Lábaro” --su mote de líder estudiantil, que por tanto debía ser desmitificado también, en su introducción: LA VISION DE LOS VENCIDOS “La historia oficial de México es una larga serie de derrotas gloriosas y un pesado directorio de héroes derrotados Comenzando por Cuauhtemoc y su profético nombre, Aguila que Cae, hasta Zapata, veneramos la caída, el fracaso y lo consagramos como símbolo de pureza Cuauhtemoc, último emperador de un imperio detestado por odios de sus vecinos y vasallos, es nuestro más puro héroe, no por sus hazañas ni sus construcciones ni sus conquistas, pues no tuvo tiempo para ellas, sino porque es el gran derrotado Hidalgo es el padre de la patria por decreto, no por sus logros, pues su fallida rebelión fue aplastada en poco tiempo, como otras durante la Colonia; Morelos encabezó otro levantamiento de poca extensión en un territorio inmenso y su derrota fue absoluta; Guerrero quedó convertido en un simple fugitivo perdido en las montañas del sur, donde se pudo haber quedado hasta morir de muerte natural a avanzada edad, pues en nada afectaba la marcha del virreinato un rebelde oculto en las montañas, como no lo había afectado tampoco otro perdido en los desiertos de Sonora Madero no llegó a gobernar y hasta 1994 estuvimos esperando el sufragio efectivo Zapata cayó acribillado y el reparto de tierras tuvo que esperar hasta Cárdenas y aún más, tiempo suficiente para que el incremento en la población hiciera imposible dar tierra a cada campesino, y el reparto dejara más inconformes que beneficiados LOS PERFIDOS TRIUNFADORES Los malditos triunfadores están en lo más profundo de nuestro infierno oficial El malvado mayor, Satanás del averno, es el triunfador absoluto, el hombre que hizo posible al México actual, país que sólo era viable sobre las ruinas de las naciones indígenas anteriores, ninguna de las cuales era México: sí, Hernán Cortés, sin cuyo triunfo no existiría el lector de esta publicación, ni su autor, ni la publicación, ni la ciudad, ni el país Es el padre de México porque sin su triunfo no existiría ni la población actual; pero optamos por definirnos como conquistados, vencidos, en negación absoluta del padre, español y conquistador, triunfador y por tanto malvado OTROS BELLACOS Cuando la rebelión del buen cura Hidalgo había desaparecido de la escena, un criollo cursi nos hizo independientes de España: Agustín de Iturbide, apenas segundo después de Cortés en el infierno de la historia oficial, por criollo --o sea hijo de otra madre que no es la nuestra-- y por su cursi y breve imperio Tener el mismo padre no da parentesco alguno para quien se define por la madre, como en las sociedades matrilineales, por tanto el criollo es extranjero aunque tenga el mismo padre que un mestizo De ahí que sólo en México el término ‘criollo’ sea despectivo En el resto del Continente Americano, criollo significa simplemente ‘nativo’ EL PROCESO DE IDENTIFICACIÓN La sicología social mexicana tiene un magnífico tema de investigación en nuestra identificación con los vencidos y no con los vencedores, siendo hijos de ambos Decimos que ‘ellos’, los españoles, llegaron y ‘nos’ conquistaron ¿por qué nos llamamos conquistados si también somos conquistadores? ¿No tenemos ojos de todos los colores y pieles de todas las tonalidades? ¿No nos llamamos Carlos, Miguel, Antonio, María, Carmen? Nos apellidamos González, López, Payán, Cárdenas, Aguilar, Toledo, Segovia, Cortés La idílica y tonta visión que tenemos del imperio azteca la pensamos en español y cuando insultamos a España la insultamos en español Un pueblo urgido de psicoanálisis es éste, donde, a pesar de tanto indigenismo, los indios no pueden ni levantarse en armas sin que un güerito se lleve los reflectores: fatalidad digna de estudio”

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