BUZON DE APÓCRIFOS: Deicidas

miércoles, 23 de abril de 2003
México, D F (apro)- Desafortunados vivientes: ¡ay!, les digo desafortunados porque en ese su tiempo, el que consideran inicios del tercer milenio, algunos de sus más idealistas y fervorosos religiosos, están resultando, ¡ay!, los mayores deicidas También tengo que darles el pésame porque, de paso, tan espirituales y religiosos individuos, ayatollahs, el ubicuo e indetectable Bin Laden y el más poderosos entre ellos, por tener a su servio la más aplastante superioridad económica, técnica y militar, mister George W Bush, hayan convertido y estén en camino de convertir a tantos de ustedes en zelotes Para que me entiendan, bueno será que recordemos que era un zelote Fueron los tales partidarios del nacionalismo judío en tiempos de Cristo y Tito, fanáticos defensores de lo que ellos consideraban “la pureza de la ley”, fanatismo que los convirtió en los santos verdugos de Dios, que los llevó a acuchillar, a degollar a romanos, saduceos, cristianos en fin, a todos que, según ellos, no aceptaban y menos acataban su muy particular interpretación de “la pureza de la ley”, por estar convencidos de “quien no está con nosotros, está contra nosotros” Pregunto: ¿no son igualmente zelotes, con otros nombres, tanto los desesperados fedayines y talibanes como los prepotentes soldados de la libertad que subyugan y matan para imponerla, paradoja que, según mister Bush, es signo de la voluntad de Dios? Ustedes dirán Más sigamos con el tema: Igualmente me entristece que las decisiones y hechos consumados de tan religiosos y espirituales individuos como Bin Laden y mister George W Bush y sus respectivas comparsas, estén haciendo realidad el más pesimista de mis pensamientos: el de que la religión puede incluso ser criminal, por cuanto en calidad de sacrificios a la divinidad se llega hasta a asesinar hombres, mujeres y niños Pues díganme, ¿cómo interpretar las agresiones de Bin Laden y mister Bush, de las que resultan horriblemente mutilados o muertos hombres, mujeres, ancianos y niños, y las justifican invocando el nombre de Dios? Pueden decirme que nada hay nuevo bajo el sol, ya que Moisés había proclamado, exigido y legitimado en nombre de Yavé, que los judíos pasaran a cuchillo a hombres, jóvenes y niños y hasta los burros y gallinas de sus enemigos; que los inquisidores, celosos guardianes y defensores de la pureza de la fe, torturaron y mutilaron a miles de sospechosos de impureza e iluminaron con miles de hogueras la obscura Europa de su tiempo, en las que achicharraron vivos a los juzgados herejes, ¡todo por y a la mayor gloria de Dios! Pues sí, no lo niego, pero ustedes, vivientes, tienen que admitir a su vez, que esas atrocidades fueron deicidas, ya que ellas mataron y continúan contribuyendo a la muerte de la idea, de la creencia en Dios en no pocos individuos Imposible que nieguen que esas atrocidades llevaron a muchos a no dejar morir, a mantener vivos mis viejos argumentos contra la idea de Platón de que los dioses habían creado el mundo por bondad Desde entonces, no pocos se han preguntado y se preguntan ante las atrocidades justificadas en nombre de Dios: ¿cómo es posible que Dios las permita y, por añadidura, consienta que los que las llevan a cabo las legitimen invocando su nombre? Ante estas angustiantes preguntas, no pocos dieron y dan la espantosa respuesta de que no existe Otros, más cautos, como un servidor, dijeron y dicen que sí existe, pero que no se ocupa para nada del mundo y mucho menos interviene en las acciones de los humanos Créanme, con mi respuesta, tantas veces repetida posteriormente, de alguna manera pretendí que el hombre se hiciera responsable de sus acciones, teniendo como meta no el placer, como dijeron y dicen mis detractores, sino la felicidad basada en la búsqueda del bien, que es diferente Ahora veo que mi respuesta fue insuficiente Tuvieron que pasar siglos para que el cristianismo viniera a cerrar el círculo, para hacer comprender y admitir al hombre, con eso del libre arbitrio, las terribles consecuencias de la responsabilidad de sus actos Por lo expuesto, insisto, me aflige e indigna que a esta altura de la historia, todavía existan sujetos como los mentados, que insisten en justificar las brutalidades que cometen invocando el nombre de Dios ¿No se darán cuenta que su postura es una impostura que envilece la idea de Dios y que puede ser incluso deicida? Por eso cierro la presente con el ardiente anhelo de que la divinidad les libre de tan espirituales y religiosos individuos Que por su bien, vivientes, se haga realidad mi deseo EPICURO

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