BUZON DE APÓCRIFOS: Mentiras

lunes, 5 de mayo de 2003
México, D F (apro)- Estimados lectores: bien sé que todos nosotros, como buenos ciudadanos, unánimemente condenamos y rechazamos la mentira, pero si somos sinceros, debemos admitir que la miramos con indulgencia ¡y hasta no pocas veces comulgamos con ella! Antes de que se incomoden por lo que acabo de escribir, les pido que lean lo que sigue, que no es mío, sino del poeta estadunidense Carl Sandbur, quien sin tapujos y a la letra preguntó: “¿Qué tipo de mentiroso es usted? Hay quien miente porque no se acuerda bien de lo que dice Quien miente porque no resiste la tentación de añadir a la realidad el adorno de la fantasía Quien miente por caridad y consideración al prójimo El que miente cuando se ve en aprietos; le repugna hacerlo, pero miente para evitar que se empeoren las cosas Y el que miente, simplemente, por afán de mentir y con aviesos fines egoístas ¿Qué clase de mentiroso es usted? ¿A cuál de esos géneros pertenece?” Por mi parte, debo informarles que, hasta ayer, fui uno de los tantos ciudadanos honorables que, desaprobando y condenando a la mentira, no pocas veces la toleraba y hasta la sufría con paciencia por considerarla un mal menor ¡Qué digo! ¡Incluso la practicaba! Bien, como les decía, eso fue ayer Hoy ya no El hecho de que el conflicto de Irak sea una porquería maloliente desde su preparación por causa de mentirosos, de uno y otro bando; el de que la guerra iraquí haya sido engendrada, asistida y tenido por comadrona a la mentira, es la causa de que hoy rechace toda clase de mentira Pues sí, la guerra de Irak ha hecho que sospeche hasta de la más justificable de las mentiras, la mentira piadosa, la que sirve para aliviar el dolor de los que sufren y enjugan sus lágrimas, para vendar heridas; que recele de la estimulante “mentira virtual”, expuesta y defendida por el doctor Relling en “El pato salvaje”, de H Ibsen, pues ahora sé que puede justificar cualquier cosa; que ya no soporte siquiera la mentira inocente, la que no tiene consecuencia o se dice sin intención de perjudicar; que deteste la mentira jocosa, la que se dice simplemente por broma, por hacer reír; que desprecie la mentira oficiosa, la que se dice con el fin de agradar o servir a alguien, sobre todo si es poderoso; que abomine de la mentira que se dice con aviesos fines egoístas Esas mentiras despiertan tantos sentimientos adversos en mí, porque las veo como falsas monedas que, al intercambiarlas en nuestra vida cotidiana, convierten al mundo en un mentiroso, en un lugar donde se miente más que se habla, haciendo posible la obscenidad de que por ellas se legitimen atrocidades, como por ejemplo la guerra de Irak, el conflicto judío-palestino o que nuestro futuro ya esté secuestrado por la intimidación con eso de la “guerra preventiva”, mala madre, por violadora del derecho internacional, de todas las guerras del porvenir ¡Qué cosa! Ante tan desolador panorama, convendrán conmigo que las únicas mentiras que nos ofrecen alguna esperanza son las que se deben a los creadores artísticos, y eso mientras los trabajos específicos de sus respectivas áreas respondan y cumplan con la condición que Picasso atribuía al arte, el de ser una mentira que nos hace ver la verdad Bien, pregunto: aunque todo arte cumpliera con lo que dijo Picasso, ¿piensan que ello impediría que las otras mentiras siguieran convirtiendo al mundo en una porquería maloliente? Soy pesimista, lo confieso, y mucho me temo que no, pues aunque Oscar Wilde dijo, cito de memoria, que la naturaleza siempre termina por imitar al arte, toda filosofía sobre el mismo nos señala y demuestra que la naturaleza humana no la mueve la mentira artística, sino más bien las otras mentiras ¿Entonces? Por lo expuesto, considero que todos deberíamos esforzarnos en ser lo más artistas posibles, pues así hasta nuestras más aviesas mentiras no contribuirían tan definitivamente a emporcar al mundo y nuestras propias vidas ¿Será eso posible? En lo personal, como pesimista que soy, lo dudo, pero ustedes, estimados lectores, tienen la palabra ¡Ah!, me encantaría que me demostraran que estoy completamente equivocado Sin más, quedan ustedes con todas las consideraciones que se merecen de JUAN NIPORESAS

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