BUZON DE APÓCRIFOS: Padres

lunes, 23 de junio de 2003
MÉXICO, D F, 18 de junio (apro)- Lectores: precisamente en el día dedicado al padre, tuve uno de esos encuentros imposibles que sólo se pueden dar en esa tierra de nadie donde todo puede suceder: la de la fantasía Me encontraba ese día, como les decía, pitorreándome de lo que se celebraba, en voz alta y echando sapos y culebras, cuando una voz a mis espaldas me interrumpió diciéndome: “¡Pero che, pibe, por qué decís tales cosas!” Antes de volverme, por sus palabras y tonadita, supe quién era, la canija Mafalda Estuve a punto de mandarla al diablo, pero conforme a la educación recibida de mis mayores y por tratarse del día que se trataba, para dejar bien a los machos, comedidamente le expliqué que lo hacía porque a mis ojos y leal entender, el día del padre era uno más de los tragicómicos ejemplos de cómo el mito, cualquiera que sea, y los ritos que lo respaldan, justifican y legalizan, puede muy bien degenerar y hasta llegar a la perversión por obra y gracia de los principios del “marketing”, catecismo de la actual sociedad Estaba en estas mis razones, cuando la canija escuincla, sin dejarme terminar con ellas, me endilgó un discursito cuyo resumen les ofrezco a continuación: “¡Pucha, pues por eso es bueno que se les celebre a los papás, piensa que es de lo poco que se les está dejando Reflexiona El patriarcado, organización estructurada por la preponderancia del padre sobre los otros miembros de la tribu y, en general, de los hombres sobre las mujeres, por milenios ha sido la base de las más diversas civilizaciones Por ejemplo, una de ellas, la que hoy corta el bacalao en el mundo, la que tiene por base las culturas grecolatina y judía, esto es, la denominada Occidental y Cristiana, por ser fiel seguidora del refrán que dice: ‘el que parte y bien reparte se queda siempre con la mejor parte’, sea el repartidor potencia en el concierto de las naciones o el macho en el seno familiar, con lo cual, y en especial con lo último, favoreció por siglos a los pantalonudos, a los que por siglos se arrogaron, se apropiaron del derecho de llevarlos “Repito, por ser fiel al refrán mentado, el patriarcado por siglos satisfizo lo que Nietzsche llamó ‘la voluntad de poder’, de los de pantalón, claro, lo que fue macanudo incluso para el más insignificante de ellos, pues siempre les reservó y aseguró un último reducto: la familia, círculo mágico en el cual podía ejercer y disfrutar los privilegios del poder, y en el cual y por lo cual podía resarcirse de las discriminaciones humillantes que pudiera sufrir en el exterior del mismo “Pero, ¡ay!, pobrecitos los pa’s de hoy Para la inmensa mayoría lo que antes fue macanudo, el tiempo se lo ha ido convirtiendo en macanas Desde hace menos de cien años, después de la Primera Guerra Mundial sobre todo, de manera constante, acelerada y tangible, dolorosamente se han visto y sentido despojados de los privilegios que gozaban en esos sus pequeños reinos El industrialismo, el consumismo, la lucha por sus derechos de las mujeres y el lento reconocimiento general del debido respeto a los niños, por las buenas o por las malas, los están convirtiendo en patéticos reyes Lears y, en casos, por resentimiento más que nada, en grotescos remedos de Macbeth, que por lo común y para fortuna de ellos, los que los rodean y la sociedad, merecen más ser tratados por el psiquiatra que castigados por la justicia “¡Ay!, pobrecitos pa’s de hoy; hay que comprenderlos, compadecerlos por sentirse como bolas sin manija No es para menos La inmensa mayoría de ellos tienen familias cada vez más democráticas, que les exigen cada vez más que demuestren que son hombres de verdad; esposas e hijos ignoran cada vez menos sus derechos, cada vez menos se callan, cada vez más opinan y no pocas veces se convierten sus deseos en órdenes; órdenes más y más difíciles de cumplir en una sociedad donde el trabajo es cada día menos abundante, y el conseguir un empleo bien pagado es más difícil cada día y más competido, por lo que no pocas veces, sobre todo cuando no pueden satisfacerlos, deseos y necesidades de esposas e hijos exhiben y hacen sentirse a los padres como hombres incompetentes, lo que puede llevarlos --¡los lleva!— a verse y sentir que son hombres impotentes “Considero, ¿tú que piensas?, que mucha de la apatía que tienen los ojos de los padres y confirman y demuestran al dejarse arrastrar simplemente por la vida, e incluso sus ridículas e ineficaces rebeldías esporádicas, se deben a que son unos nostálgicos de ‘los buenos viejos tiempos’ que disfrutaron, pero el tiempo no tiene reversa Por lo tanto proclamo, justifico y defiendo, que por lo menos merecen este consolador de su virilidad humillada: el que se les dedique un día del año” Con esto terminó su discurso Mafalda, y yo la mandé al carajo, pues sentí que todas sus razones no eran más que argucias femeninas al apoyar con las mismas el día del padre Lectores, seguro que la lectura de la presente les dará los elementos suficientes para juzgar con equidad al pensar, sentir y actuar como lo hice Queda de ustedes con el respeto que me merecen PEPITO

Comentarios