CINE/ PERMANENCIA VOLUNTARIA: "Sin ton, ni Sonia", bodrio sin pies ni cabeza

lunes, 23 de junio de 2003
México, D F (apro)- Como su título lo sugiere, la cinta “Sin ton, ni Sonia” es un obra de situaciones y diálogos absurdos, que ni conmueven y mucho menos hacen reír Un collage cualquiera hubiera tenido más sentido que este filme La película gira en torno a dos parejas cuya relación las mantiene bastante insatisfechas La primera está integrada por Sonia (Mariana Gajá), una niña rica, bien buena onda, con poderes telepáticos y fanática del esoterismo, y Orlando (Juan Manuel Bernal), un director de doblaje que nada más se la pasa recitando teorías estúpidas con respecto de su trabajo y que ya no sabe si quiere o no a Sonia Luego está Mauricio (José María Yazpik), un “freak” de las computadoras --su trabajo es diseñar páginas de Internet-- que ni siquiera “pela” a su novia René (Cecilia Suárez), una mujer demandante, nunca a gusto con lo que Mauricio le ofrece, y por ende con una gran sensación de infelicidad El meollo del asunto se encuentra en que Orlando deja a Sonia por querer estar con René, pero ésta no parece querer dejar a Mauricio, al menos al principio A partir de tal punto, todos comenzarán a perder el control y a vivir varias situaciones descabelladas Pero eso no es todo Hay una historia paralela de una asesina serial estadunidense, perseguida por dos policías gringos ¿Por qué, cómo? Quién sabe, y al parecer, a nadie le importó aclarar dicha situación Aunado a ello, el guión no hace el mínimo esfuerzo para unir las dos tramas de manera efectiva; el final no causa emoción alguna en el espectador ¿Hacia dónde va todo esto? Hacia ningún lado Nada tiene sentido Los diálogos son tan absurdos que dan pena ajena; se exageran los estereotipos como el de Sonia, fervorosa creyente del esoterismo; el de René, la típica chica que brinca de relación en relación debido a que ningún hombre se compromete como ella quiere Además, los actores no los actúan, parecen recitarlos de memoria ¿Quién va a poder actuar una cosa así? Lo único que se salva es la parte visual, buenos ángulos y transiciones ágiles, pero eso no ayuda a que “Sin ton, ni Sonia” sea una buena película

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