ADELANTO DE LIBROS: "Relato de un tiempo. México en Colombia 2001-2003"

lunes, 1 de marzo de 2004
México, D F, 1 de marzo (apro)- La embajada mexicana en Colombia acaba de publicar una memoria de los acontecimientos promovidos por la agregaduría cultural de México en Colombia, a cargo de Eduardo Cruz Vázquez No se trata solamente de un registro escrito, un listado o un repaso escueto, sino de una memoria fotográfica de las varias decenas de personajes (hombres, mujeres, grupos) destacados en los diversos campos del arte y la cultura mexicana que han visitado ese país invitados por la embajada mexicana, hasta hace poco representada por Luis Ortiz Monasterio Las fotos fueron encargadas por Cruz Vázquez a la fotógrafa colombiana Indira Restrepo, quien testimonia a estos personajes Esta es la introducción de Ortiz Monasterio: **** Enorme fascinación ejerce Colombia en el alma de los mexicanos Nadie sabe a ciencia cierta las causas de este fenómeno, acaso será por su cadencioso y evocador nombre dedicado al navegante Colón, o tal vez sea por acuerdo que todos guardamos desde nuestros primeros cursos de historia de la batalla de Boyacá Más de alguno ha aventurado la hipótesis tibetana: las capitales Bogotá y Ciudad de México están enclavadas en las alturas, de espaldas al mar, lo que ha permitido mantener un aislamiento que explica nuestras culturas introspectivas ¿Será el bambuco, será Humboldt quien nos visitó durante su mismo viaje? Dejemos esta tarea a la antropología social Yo ubico mi parcialidad por Colombia en mis ya remotos primeros años de vida: “que se va el caimán para Barranquilla, que tengo una vaca lechera” Ya entrado en la pubertad, lecturas subrepticias en el internado de los ascéticos maristas con las primeras experiencias atrevidas con Porfirio Barba Jacob Aún recuerdo el juicio inquisitorial por tal infracción A los once años, aún tengo el libro, mi padre puso en mis manos el texto que estimularía mi imaginación y que definiría mi vocación épica, “Biografía del Caribe”, del gigante Germán Arciniegas Siempre quise conocerlo y llegué a Bogotá como Embajador cuando recién nos dejaba para siempre Tal vez me esperó cien años José Eustasio Rivera se cocina aparte En “La vorágine”, el huilense me enseñó que la literatura no sólo eran letras sino olas; que un texto no sólo llega al espíritu y al corazón, sino también a los sentidos Esa sensación de navegar y de ondular era la combinación exacta entre la denuncia social y un fenómeno de renovación estética Siempre deseé tener acceso a la primera edición del libro antes de que las bellas cadencias fueran suprimidas por completo en la segunda Devotamente visité la ciudad de Rivera (antes vereda de San Mateo), allá en una de mis expediciones por Neiva, Hobo, Yaguará, el Desierto de Tatacoa y Pitalito Después vendrían Gabo y Mutis a quienes conocí en un lejano verano en la Villa de Tepotzotlán No obstante, debo confesar que el sentimiento dominante hacia Colombia es la gratitud ante su solidaridad con mi patria en sus momentos de mayor dolor La Gran Colombia fue el primer país en reconocer la Independencia de México, cuando las potencias se negaban a considerarnos como mayores de edad; el Congreso de Colombia levantó su voz en contra de la Intervención Francesa en 1863,y declaró al presidente Juárez “Benemérito de las Américas” En 1985, el mismo día del terremoto que arrasó la capital de la república, el primer avión en llegar con ayuda fue un Hércules colombiano Es cierto, la solidaridad es la ternura de los pueblos En este marco, los dos últimos años en que me ha tocado representar al Estado (pueblo y gobierno de México) no han sido el inicio sino la culminación de un proceso que viene de lejos Desde Riohacha hasta el Amazonas, desde Guainía hasta Popayán, en este tiempo he podido constatar en todos los rincones de Colombia, curtida por dolores antiguos y angustias contemporáneas, que se está fraguando una nación, potencia cultural ya y potencia material muy pronto Por ello, este transcurrir, me hizo acoger con entusiasmo el título de la exposición y suerte de “Memoria” de trabajo, “Relato de un tiempo”, de la polifacética caleña Indira Restrepo Invito a colombianos y mexicanos a que demos cuerpo a esta admiración mutua y que hagamos de nuestra relación un ejemplo de polinización recíproca y respeto simétrico, como una semilla para la genuina integración de la América nuestra

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