BUZON DE APÓCRIFOS: Ideas

lunes, 1 de marzo de 2004
México, D F, 1 de marzo (apro)- Apreciados lectores: no me resisto a informarles de un sorprendente diálogo sostenido entre dos colegas ideológicos que únicamente tenían en común su oposición al capitalismo Uno, que sostiene que la socialización de los medios de producción es condición necesaria y suficiente para hacer libre y dichosa a la humanidad; otro, célebre por dos frases: “La propiedad es un robo” y “el gobierno es la maldición de Dios” Ustedes ya habrán adivinado quiénes fueron los protagonistas de esta discusión inverosímil, pero no imposible En efecto, se trata de Carlos Marx (1818-1883) y Pedro José Proudhon (1809-1865) Como comprenderán, dicho fantasioso debate, del que fui testigo en días pasados, únicamente fue posible en el ámbito de mi imaginación, alimentada principalmente por mis lecturas, bien dispersas por cierto Por razones de espacio, tendré que darles un resumen de algunos de los principales puntos de discusión entre mis dos personajes históricos Así, al entusiasmo de Marx en el progreso, a su fe en que la máquina, de que la tecnología en general, liberarían al hombre del trabajo, Proudhon le rebatía y sostenía que con la máquina y el taller, con la tecnología, el derecho divino, o sea el principio de autoridad, había entrado en la economía política reforzándolo, que prueba de ello era que los llamados Capital, Inversiones, Monopolio, Dominio o Crédito, por ejemplo, no eran más, en el lenguaje económico, que los diversos nombres que en otros ámbitos se denominan Poder, Fuerza, Autoridad, Nación o Soberanía Que en el fondo, no era más que la misma gata revolcada Como creo que todavía nos debatimos en esa contradicción, me permito preguntarles, estimados lectores: ¿qué piensan al respecto?, ¿quién consideran que tiene la razón, Marx o Proudhon? Así, como tantos otros pensadores en sus tiempos, Marx exponía su sueño de suprimir el trabajo por obligación, el de liberar, sobre todo, a los proletarios del trabajo por necesidad, Proudhon contestaba que, después que la sociedad cumpliera con la obligación de desarrollar de manera íntegra las facultades de todo ser humano, se debía proclamar y hasta exaltar al trabajo, como contraveneno de la maldición bíblica, que lo justifica como castigo de nuestra maldad innata, y verlo, considerarlo e incluso respetarlo como el único medio para perseguir y conseguir el pleno despliegue de la energía y personalidad de todo hombre y mujer ¡Uta! ¡Que problemón! Lo digo porque, como ustedes bien saben, en nuestro tiempo la ciencia ha y está avanzando tanto, que ya se presenta como amenaza de hacer obsoleto el trabajo del hombre y hasta su propia persona, con eso de la tecnología de punta ¿Pueden figurarse la cara que pondría Proudhon ante este hecho? Cuando Marx, con sectario convencimiento, dijo que la “dictadura del proletariado” era el paso necesario e inevitable para la liberación y felicidad de toda la humanidad, Proudhon le contestó que había que tener en cuenta que la clase trabajadora podía ser, en función de clase, tan nefasta como cualquier otra si llegaba a hacerse del poder: Pregunto: ¿es que en el tiempo de mis discutidores ya existían líderes de sindicatos corporativos, líderes “charros”, como dicen en México? Por último, cuando Marx, con fanático convencimiento, expuso que “la lucha de clases”, la violencia a todos los niveles que la misma encierra, es la partera inevitable de la historia, Proudhon, enemigo de la misma, replicó que había otros caminos, que, por ejemplo, la resistencia pasiva individual y, sobre todo, la desobediencia civil organizada contra el pago de impuestos o la desobediencia a las leyes opresivas y discriminatorias, bien podían bastar para derrocar al sistema estatal capitalista Por mi parte, les digo que inmediatamente pensé en Gandhi y Martin Luther King, en lo que consiguieron con esos medios pacíficos de lucha Ellos, lo confieso, me dieron la esperanza de la posibilidad de un mejor futuro para los humanos ¿Estaré equivocado? Ustedes dirán estimados lectores En conclusión, por mi parte, de la disputa de mis discutidores saqué como consecuencia que todo se reducía a un problema sencillo, pero que no por eso dejaba de tener sus bemoles: ¿todo lo que ha creado el hombre, ciencia, política, religión, gobierno, economía, por ejemplo, lo ha creado para satisfacer sus deseos y necesidades, o lo ha creado para ser su servidor y hasta su esclavo? Para mí, ese es el problema a resolver A ustedes, lectores, ¿qué ideas les ha generado la lectura de la presente? Sin más y con afecto para todos LIGORIO REVUELTAS

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