TRAS EL TRAZO: Armando Morales, "un instante sublime", en el marco de Monterrey

lunes, 19 de abril de 2004
* El pintor nicaragüense expone una selección de 30 obras México, D F, 14 de abril (apro)- “Armando Morales es capaz de pintar cualquier cosa, cualquier instante, cualquier sentimiento, sin someterlo a la servidumbre de ninguna moda” Así escribe Gabriel García Márquez sobre el pintor nicaragüense nacido en Granada en 1927, que expone actualmente en el Museo de Arte Contemporáneo (Marco) de Monterrey, una selección de alrededor de 30 óleos de mediano y gran formato El escritor colombiano, Premio Nobel de Literatura 1982 y autor de “Cien años de soledad”, entre muchas otras novelas, redactó en agosto de 1992 el texto “Armando Morales a la luz de su luna”, en el cual lo describe: “Es realista de una realidad que sólo él conoce, y que lo mismo puede ser del siglo XVI que del XXI: el tema determina el modo Ha viajado por todo el mundo, ha vivido y pintado con su inventiva sedienta en la manigua de Nueva York, en la metrópoli de la Amazonia, en París con amor, en Londres sin ti; pero a todo el mundo lo ha visto con sus ojos de granadino impenitente” El texto sirve al Marco para presentar esta nueva exhibición de Morales en México, curada por Christian Viveros-Fauné, y que después --cuando concluya en julio próximo-- viajará al Museo de Arte Contemporáneo de Miami, Florida Considerado como uno de los mejores artistas latinoamericanos, Morales presenta una selección de óleos de reciente factura Fueron realizados, según el curador chileno, en su natal Granada, aunque aclara que “pocos podrían confundir sus densas, meditabundas y a final de cuentas melancólicas pinturas con retratos fieles de su país nativo” Para Viveros-Fauné son más bien “grandes metáforas de otro país, una tierra prometida sometida a consideración, una identidad perdida contra la cual este singular artista se ha comprometido luchar para poder mantener la visión de un mundo imaginado más grandioso que la empobrecida realidad de América Latina” Egresado de la Escuela Nacional de Bellas Artes de Nicaragua, Morales ha expuesto en diferentes ciudades del mundo Su obra, así mismo, nutre los acervos de diversos museos En México tienen cuadros suyos el Museo José Luis Cuevas de la Ciudad de México y el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca Desde muy joven descubrió su vocación pese a que sus padres deseaban se hiciera cargo de los negocios familiares También fue diplomático y, como tal, representó en los ochenta a su país ante la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) Se ha dicho que su obra acusa influencias de pintores como Cezanne y Giorgio de Chirico Su estilo transitó del realismo a la abstracción para volver finalmente al primero En agosto de 1990, con motivo de una exposición retrospectiva que le organizó el Museo Rufino Tamayo, Morales contó al reportero Armando Ponce de la revista Proceso, cómo fue ese reencuentro con el arte realista Le contó que luego de haber experimentado con diferentes técnicas, logró realizar un cuadro al cual llamó No 7; el 99% de su superficie, según sus palabras, era negro “como un zapato de charol”, que le daba la sensación de profundidad y le dejó satisfecho: “Me gustó mucho por razones, y además era una cosa muy rara, pero había logrado lo que quería hacer ‘¿Y ahora qué, y después? --me decía--, he estado en un callejón sin salida’ No podía seguir siendo abstracto a ese grado total de abstracción toda la vida, como le pasó al pintor norteamericano Adreinhart, que pintaba negro sobre claro, juega con unos negros pero todos obscuros, negro ocre, negro rojizo, y lo que uno ve es un intento fallido por seguir el juego conceptual de ‘miren qué bueno soy yo para hacer estos negros’ Acaba por no decir nada, y yo vi el peligro de ese callejón sin salida, de ese conceptualismo, esa pureza --que nunca me ha gustado la pureza-- y busqué cómo salirme” Esta nueva exposición, según el Marco, permitiría al espectador adentrarse en el “exuberante mundo de Armando Morales” Sus cuadros, añade, parecen “congelar un instante dramático o poético, y transforma la realidad en un instante sublime”

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