CANTO RODADO: "Silvio y Pablo en México, 1977" (Primera parte)

lunes, 10 de mayo de 2004
México, D F, 10 de mayo (apro)- Ahora que el gobierno foxista se encuentra, parafraseando al general Porfirio Díaz “tan lejos de Cuba y tan cerca de Estados Unidos”, recordamos las palabras que el cantautor Salvador “Chava” Flores (1920-1982) aplicaba a México en su libro “Relatos de mi barrio” (1972), pero las citamos hoy en el nuevo contexto de la política con la isla caribeña de Fidel: “Sólo puede hablar de Cuba quien la conoce; sólo debe hablar de Cuba quien la ama” Resulta que aquellos políticos mexicanos que se han referido al congelamiento de las relaciones entre ambos países están de acuerdo, al menos, en un punto: culturalmente (y sobre todo, musicalmente), México y Cuba han estado cerca desde hace varios siglos Fue curioso que, invitado al noticiario nocturno Televisa de Joaquín López Dóriga (junto al historiador y novelista Carlos Montemayor --por cierto, amante de la ópera--, así como al escritor Héctor Aguilar Camín – tan criticado en su participación--), el también historiador Enrique Krauze, de la revista “Letras Libres” hizo alusión a canciones como “Un Viejo Amor” para ejemplificar este episodio en las relaciones México-Cuba Por ello, enseguida se reproducen fragmentos de la entrevista que en septiembre de 1977 hiciera el autor de esta columna “Canto rodado” a dos de los representantes de la llamada “Nueva trova cubana”, Pablo Milanés y Silvio Rodríguez Estos artistas cubanos habían visitado México dos años atrás, en 1975, sin que su presencia musical tuviera importantes repercusiones en la prensa; pero en 1977, sus conciertos en el Auditorio Nacional y otros teatros lograron admiración; y a partir de entonces, sus canciones han influido en la composición de los troveros mexicanos --¿Cuál es su búsqueda al componer canciones? Milanés: “Más que una búsqueda particular es un sentir colectivo La nueva trova ha tenido una proyección muy definida en cuanto a la búsqueda de sus raíces de ende musical y en el plano literario, de hablar con el lenguaje de la revolución cubana Este es mi propósito, enfrentarnos juntos al hecho de la canción” Rodríguez: “En primer lugar, comunicarme con los hombres, con el pueblo, con todo el que me escucha Siempre se parte de una necesidad artística: ¿para que? Para transmitir ideas, sensaciones, sentimientos Asumo la canción desde un punto de vista educativo también, que es la responsabilidad de todo artista Quien se para ante un micrófono y canta y dice, está proponiendo ideas que el pueblo acepta o no, pero son soluciones que siempre una parte del pueblo acepta Así veo el arte” --¿En qué aspecto de la creación artística ponen ustedes mayor empeño? Milanés: “Algunos piensan que para mí es más importante el aspecto musical de una canción porque me han destacado como músico más que otra cosa Estoy en desacuerdo Creo poner todo mi empeño porque un texto literario esté a la altura de una buena música Eso es una canción Independientemente de que lo logre o no, ese es mi planteamiento de trabajo Una buena canción no es un texto bonito o una melodía bonita, es ambas cosas y trasciende un poco más todavía” Rodríguez: “Trato de cuidarlo todo, tanto música como texto Se dice que hay más intención poética que musical en mí; de todas maneras, pienso que soy más mal músico que poeta y no es que no quiera, sino que sencillamente no me nace Mejor Aun así, al elaborar la música tengo en cuenta toda una serie de elementos estructurales de equilibrio, de desarrollo de la forma, etcétera Son leyes ineludibles tanto en el texto como en la música” --¿Cuál es el papel y los límites de la canción en la sociedad? Milanés: “Es difícil analizarla en contexto mundial, pues tiene características propias de desarrollo Recuerdo que en 1967, durante el primer Festival de la Canción de Protesta en Cuba, Fidel Castro les dijo a los participantes que era importante la labor que realizaban y que para él una canción es más válida que un mitin “Yo voy más allá: ni un mitin, ni una canción hacen una revolución El hecho supremo del hombre por sí mismo es buscar su reivindicación no a través de manifestaciones artísticas, que es posible que lo que hagan sea recrear el pensamiento humanista o revolucionario; pero son los hechos los que llevan esto a cabo, pues una canción no redime a la humanidad La función fundamental de la canción social es educativa, aparte de ser un trabajo super elaborado en cuanto a calidad “No estoy hablando del panfleto o la agitación, sino del trabajo artístico de calidad, que cumple una función de formación En los países capitalistas es necesaria y está por encima de cualquier arte musical porque educa, cosa que no hacen las que canciones que hablan superficialmente de los problemas amorosos, que hablan de las relaciones humanas sin profundizar, de tal manera que la canción que ahonda en las reivindicaciones sociales y en las relaciones humanas cumple un cometido con calidad, colabora al engrandecimiento del sentimiento humano sin que esto signifique hacer la revolución “Todos sabemos lo manejado que ha sido por las compañías de difusión la canción popular, específicamente la de protesta Penetrados por los millones que ganaron, hasta los máximos representantes del folklore y la nueva canción también colaboraron a alterar el sentido de la canción social y se rajaron” Rodríguez: “Los límites de la canción son que la canción en sí no puede transformar la realidad; pero la canción puede despertar conciencia en los hombres que, con sus acciones, sí pueden transformar la realidad Esta es la posición de la nueva trova” En la próxima edición de “Canto rodado” concluiremos esta charla añeja con Pablo Milanés y Silvio Rodríguez

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