COMPUTACIÓN: A la fama sin esfuerzo alguno

viernes, 14 de mayo de 2004
México, D F, 13 de mayo (apro)- Quizás mis ideas acerca del mundo están equivocadas totalmente Yo suponía que para llegar a la fama científica, por ejemplo, se necesitaba trabajar duramente en algún campo de la ciencia y después de arduos esfuerzos sería uno recompensado Por ejemplo, pensemos en Isaac Newton Descubrió las que ahora se denominan precisamente las leyes de Newton, imprescindibles en la mecánica clásica Képler, por ejemplo, se hizo famoso en la ciencia gracias a que, finalmente y después de años de extenuante trabajo intelectual, llegó a la conclusión de cómo los planetas se movían alrededor del sol Ahora a eso llamamos las leyes de Képler La NASA, por ejemplo, le ha puesto a algunas de sus naves automatizadas de investigación nombres como el de Galileo y el ahora desaparecido cometa que se estrellara contra la superficie de Júpiter lleva el nombre de sus descubridores; Shoemaker y Levy Curiosamente, como honor póstumo, se mandaron las cenizas de Shoemaker (que muriese en un accidente de tránsito en 1997 en Autralia), en una sonda de investigación a la luna, la cual al estrellarse finalmente, esparcería las cenizas del desaparecido científico Shoemaker siempre quiso ir a nuestro satélite natural De alguna manera se cumplió su sueño Pero ahora resulta que se puede ser famoso rápidamente, sin hacer esfuerzo alguno Signo de nuestros tiempos, sin duda, y qué mejor ejemplo que esos quince minutos de fama Warholiana, como en los reality shows que inundan los medios electrónicos Los personajes de esas emisiones televisivas tienen un ciclo de vida triste y pequeño: nacen a la fama, crecen, se reproducen en los propios medios y mueren rápidamente Incluso Bart Simpson pasó todo esto cuando se convierte en el niño “yo no fui” Ya su hermanita Liza le diría al final: “qué bueno que se acabó todo esto Bart Eras un ser plano, unidimensional, un mero estereotipo” Pero no sólo los reality shows son capaces de hacerlo a uno efímeramente famoso Encuentro en la red la página estrellascom, en donde por algo así como 130 dólares Se puede llegar a comprar el nombre de alguna estrella de la bóveda celeste Guil Russek, habilidoso maestro internacional del ajedrez me comentó: “¿quién fue el listo al que se le ocurrió este negocio?” Y la verdad es que fuera de que esto sea lucrativo para alguien, comprar una estrella y bautizarla con el nombre que nosotros queramos, resulta al menos francamente extraño, si no es que risible Porque ¿qué haremos con ella? ¿La haremos nuestra como el personaje de Saint Exupery en El Principito, el hombre de negocios serio que poseía 500 millones de estrellas? ¿O diremos a los amigos en una noche limpia: “esa estrella, que ven allá a lo lejos, se llama como yo, fue bautizada así en mi honor” No quiero pensar en explicar después a los amigos la razón de que la hayan llamado así en mi honor Hasta vergüenza me daría De acuerdo con la página mencionada, esto de registrar una estrella es un regalo inolvidable Navidad, cumpleaños, boda, etcétera Son días ideales Y remata: “Poner el nombre de un ser querido a una estrella es el regalo más bello y especial para cualquier ocasión Es un regalo para toda la vida” De acuerdo con la página en cuestión, Elton John, Steven Spielberg, David Bowie, Mick Jagger, Princess Diana (sic), Frank Sinatra y muchos otros ya lo han hecho Nicole Kidmann puso el nombre de “Forever Tom” a una estrella para su esposo Tom Cruise (sin duda esa página debería actualizarse, pues la ruptura de Kidmann con Cruise ya lleva algunos años) Winona Ryder inmortalizó a su amigo Johnny Depp con la estrella “Jun” William Baldwin sorprendió a Madonna con una estrella para el nacimiento de su hija Lourdes La vanidad humana parece no tener límites y si es cierto (como se dice en dicha página), que millones ya han comprado el nombre de una estrella entonces me queda claro que el mundo está perdiendo sus valores más elementales Al rato alguien decidirá que se pueden poner a las calles los nombres de sus seres queridos, previo pago de una cantidad al peje gobierno ¿Por qué no? ¿Quién decidió finalmente que algunas calles deben llevar los nombres de los próceres de la patria o de gente que es recordable? ¿A quién se le ocurrió alguna vez semejante tontería? Si decidimos vender los nombres de las calles habremos logrado un doble cometido: la vanidad del hombre será recompensada y nos haremos de recursos de manera fácil y rápida Dicho de otra forma, la fama está al alcance de sus dedos, ahora, incluso, por la red Internet Patético, en todo caso, y que sólo demuestra la falta de valores en las que nuestro mundo esta inmerso, o al menos de esos valores que creí eran fundamentales

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