ADELANTO DE LIBROS: La frontera, de Patrick Bard

lunes, 28 de junio de 2004
México, d F, 23 de junio (apro)- En principio parecería que una novela sobre las llamadas muertas de Juárez sería un contrasentido: ¿Qué esa realidad atroz no parece una novela inimaginable para la vida cotidiana? O planteado de otra manera, quizá un poco más frívola: qué ociosidad Pero Patrick Bard ha decidido correr el riesgo y emplear ese género literario como una manera no de descubrir el misterio, sino de denunciarlo para que se revele Eso es “La frontera” (Grijalbo, 2004, 293 pp), que el periodista y fotógrafo francés realiza a raíz de su investigación reporteril en la zona a lo largo de cinco años Así, detrás de la trama violenta están los intereses múltiples que comienzan con la explotación de la mano de obra barata por parte de las compañías maquiladoras El siguiente es el “Epílogo” escrito por Bard: * * * Febrero de 1998 Ciudad Juárez Si el cuerpo de Toni Zambudio no apareció jamás, no ocurrió lo mismo con el de Lawrence Harding, que fue descubierto al sur de la ciudad, expuesto al sol en pleno desierto, en avanzado estado de descomposición Le habían atado las manos a la espalda y lo habían empalado en una estaca de palo verde, que, como todo el mundo sabe, es una madera muy dura Su asesino le había cortado los genitales y se los había introducido en la boca Las autoridades estadunidenses guardaron un pudoroso silencio sobre la muerte del agente secreto Ángel Vidal y Battista fue el último de su promoción en la Academia de Policía de El Paso, lo que no impidió entrar al servicio de Alfonso Pazos como agente en prácticas a comienzos de 1998 Agosto de 1999 Ciudad Juárez, México Ronaldo Leyma consultó su reloj Las cinco de la mañana El último viaje del turno El autobús traqueteaba por los andurriales de las colonias, que crecían a ojos vistas de un año para otro, aligerando su cargamento de jóvenes obreras agotadas por el trabajo nocturno Pronto sólo quedó una dormitando sobre la cuarteada vestidura del asiento del fondo Mmm, no estaba nada mal Era muy jovencita Sus labios pintados de un rojo tan oscuro que parecía negro desde el asiento del conductor, estaban sensualmente entreabiertos en el relajado rostro Leyma tuvo un pensamiento para su mujer, para las caricias que le negaba Qué gorda se estaba poniendo Mira nomás Hablando de engordar Ronaldo se agarró el miembro por encima de la tela del pantalón y notó la navaja, que dormía acurrucada en el fondo de su bolsillo Después de todo, ¿por qué no? Puso a la Virgen de Guadalupe de cara al parabrisas y metió el autobús por una pista de tierra que llevaba hacia el desierto

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