BUZÓN DE APÓCRIFOS: ¿Esperanza?

lunes, 12 de julio de 2004
México, D F, 7 de julio (apro)- El que les escribe, estimados lectores, es aquel que durante siglos ha sido considerado y presentado como símbolo de la felicidad: el Hombre sin Camisa ¡Mienten! No lo crean, pues la verdad es que no me consultaron ni me pidieron permiso para servir de tal ejemplo ¡Qué joda! Ya se figurarán lo que es sufrir los cambios de clima sin siquiera contar con tal elemental prenda: si hace sol y no hay sombra que me cobije, me achicharro; si frío, me congelo y me empapo y chorreo agua a la más liviana lluvia Ante esta triste realidad, tengo que decirles que muchas veces me he preguntado: ¿me habrán hecho símbolo de la felicidad por burla, por estúpida incomprensión, por aviesos y particulares intereses? ¿Para que los millones y millones que en el mundo han sido, son y serán como un servidor, pobres, se consolaran y consuelen de tan lamentable situación haciendo bueno el dicho "mal de muchos, consuelo de pentontos! Ustedes, lectores, ¿qué piensan? Pero no es esto lo que me interesa aclarar en la presente Continúo con mi historia, que es que en mí rodar y rodar, por fin he llegado a esa Gran Aldea en que han convertido al planeta en la actualidad, donde los que parten el bacalao son los grandes empresarios, los gerentes y administradores de las mismas, con tal punto de fuerza, que hasta se atreven intentar golpes de Estado, como en Venezuela o, de plano, se hacen jefes de gobierno, como en Italia Seré sincero Gracias a las declaraciones empresariales se regocijó mi viejo corazón al abrigar esperanzas, por ellas, de poder cambiar mi triste realidad ¡Ahí es nada! Sí, me entusiasmaron sus ardientes manifestaciones de que habían acabado con la nefasta lucha de clases propugnada por el perverso comunismo, que tanto dolor, sangre y lágrimas causó a la sociedad hasta a penas ayer Me impresionó asirles, a los voceros empresariales, que la libre empresa es la más indicada para producir riqueza Me enterneció hasta las lágrimas, por fraterno, su vibrante llamado a la colaboración de las clases Me convencieron en serio, por lo anterior, sus pedidos de que hay que apoyar a las empresas, pues su función es crear empleos para la felicidad de todos Me emocionó al ver, escuchar y leer en los diversos medios, anuncios con los logotipos de empresas transnacionales y nacionales, que a pesar que compiten duramente en el mercado, unen esfuerzos por la seguridad, la estabilidad, el bien del país Me hizo pensar y me animó un exhorto a ponerse la camiseta del lugar donde se trabaja, sin importar el puesto, ya que en la nueva cultura del trabajo el motivo principal es el ser humano ¡Uta! Todo lo anterior me sonó como una nueva edad de oro social, por lo que no les extrañará que ante tan seductoras declaraciones, con fervoroso entusiasmo, decidiera cuanto antes ponerme la camiseta de cualquier empresa, dispuesto a hacer realidad en mi persona tanta belleza ¡Y ahí que te voy! Veo y reveo en los periódicos la sección de empleos, ¡y la pucha, que chasco! ¿Qué creen? En las ofertas de los mismos ponían como requisito no tener más de 35 o 40 años Eso me eliminaba automáticamente Mein God, que fregadera! ¿Por qué eso? Alguno de ustedes, lectores, puede explicármelo? No perdí el ánimo Decidido fui a la tienda de la esquina, grande ella Solicité cualquier puesto, empleo Me miraron como bicho raro y me dijeron que ellos quisieran conservar los suyos, ya que la competencia, ley de hierro del libre mercado, era un sistema donde los peces gordos se comían a los pequeños; que se estaban arruinando, como tantas otras medianas y pequeñas empresas, y que mejor de plano cerraban Para mi suerte, doy con una gran fábrica, en cuya fachada hay un cartel ofreciendo varios empleos ¡sin límite de edad! Me pongo en la no pequeña fila de los que los pretende Al rato, no corto, me dan unas formas para que las llene hincándome mis conocimientos y experiencias Las entrego y otro rato después, tampoco corto, me atiende un perfecto ejecutivo menor, que con cortesía y apenado, me dice que estoy sobrecalificado para los puestos que ofrecen; que lo sentía, que yo merecía más de lo que la empresa estaba dispuesta a pagar Salgo a la calle entre sorprendido y satisfecho, pensando que todo es cuestión de dar con una oportunidad a la altura de mis merecimientos: Tropiezo con un joven bien vestido y aire de bien educado que está echando ajos y cebollas contra la empresa de los empleos Lo reconozco Me antecedió en la atención del ejecutivo de segunda Debo mirarlo raro, pues va y me dice: --¿Qué me ve? Ya es la tercera vez que me rechazan con el mismo cuento, que si sé demasiado para el puesto, que si merezco más ¡Cabrones! Se valen de ese cuento para pagar lo menos posible a los más hambrientos o a los menos instruidos, pues son los que más barato se venden ¡Desgraciados! ¡Cómo no van hacerlo! Así se aseguran de tener menos problemas en el futuro ¡Hijos de la pelona! Y encima con contrato con límite de tiempo, para que no se adquieran derechos ¡Amén les parta un rayo! Como veo que su furor va en aumento, me apresuro a alejarme Minutos después se me acercan dos sujetos con aspecto inquietante Me dicen que los socorra con lo que sea mi voluntad Me asustan y compungido les contesto que lo siento, pero no tengo trabajo Divertidos me palmean la espalda al tiempo que me dicen: --¡Ánimo! No tener o perder un empleo no debe ser causa para avergonzarse, eso pasa en las mejores familias Sin más, se alejan carcajeándose No me lo explico Esto es lo que quería contarles Como comprenderán, mi ánimo está por los suelos Ya he perdido la esperanza de ponerme la camiseta de cualquier lugar de trabajo Quisiera que me dijeran si soy, que todo puede ser, un caso excepcional o no Chi lo sa? Sin más, au revoir y hasta la próxima EL HOMBRE SIN CAMISA

Comentarios