TEATRO/LA CUARTA PARED: "El fantasma del Hotel Alsace"

lunes, 12 de julio de 2004
México, D F, 12 de julio (apro)- Así, como este encabezado, se titula la primera obra teatral del poeta, ensayista, director de la Biblioteca Nacional de la UNAM y nuevo miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, Vicente Quirarte, pero se subtitula, entre paréntesis, "Los últimos días de Oscar Wilde" Efectivamente, Quirarte recrea en una sola habitación, la de su cuarto en el Alsace del Barrio Latino de París donde moriría en 1900, esa dolorosa etapa final de la grandiosa vida del escritor irlandés, en un ambiente de penumbra "asfixiante" de la escenografía de Flavia Hevia y Enrique Enríquez, y con un impacto profundo que imprimen la dirección de Eduardo Ruiz Savinón y la muy ad hoc interpretación de Mauricio Davison Escribió la crítica de Proceso Estela Leñero en el número de esta semana sobre la pieza (se representa los fines de semana al mediodía en el teatro "Juan Ruiz de Alarcón", del Centro Cultural Universitario de la UNAM): "El diseño para la puesta en escena dirigida por Eduardo Ruiz Saviñón resulta de interés por su juego visual y de perspectivas a partir de una gran pared de tapiz floreado La obra abre con una atractiva decoración de un cuarto de hotel victoriano cuya pared, al ser iluminada con diferentes colores y colocada en variados lugares, da textura y perspectiva a la obra La escenografía diseñada por Flavio Hevia y Enrique Enríquez hace dinámico ese espacio asfixiante, donde una cama, el tocador y un perchero son los únicos elementos "La obra nos remite a la época victoriana donde convivían los valores más aburguesados, como los que sostenía Wilde, y las tendencias más revolucionarias, como las ejercidas por su madre antes de casarse cuando era activista del movimiento independentista irlandés y colaboraba en el periódico "The Nation" de Dublín, publicando bajo el seudónimo de Speranza Siendo ya Lady Wilde, organizaba famosas reuniones literarias a las cuales asistía su hijo desde niño Su madre, que vistió de niña a Oscar Wilde hasta los diez años, se llegó a creer descendiente de Dante y fue fundamental en la vida artística del pensador genial que escribió textos de gran profundidad humana como comedias que escandalizaron y divirtieron a la alta sociedad de su tiempo" Saviñón ha sabido llevar a la pantalla un texto literario en el que predomina el monólogo y que, obviamente, escribió Quirarte con un gran conocimiento de la vida y la obra de Wilde De ahí que resulte, si no indispensable, sí muy importante --para acercarse al personaje que Davison encarna con apasionamiento y perfección-- haberse documentado sobre los avatares que llevaron al irlandés a la cárcel de Raeding a purgar una pena de trabajos forzados por dos años debido a una condena por sodomita En sus delirios y diálogos-monólogos Wilde hace referencia permanente al juicio en el que el fiscal (quien fuera su compañero de salón en la escuela), con toda la intolerancia de la época victoriana, se ensaña con el escritor (ver el texto completo del juicio en "Oscar Wilde", de Heket Pearson Editorial Grijalbo; México, 1958) Así mismo, Wilde evoca su paso por la prisión (que puede consultarse en dos libros, "De Profundis, epístola in carcere et vinculis", traducido por José Emilio Pacheco, y "La balada de la cárcel de Reading", en versión de Hernán Bravo Varela) Escribió Wilde: "Jamás he visto a un hombre que observara con una mirada tan pensativa hacia aquella pequeña tienda azul que los presos conocen como cielo, y hacia todas las nubes que cruzaban con sus velas de plata" Declarado en bancarrota, abandonado por su mujer, olvidado de sus amigos (salvo de uno de ellos), saqueada su biblioteca, satanizado por la sociedad que lo había aclamado, Wilde no resistió realmente la cárcel Al salir, Bram Stoker (Juan Ignacio Almada), un empresario teatral, le hace llegar dinero, y Jean Dupoirier (Gilberto Pérez Gallardo), dueño del Alsace, le ofrece gratis su hotel y comidas El elenco lo completa Elena de Haro, quien interpreta a la camarera (de quien Dupoirier está enamorado) y paralelamente al joven sir Alfred Douglas, Bossie, el amante de Wilde e hijo del barón de Queensberry, quien inventó las reglas del boxeo y hundió al escritor en Reading El parecido de Elena de Haro con el Bossie que conocemos a través de las fotos es extraordinario y aumenta la sensación de realidad de haber acudido, en efecto, como testigos privilegiados, de los últimos días de Oscar Wilde

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