INVENTARIO: La edad de las tinieblas y otros textos

miércoles, 12 de octubre de 2005
Lo que hemos vivido para ver Lo que nunca te habrías imaginado que iba a pasar ha ocurrido Virgilio, Égloga IX 1 La edad de las tinieblas: El quinqué Arde la noche El aire húmedo parece hervor de ciénega Bajamos del yip para tomar agua mineral en un cobertizo a orillas del camino que se interna en la selva Sobre el mostrador hay un quinqué Si nada recordamos de la niñez y lo inmemorable sólo podemos inventarlo, este quinqué es en sí mismo una novela y un gran teatro de sombras Noche de calor en un puerto de Veracruz y en una casa que ya no existen Se va la luz La familia enciende otro quinqué Me intriga pensar que, como han dicho mis padres, en el petróleo azul flotan reducidos a esencia los bosques y dinosaurios de la prehistoria Así pues, millones de años se han necesitado para humedecer esta lengüeta de jerga que hoy, convertida en mecha, aloja la llama Una campana de cristal la protege y le permite iluminarnos Si en el quinqué brillan los restos fósiles de una vida impensable, la sala huele a selva carbonizada Pero este humilde fuego resulta el antitelevisor: tiene la virtud de prender la imaginación de quienes se reúnen en torno a él como ante la hoguera primitiva: abuelos, padres, hijas, hijos Sobrevienen los relatos verdaderos y fingidos y, cuando las narraciones han terminado, el ballet de las manos, la pantomima de las siluetas La pared se vuelve escenario de un zoológico espectral, un circo de fantasmas Aquí están las fauces del cocodrilo, el perfil del loro, el gato de espaldas, las alas del gavilán, la huida del venado, la tortuga que lleva a cuestas el mundo La vuelta de la electricidad apaga la representación Por un momento la familia queda en silencio En ese instante quizá tiene conciencia de que, al igual que todas las familias, está sentenciada a dispersarse como el humo del petróleo al arder y después a extinguirse como la llama del quinqué Somos nada más sombras que alguien proyecta en un muro invisible El quinqué se eclipsó hace millones de años Su luz más submarina permanece Esta noche su olor ha regresado bajo el aroma de la selva Tal vez nosotros y sus árboles también seremos combustible de otra futura edad de las tinieblas 2 Candidatos Va por la calle la procesión de guajolotes Inflan las plumas, yerguen el buche, miran desde arriba Cada pavo se obstina en ser el primero Todos se empujan, se pisotean, se lastiman, se sacan los ojos El más fuerte ?es decir, el menos escrupuloso? se impone al fin y llega a la meta antes que ningún otro Ahora es el triunfador, "el número uno" Sin saberlo ha conquistado el privilegio de inaugurar la matanza navideña Lo cuelgan de las patas a una cadena en movimiento y llega sin competencia a manos de los operarios Lo degüellan, lo despluman, lo desangran, lo vacían de sus entrañas y por último lo arrojan a una caldera de agua hirviendo Entre empellones y picotazos los demás pavos siguen adelante Cada uno de ellos cree que él sí se salvará de terminar devorado 3 La ciudad de los palacios Duelen los pasos por la noche erizada de destrucciones, pero al menos una vez dentro del año hay que poner los pies en la tierra, ir aun con riesgo de la vida (ya está en peligro dondequiera) a los lugares que nadie quiere ver de frente La zona deshecha como por un bombardeo se envuelve en el estruendo Las músicas dejan de serlo para expresar tan sólo una agresión omnipresente Puestos desolados exhiben cabezas y trozos de animales que se fríen en aceite, se bañan en salsas y son devorados en tacos La materia repugnante produce por paradoja un olor delicioso La Extranjera, que sobrevivió al genocidio en Bosnia, insiste en que así huele la carne humana consumida en las piras de cadáveres Mala cara tiene "mi" ciudad a esta hora en que la infame noche se convierte en otro día de horror Aunque es muy temprano ya hay demasiada gente por todas partes Va malvestida con los harapos de la globalización devastadora Nadie tiene trabajo ni sabe adónde dirigirse Con el desastre en el campo y el consiguiente éxodo, la gorra del desarraigo ha reemplazado al sobrero de palma Ruinas de muros, cáscaras que algún día fueron edificios coloniales, parte de "La Ciudad de los Palacios"; estacionamientos, basureros y, como en todo el país donde lo único no inconcluso es el fracaso, las eternas construcciones sin terminar: ladrillos blancos, alambres que sostienen el vacío y claman al cielo por la esperanza siempre defraudada La deidad tutelar de mi suelo natal no es, como cree nuestro racismo, Huitzilopóchtli, ni Tezcatlipoca sino la diosa azteca de la basura Nadie sabe cómo es posible que tanta miseria engendre tal cantidad de desperdicios Como lava o diluvio de napalm, avanzan por las calles y las anulan Aquí todo es basura y nos convierte a todos en basura En la esquina se desayunan con tortas de tamal muchachas que hasta hace poco eran niñas expulsadas del campo y no lograron cruzar la frontera atroz, pero también se salvaron de ser sacrificadas en Ciudad Juárez Ahora parecen ancianas deformes por el hambre y el sufrimiento, no tanto prostitutas como prisioneras y víctimas de otro exterminio más velado y más lento Qué distinta esta sexualidad real de la pornotopia que se expende en cada puesto de la calle Adolescentes venden sin disimulo bolsitas de polietileno Pharmacon nepente, elíxir del olvido, único escape del infierno, tentativa de huir que a fin de cuentas sólo refuerza, amplifica y perpetúa el infierno En la esquina policías y ladrones intercambian el botín que les dejó la noche Circulan de mano en mano billetes sucios en que toda la mugre del siglo XXI ha impreso su huella Por eso hay que lavar el asco del dinero manchado de sangre Pestilencia del aire envilecido, Cloaca Máxima que ha devorado a la ciudad, descomposición total de este país y este mundo El rencor con que nos miran todos los habitantes de un México que no esperábamos se multiplica en el resentimiento de la masa inorgánica: cómo nos aborrece desde sus oquedades y sus ruinas la ciudad pétrea donde nacimos y moriremos Su fealdad interna y externa es el reflejo de la nuestra, su desorden responde a nuestro caos interior, su podredumbre es nuestra corrupción irrefrenable Abomino lo que este vil azogue me devuelve Yo también me parezco a la caricatura salvaje grabada en el espejo de piedra y odio 4 Ibis ?Quién como yo Soy el mejor poeta de esta charca ?croa Ibis a medida que se hincha de vanidad? Nadie me iguala, nadie me supera Soy el más grande, el único, el supremo Soy un clásico Mi obra vivirá para siempre El sapo guarda silencio por un instante y contempla extasiado su propia efigie en las aguas inmundas Después vuelve a croar: ?Soy el mejor poeta, soy el más grande ?Eras ?dice la garza y engulle a Ibis Entonces la rana sentencia impávida: ?No hay nada perdurable Lo que sube baja, lo que asciende desciende Lo que ha empezado acabará también La arrogancia siempre es castigada El coro de la charca entona una breve alabanza póstuma de Ibis ?y nunca más vuelve a acordarse del sapoeta 5 El océano del tiempo Estoy aquí y allá, en México y en el norte extremo, cerca del Mar de las Tinieblas El río brilla bajo la noche Avanza con una velocidad que no he visto en ninguna otra corriente Más que fluir vuela hacia su fin Estoy en este instante y en aquel momento Son los días terminales del otro siglo Las aguas marchan así porque tienen prisa de llevárselo entero Van a anularlo, disolverlo, nulificarlo, entregarlo ?uno más? al Océano del Tiempo, el verdadero Mar de las Tinieblas que no se aparta de la costa y sin embargo no regresa nunca 6 Ámbar Estas piedras de mineral son Bolivia y encierran toda su historia Esta hoja a punto de deshacerse es París en 1968 Este guijarro guarda el mar en que navegó 1981 Este casquillo desenterrado en el Tiergarten es Berlín en 1945 y en 1989 En cambio este trocito de ámbar prehistórico no sé qué es, de dónde viene, quién me lo dio, qué significa, en cuál lugar lo habré recogido Como un ácido la desmemoria baña las reliquias Su corrosión desdibuja el conjunto, lo desordena todo y obliga a pensar: La vida está hecha para ser y desvanecerse, no para guardar souvenirs Hacerlo es pecar contra la fugacidad, negar su naturaleza destructible Déjala irse, permítele acabarse, no intentes retenerla Si guardas algo es como si trataras de frenar la gran ola De nada sirve oponer al estallido del mar la palma abierta y suplicante de tu mano 7 Para evitar la tortura No soy tú, jamás seré tú, no obtendré lo que tú Cometería un error al castigarme por este hecho irreversible e irreparable y someterme a los tormentos de la envidia Si lo hiciera no me dejarían en paz su túnica de llamas, sus silicios y sus púas Torrentes de palabras emponzoñadas no alcanzarían a mancharte con la impotencia de mi ira, con mi rabia indefensa Nada vaciaría jamás el pozo del resentimiento ni nunca iba a librarme del veneno amarillo Me niego a alojar la víbora interior que corroe las entrañas, la solitaria alimentada por la humillación y el odio admirativo No acepto ser tu víctima ni tu prisionero No dejaré que, sin proponértelo, me atormentes a diario Aquí mismo declaro mi independencia, afianzo mi libertad La única manera de impedir que tu victoria consume mi derrota es no envidiarte No capitularé ante la dictadura de tu sombra 8 Monsieur Régret Para otros la madera, el mármol o la arcilla: Monsieur Régret prefiere esculpir directamente en lodo Así está más cerca de la vida y la tierra, el comienzo y el fin Trabaja mucho tiempo en cada obra Cuando la ha concluido el lodo ya está seco y se desmorona Monsieur Régret no aspira a la fama ni a la supremacía Su elección del material abrevia el camino que siguen todas las obras de arte No bien el polvo ha regresado al polvo, Monsieur Régret colecta otra vez lodo y se dedica con el mayor placer a su nueva escultura 9 Una tarde Contemporáneos, sí, pero sólo nos encontramos una tarde, en plena juventud de los dos Sólo una tarde junto al mar del tiempo, al borde del río Hudson, y frente a sus cuadros en que estallaban el don de la pintura y el espíritu de una época hoy cancelada Gran amistad, profunda camaradería de unas horas Acordes porque la vida estaba por delante y eran para nosotros el porvenir y el arte Nos llevamos tan bien que preferimos no volver a vernos Ella continúa, yo también prosigo aunque se acerque el fin Nos conocimos a los veinte años, ahora no nos reconoceríamos ni tendríamos nada que decirnos Como nunca hubo de nuevo concordancia jamás pudo apartarnos la discordia Seremos para siempre los mejores amigos de una tarde perfecta Una sola tarde en la inmensa vida 10 La plegaria del alba Hace milagros este amanecer Inscribe su página de luz en el cuaderno oscuro de la noche Nos absuelve de nuestra locura, anula nuestra desesperanza Comprueba que el mundo no se disolvió en las tinieblas como hemos temido desde aquella tarde en que, ante la caverna de la prehistoria, observamos el primer crepúsculo Ayer no resucita Lo que hay detrás no cuenta, ha dejado de ser, ya no será Este amanecer nos entrega la primera hora y el primer ahora de otra vida Lo único de verdad nuestro es el instante que comienza (Proceso 1509 / 2 de octubre de 2005)