Juan Soriano, por un arte sin fronteras

sábado, 26 de noviembre de 2005
* El artista recibe, a sus 85 años, su primer Honoris Causa, de la Universidad de Colima Colima, Col , 25 de noviembre (apro)- "No creo en el amor a México si este dizque amor sirve sólo para separarnos de los demás, de los otros países, de las otras culturas; en el arte, como en la cultura, no debe haber fronteras", dijo hoy aquí el artista plástico Juan Soriano luego de recibir por primera vez en sus 85 años de vida un doctorado Honoris Causa, que le fue entregado por la Universidad de Colima "Si en el principio fue el verbo, el principio de Juan Soriano fue el color", dijo la escritora Elena Poniatowska durante la extensa semblanza que realizó del artista durante la ceremonia en el que el gobernador Silverio Cavazos y el rector Miguel Ángel Aguayo le entregaron el reconocimiento En su intervención, Poniatowska expuso cómo desde niño, Juan Soriano hacía que la masa de las tortillas cobrara vida frente a sus ojos y su imaginación, de la misma manera que el Creador hizo al ser humano según el Popol Vuh La autora de La noche de Tlatelolco hizo notar cómo el artista había recibido tantos homenajes y reconocimientos a los largo de su carrera y en diferentes países, pero nunca le había sido otorgado un doctorado Entre las razones señaladas para darle el Honoris Causa, la institución educativa expuso que fue "por su relevante obra literaria, pictórica y escultórica, que mucho honran a nuestro país y por sus aportaciones artísticas al pueblo de Colima" En el texto de su mensaje, leído por el profesor Víctor Gil Castañeda, Juan Soriano narró cómo nació en él el amor por la escultura, desde que a muy corta edad observaba sentado en su silla a su nana Mary hacerle "animalitos de masa, burritos de maíz, que le quedaban muy bonitos, tanto, que dudaba yo en llevármelos a la boca, pero terminaba por hacerlo, el hambre es mayor que la pena" Añadió: "De ahí nació una relación especial con la tortilla; eran los mejores regalos; probablemente por ello se generó en mí el amor por la escultura Tal vez el germen de todo estuvo ahí, lo presencié desde aquella silla para comer, que fue originalmente mi silla prisión Aquello era un espectáculo maravilloso que me hizo ver que uno mismo puede crearse un mundo" Contó que fue un niño distinto a los otros niños: "Malo para los deportes, les huía a los niños de mi edad y tenía gran interés por lo que hablaban los mayores Preferí desde entonces el mundo de la imaginación" Soriano recordó cómo desde muy joven se relacionó con el pintor colimense Alfonso Michel, quien fue el primero que vio una de sus obras pictóricas y le auguró un gran futuro como pintor Cuando llegó a la Ciudad de México, dijo Soriano, la pintura estaba dominada por los llamados "tres grandes", que "tenían una especie de imperio, que podían mantener al margen a quien no estuviera dentro de su escuela, pero a mí no me gustan las escuelas, y menos la de la imposición, no soportaba ni soporto los dogmas, y el muralismo mexicano eso representaba, una serie de cartabones" Recordó también a Octavio Barrera, director de la revista El hijo pródigo, y al poeta Xavier Villaurrutia, que le enseñaron modos diferentes de ver y entender el mundo "Desde entonces la poesía ha ocupado un lugar central en mi vida"