"Luisa"

lunes, 18 de julio de 2005
México, D F, 13 de julio (apro)- La teatralidad no requiere de grandes parafernalias, su esencia sigue siendo el actor y el texto, sin menospreciar las grandes producciones que apuestan por la espectacularidad visual, la tecnología; incluso en algunos casos prescinden de la textualidad, pero nunca del actor Así lo demuestran trabajos como Luisa, obra del dramaturgo argentino Daniel Veronese que actualmente se presenta en el Foro Shakespeare, dirigida por Regina Quiñónez Se trata de una puesta en escena austera, sencilla, que no simple El espectador sólo ve en el escenario a tres actrices --Tania Becerra, Julieta Márquez y Marcela Burgos--, cuyo único apoyo escenográfico son tres sillas y la iluminación de Lidia Margules, para revelar tres facetas de Luisa, personaje que nos ofrece sus vivencias detenidas en el tiempo El montaje está concebido para que sea la imaginación del público la que construya la historia en un pequeño viaje que busca recuperar el valor de la palabra y todo lo que ésta detona en el escenario, en este caso con un texto concebido originalmente como monólogo que la directora decidió repartir en tres versiones del mismo personaje para dar mayor agilidad y diversidad a la puesta en escena Luisa se desdobla en estas tres actrices para mostrarnos a través de un discurso poético sus contradicciones, dudas y sentimientos, plasmados en el trabajo dramático de Daniel Veronese, uno de los fundadores del grupo Periférico de los Objetos, paradigma en la teatralidad argentina y mundial La dramaturgia argentina ha gozado desde hace tiempo de una gran vitalidad, en auténtico diálogo con su entorno, viviendo la escena como un espacio para la metáfora y la exposición de problemas de seres profundamente cotidianos Tal es el caso de Veronese, cuya creación ha catalizado las roturas que desde hace tiempo vienen transformando la escritura escénica: un teatro seco, fatal, inefable, ominoso, que despliega miradas transversales de lo ya conocido, como comenta la investigadora Ileana Dieguez Luisa, el personaje central, puede definirse como una moderna Penélope popular que, al igual que la paradigmática esposa de Ulises, teje y desteje los momentos climáticos de su existencia, mientras espera durante 12 años el regreso de su amado Agustín, quien después de reaparecer fugazmente se vuelve a ir sin ninguna explicación El personaje se desnuda en escena con expresiones por momentos casi infantiles y con metáforas entrañables surgidas del interior de una mujer, hasta cierto punto limitada en sus capacidades expresivas, que en el imaginario popular podría ser alguien que ya perdió los mejores años de su vida en la espera de la "felicidad", pero que en la propuesta de Regina Quiñónez se sale de los clichés de la mujer monjil, cuarentona --imagen muy conocida en nuestra idiosincrasia-- para mostrarnos a Luisa a través de estas tres jóvenes actrices que exploran a profundidad el texto de Veronese Por medio de Luisa el público descubre de pronto las cosas que llenan una espera: el recuerdo reinterpretado por la memoria al que se suma el anhelo de lo esperado, características que le dan a la obra un toque humano y cotidiano, cercano a las mujeres y hombres comunes y corrientes, más allá del mito de Penélope y La Odisea como epopeya fundadora de la nostalgia Luisa se presenta los lunes a las 20:30 horas

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