Benito Juárez, elegía por sus 200 años (Primera de tres partes)

martes, 21 de marzo de 2006
* Benemérito musical, inspirador de danzones * Presidente que apoyó la creación del Conservatorio; austero y liberal, gozaba del baile México, D F, 20 de marzo (apro)? ¿Sería posible imaginar un Benito Juárez alegre, melómano y danzarín en el aniversario 200 de su natalicio? Por difícil que nos resulte tal cuadro del Benemérito de las Américas, así es como lo pinta Josefina Zoraida Vázquez, historiadora emérita de El Colegio de México y Premio Nacional de Ciencias y Artes, en su estudio ilustrado Juárez, el republicano, cuaderno impreso por encargo de la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuito (Conaliteg) para maestros y alumnos de Educación Básica en el ciclo escolar "Benito Juárez 2005?2006": "Sería necesario humanizar la imagen que tenemos del hombre singular que fue Benito Juárez No el héroe de bronce, acartonado e insensible que la tradición historiográfica nos ha legado Como ser humano tenía grandes virtudes y grandes pasiones; fue buen ciudadano, hombre común, curioso, inquieto, que gozaba con la música y el baile, buen padre y cariñoso esposo" Llama la atención este retrato a Juárez de la investigadora dibujándolo cual "hombre común" y de "grandes pasiones", o sea, un ser de carne y hueso al alcance de nuestras manos y tacones, por aquello de que "gozaba con la música y el baile" No lo habíamos contemplado desde esta perspectiva casi juguetona pues, como señala Zoraida Vázquez, "la repetida foto de Juárez que tenemos presente es una imagen pétrea y sin expresión, no refleja su compleja personalidad, ni permite valorar su dimensión de estadista" Vayamos en pos de su figura, fuente inagotable en temáticas para inspiración de poetas y músicos, al tiempo que echemos un vistazo al sujeto político propiciador de acciones culturales benefactoras del México republicano En este sentido, por ejemplo, uno de sus relevantes actos de gobierno fue apoyar el nacimiento del Conservatorio de México y dotar a la Sociedad Filarmónica del edificio que ocupara la Real y Pontificia Universidad, contraesquina de Palacio Nacional, cuyas clases de música iniciaron en 1868 ajustándose al programa de la Ley de Instrucción Pública expedida por Juárez el 2 de diciembre de 1867 Refiere Betty Luisa Zanolli Fabila en su tesis La profesionalización de la enseñanza musical en México El Conservatorio Nacional de Música 1866?1996 (Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, 1997): "A mediados de 1867, una vez recobrado el poder político que había estado en manos imperiales de Maximiliano de Habsburgo, las fuerzas liberales entran a la capital de la República el 21 de junio, el 15 de julio lo hace Benito Juárez, y el 18 de ese mes la Sociedad Filarmónica de México, no obstante que muchos de sus miembros habían sido personajes cercanos al grupo monárquico y de que la propia agrupación se había gestado en pleno Imperio, celebra en honor del Presidente Juárez un concierto, lo que habrá de fortalecer las relaciones entre el grupo de intelectuales, artistas y el nuevo gobierno" Juárez Dancing Club A don Benito Juárez ora sí que en sus buenos tiempos le tocó vivir y disfrutar las ricas vibraciones sonoras de un fascinante y "nuevo" género con el meneo bautizado como "danza habanera", rey musical y absoluto de los bailes de salón 1867 y 1872: esos poquitos años en la silla presidencial bastaron a don Benito Juárez para crear lo que ningún otro mandatario mexicano ha podido en sexenios Tal vez suene exagerado y hay quien piense que eran otras las circunstancias pero, por lo mismo, su legado es incomparable El escritor José Vasconcelos evaluó aquel lustro juarista como "el único período decente y progresivo en la historia de México" y hay razón para considerarlo así: una boya de paz en medio del furioso mar agitado por guerras europeas y disputas locales; un "armisticio" luego de que con alevosía y ventaja los gringos acababan de rajar la geografía mexicana en la injusta Invasión a Texas (1846? 1848); Francia, apoyada por España e Inglaterra intervino con Napoleón III (1861-1864) y expulsado Maxmiliano en 1867, el país vivió raros momentos de paz con los liberales, una "calma chicha" en preludio de mayores males con don Porfirio El mismo don Benito había estado exiliado en La Habana, al tiempo que muchas compañías artísticas cubanas actuaban en México y algunos maestros de danza españoles se afincaban en nuestro país con escuelas para aprender los ritmos de moda provenientes de Europa, más otras "rarezas exóticas" importadas de negritud y sensualidades afrocaribeñas El panorama musical era alentador desde 1826, cuando Mariano Elízaga levantó su primera imprenta de partituras activa que se extendió por cada rincón de la democracia balbuceante El presidente Juárez y su esposa Margarita Maza solían asistir como invitados especiales a los bailes de salón que ofrecían algunos personajes letrados de la sociedad capitalina en las salas de sus caserones, ya que la presencia de intelectuales o abogados de alto vuelo y alcurnia daba prestigio a dichas reuniones de carácter cultural, animadas por tertulias literarias Y claro, ahí se oía música de cualquier tipo: tonadillas, canciones y romanzas, arias operísticas, contradanzas, sonatas y famosas piezas de los máximos compositores internacionales como Chopin o Mozart, las cuales interpretaban jóvenes mujeres y sus maestros de piano, los jueves por la noche Juárez como testigo del ambiente pomposo que recreara Manuel Payno en su novela costumbrista, bebiendo rompopito y siendo atendido por señoritas recatadas El salón de baile no era, como se ha pensado, coto exclusivo del afrancesado dictador Porfirio Díaz Se trataba de un espacio al deleite artístico mantenido cual hábito burgués desde los años de la Independencia, una tradición aristocrática que rebasaría el siglo XIX En el recuento La Historia Danzante, álbum de caricaturas y música alusivas a los acontecimientos sociales y políticos del México 1873?1874 (Micropotexa, 1960), con litografías de Villasana, se menciona que de las 79 danzas publicadas en México, 37 fueron habaneras: casi la mitad y el resto, mazurca, galop, polka, chotís, vals, bolero, fandango, cachuca, zapateado, jota, cosaca, greca, lancero, escocesa, gavotín, baile inglés, guarache (sic), danzón? Sin embargo, el danzón como se le conoce actualmente se hallaba apenas en pañales y si Juárez lo bailó fue al viejo estilo, distanciado de su amada, en su forma de contradanza Este género nos obliga a hacer un paréntesis temporal, para enfatizar otro asunto que si Juárez no hubiera muerto, habría disfrutado en el nuevo siglo: la Orquesta Columbia grabó en 1919 su celebérrimo danzón Juárez no debió de morir, letra y música del chiapaneco Esteban Alfonzo (con zeta), una pieza insubstituible de longevo pasaporte mundial gracias a Acerina y su Danzonera El novelista, crítico y periodista Alejo Carpentier (La Habana, 1904?París, 1980) destacó al danzón como "el baile nacional cubano" de 1872 a 1920, en las 300 páginas de su tratado La música en Cuba (Instituto Cubano del Libro, 1979), definiendo: "Llamémosle danzón al baile de pareja enlazada, que venía a sustituir al baile de figuras que era la contradanza? Tal como se tocó a partir de 1880 fue una nueva ampliación de la contradanza? No hubo acontecimiento durante 40 años que no fuera glosado o festejado por un danzón? Hubo danzones patrióticos como el sacado de la clave Martí no debió morir?" Nunca ha existido un danzón con este nombre, alegaría enseguida el poeta chiapaneco Roberto López Moreno (1942) en defensa del danzón mexicano Juárez no debió de morir; pero por contrapunto, Carpentier consideraba que la "mal llamada habanera" era una suerte de invención genérica fabricada y favorecida musicalmente lejos de su isla natal, debido a que aparecía "sin la menor alteración ya en las contradanzas cubanas de principios de siglo" El México de Juárez constituyó un territorio privilegiado para las "habaneras", al igual que lo sería para los danzones del siglo XXI Según el editor Otto Mayer?Serra en Panorama de la música mexicana (Colmex/FCE, 1941; INBA/Cenidim, 1981), La paloma fue la canción más popular durante el sexto decenio de la centuria XIX, una "canción mexicana" (¡cómo diablos no!) aunque escrita por un músico español, Sebastián de Yradier, pero al fin y al cabo era "una danza habanera", recreada por primera vez en la garganta de Concha Méndez "con un éxito enloquecedor" ante Maximiliano con la bella emperatriz Carlota y sus cortesanos locales Cuando salí de La Habana, ¡válgame Dios! Nadie me vio salir, si no fui yo; Una linda guachinanga, como una flor, se vino detrás de mí, que sí, señor Si a tu ventana llega una paloma, trátala con cariño, que es mi persona Cuéntale tus amores, bien de mi vida, corónala de flores que es cosa mía ¡Ay!, chinita, que sí, ¡ay! que dame tu amor ¡Ay!, que vente conmigo, chinita, a donde vivo yo Datos curiosos: la grabó El Rey del Rock?n?Roll, Elvis Presley, en su versión al inglés No more en 1960 (¡!), y una leyenda dice que, antes de ser fusilado, el archiduque austriaco reclamó como postrer favor que le tocaran La paloma; quizá comprobar si esto fue real no tiene la menor importancia, ni tampoco cabría preguntarse porqué Juárez no es mencionado en el corrido Adiós, Mamá Carlota ("narices de pelota, adiós mi tierno amor", parodia de Vicente Riva Palacio al Adiós, oh Patria mía, de Rodríguez Galván) Lo verdaderamente anecdótico e interesante sucedió después con La paloma: impulsado por la sensacional acogida a su canción en estas tierras de Reforma, el propio Yradier hizo asimismo otra versificación chusca de aquella habanera original suya que cautivara a México y le puso por título La nueva paloma, con letra de mofas en dedicatoria a los fieles diputados del emperador tras su derrota y estampida parlamentaria, dando pie a una crítica política y social: ¡Cuando salí del Congreso, ¡válgame Dios! Nadie me ha visto salir, si no fui yo Y unos pocos diputados de oposición que han seguido tras de mí, que sí, señor Si a tus estados llega un hijo pródigo, trátale con cariño, que este es el Código Cuéntale mis pesares, bien de mi vida, corónalo de azahares que es cosa mía ¡Ay!, Benito que sí, ¡Ay!, que dame tu amor ¡Ay!, que vente conmigo, Benito, a donde impero yo No te he enseñao, no te enseñao, todo este Código tan decantao que los austriacos abandonaron, y el amo mío muy dibujao Y el papelítico certificao de que la guerra ha terminao, con cien obleas me lo han pegao, muy repegao, muy repegao A nuestros días llegaron algunos versos más de pincha bufonesca, al estilo de las líneas de Yradier en La nueva paloma, añadidos, corregidos y aumentados por boberías y gracejadas, cosa que apuntó con sesgo certero Carlos Monsiváis durante su participación en el evento proselitista del candidato Andrés Manuel López Obrador a la presidencia, el pasado sábado 21 de enero en San Pablo Guelatao, Oaxaca: "Hasta hace unas décadas se calificaba a Juárez de enemigo personal de Dios y las señoras decentes, al extremar su pudor y desdén, en vez de advertir: ?Voy al baño?, musitaban: ?Voy a ver a Juárez?? Y en las reuniones se le satiriza (con marcada rítmica de pegajosa danza habanera): ?Benito Juárez/ vendía tamales/ en los portales/ de la Merced?" Esta cantaleta de canallesca comicidad (¿complicidad?) estudiantil, la entonó en primaria quien esto escribe y, acaso, alguno de nuestros lectores Estribillo tonito granuja para efectos del trasfondo pícaro y falaz que exhibe al libertador patriota; ritornelo racista canturreado (¿cocinado?) en el exilio por Santa Anna al indígena oaxaqueño; piedra de toque para el chiste televisivo que completara en 1972 el ripioso cómico americanista Manuel El Loco Valdés, mostrando en pantalla al Tigre Azcárraga su cheque en blanco que llenó con ceros, por la multa que lo esperaba de Gobernación: "¿Quién fue el primer presidente bombero de México? ¡Bomberito Juárez! Perdón, no me pude aguantar soltarlo ¡Qué buen puntacho! Ji, ji?"